Carteristas en el recuerdo (II). Tranvías y tocamientos ¡Cuidado con los rateros!

Carterista en el tranvía. Dibujo. Años 30. A. P. R. S.

Carterista en el tranvía. Dibujo. Años 30. A. P. R. S.

En los años 30 actuaba El Municipalet (su padre había sido guardia municipal). Operaba en los tranvías, con preferencia al número siete que realizaba el trayecto Matadero- Ruzafa. Gozó de cierta fama y en el recuerdo quedó grabada una frase que se decía familiarmente: ¡Eres mes lladre que El Municipalet! Otro de los pata negra con denominación de origen fue El Pelaet. Poseía una conocida escuela de carteristas en la barriada de Tendetes. Eran famosos los Duclós, tres hermanos con fama de “finos” que huyeron a Mendoza (Argentina).

Las mujeres carteristas utilizaban la técnica del roce acercamiento. La víctima, generalmente un hombre, era objeto de un “arrimo” más que generoso de la mujer que sonreía como dando a entender su beneplácito.

Las mujeres carteristas utilizaban la técnica del roce o acercamiento. La víctima, generalmente un hombre, era objeto de un “arrimo” más que generoso de la mujer que sonreía como dando a entender su beneplácito. El hombre entusiasmado por esta acción no se percataba de que las manos de la carterista birlaban su cartera. Carmen La Coja, las hermanas Sales, la Puerto o la Juli, son algunas de estas mujeres que quedaron para la historia.

Fue famoso El Abaecho, personaje delgado, de ahí su apodo. Sus días más fructíferos eran las fallas, días taurinos y Todos los Santos en el tranvía que realizaba el recorrido hacia el cementerio.

Día de toros, carteristas y policías. A. P. R. S.

Día de toros, carteristas y policías. A. P. R. S.

Fue famoso El Abaecho, personaje delgado, de ahí su apodo. Sus días más fructíferos eran las fallas, días taurinos y Todos los Santos en el tranvía que realizaba el recorrido hacia el cementerio. Decían que su récord lo tenía establecido en dieciocho carteras “distraídas” en un día.

Entre las décadas de los años 40 y 60 actuaron Los Paiño y Los Cubanos, que eran cuatro hermanos que subían a las viviendas y también robaban carteras. Vicente El Linterna, título dado porque siempre llevaba consigo este aparato luminoso, aunque estuviera fuera de servicio. Salazar, más conocido como El Patillas; El Botines, El Bufa, Pepito El Conde, según decía él mismo, hijo bastardo de un aristocrático; El Corneta, antiguo legionario; El Rata, vivía en la barriada de Sagunto; El Anguila, personaje de baja estatura con fama de escurridizo; El Nene que por su aspecto infantil nos hacía recordar al Viditas; El Academia o Académico, madrileño que decía poseer un título universitario, pero no era verdad.

En los tranvías se advertía un cartel muy significativo: cuidado con los rateros, junto al de prohibido escupir.

Hermanos Duclós. Carteristas valencianos. A. P. R. S.

Hermanos Duclós. Carteristas valencianos. A. P. R. S.

Otro de los asiduos de los tranvías, fue El Sele, procedente de la vecina Catarroja, legalmente se dedicaba a la confección de espardenyes, con obrador situado en el Rabal de esta población, donde existió una escuela de carteristas que enseñaba el método de “la pinza”. En los tranvías se advertía un cartel muy significativo: cuidado con los rateros, junto al de prohibido escupir.

A. P. R. S. : Archivo Privado de Rafael Solaz

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3 Responses to "Carteristas en el recuerdo (II). Tranvías y tocamientos ¡Cuidado con los rateros!"

  1. Javier Luna  14 de marzo de 2014 at 23:05

    Nuestro comentario del artículo de la pasada semana en su primera parte reflejaba la admiración por la pericia y maestría; en la presente por la especialización y la seducción.
    Lugares de culto y propicios al hurto, como eran los antiguos tranvías y como lo fueron y lo siguen siendo las aglomeraciones. Lugares propicios al “arrimo” de las mujeres carteristas y a la ingenuidad de los hombres que acabaron sin cartera y sin dinero.
    Rafael Solaz no deja de ofrecernos curiosidades de nuestra historia en las que subyace la singularidad de un pasado y cuya referencia ni podemos ni debemos de olvidar.

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  2. Julio Cob  15 de marzo de 2014 at 00:33

    Los personajes son quienes configuran la historia, y en este caso, al igual que los pícaros y buscones del Siglo de Oro de la lengua castellana, reflotan siglos después y mantienen viva la estampa de quienes optan por una vida donde la ligereza de sus manos reemplaza a la fuerza de los músculos. Y refrendando su artículo anterior, Rafael Solaz, saca de su baúl sin fondo un muy interesante índice de aquellos descuideros de una gran parte del siglo XX que lograban sus propósitos quizás mostrando una de las artes que cuando sabemos de su ejecución, nos dejan un sabor agridulce. Personajes y anécdotas, así nos cuenta el autor una parte de nuestra historia, la real, la auténtica.

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  3. Luis Carrasco  18 de marzo de 2014 at 00:58

    yo me bajo…….
    taxiiiii

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