La magistrada Lucía Mayordomo relata cómo levantó el juzgado de guardia en una estación de servicio durante la DANA: “No había protocolo, solo sentido común”
Cuando todo se hundía —calles, casas, puentes y certezas—, alguien montó un juzgado en una gasolinera. No es el comienzo de una novela de posguerra, sino lo que ocurrió el 29 de octubre de 2024 en Paiporta, horas después de que la DANA arrasara la comarca de l’Horta Sud y se llevara consigo 227 vidas.
La jueza de instrucción de Torrent, Lucía Mayordomo, estaba de guardia ese día. Sin apenas comunicaciones, sin electricidad, sin centro operativo judicial al que acudir, improvisó. Y lo hizo rápido: junto al médico forense y un reducido equipo, estableció un juzgado de emergencia en la única estación de servicio de la zona con luz. Desde allí comenzaron los primeros levantamientos de cadáveres. “Era como estar en medio de una guerra”, recuerda.
Índice de contenidos
Un coche atascado y una decisión urgente
Todo comenzó con una llamada de la Guardia Civil. Había cuerpos en garajes, en la vía pública, en coches atrapados por el barro. La jueza se desplazó a la zona acompañada del forense. No llegaron muy lejos. Su vehículo quedó atascado entre escombros, en una rotonda sin luz. “Solo veíamos bultos. Después supimos que eran cadáveres”, relata.
Lejos de regresar o esperar órdenes, tomaron una decisión: instalar el juzgado provisionalmente en un lugar operativo, cercano al Puesto de Mando, con acceso a electricidad y visibilidad. Una gasolinera cumplía todos esos requisitos.
Juzgar en papel, identificar con linterna
Desde ese puesto improvisado comenzaron a coordinarse. Sin ordenadores. Sin acceso al sistema judicial. Todo a mano, con libretas, linternas y la memoria de quienes estaban allí. La letrada de la administración de justicia, María Espejo, llegó poco después: “Había que organizar todo, aunque fuera con lo justo”.
Crearon un registro básico de fallecidos, cruzaron datos con emergencias, apuntaron señales físicas —pendientes, tatuajes, cicatrices— para anticipar identificaciones. Días más tarde, toda esa información sirvió para construir el cuadro de mando judicial que ayudó a poner orden en el caos.
Sin escalafones, sin horarios
Funcionarios de otros juzgados se presentaron para ayudar. Tramitadores, letrados, auxiliares. Todos a una. “No hubo jerarquías. Solo trabajo”, explican Mari Cruz Ortí y Raquel Cervera, funcionarias del juzgado de Torrent. “Nos volcamos porque sabíamos que aquello no era una guardia normal. Era otra cosa”.
Las primeras 24 horas fueron clave. El objetivo: que ninguna víctima quedara sin registrar, que todo quedara documentado a pesar de la precariedad de medios. “Hemos trabajado con cabeza y corazón”, afirma Espejo.
Un reconocimiento inédito
El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha querido visibilizar esta actuación con un documental de 21 minutos, el primero que realiza sobre un caso de este tipo. El testimonio de Mayordomo se convierte así en símbolo de lo que fue la respuesta judicial a una tragedia sin precedentes.
“Lo que hicimos fue aplicar el sentido común cuando no había protocolo para algo así”, resume la jueza. “Era nuestra obligación estar allí, y lo hicimos lo mejor que supimos”.
Cuando la justicia no espera al despacho
En medio del lodo, de la confusión, de la ausencia institucional visible en tantos niveles, una gasolinera se convirtió en juzgado, centro de datos y punto de humanidad. No hubo ruedas de prensa, ni ministros, ni cámaras. Pero hubo papel, testigos, decisión y valentía.
Y en días donde algunos salieron huyendo, otros se quedaron para poner orden en mitad del desastre.