Índice de contenidos
Joan Ribó, Ana Barceló, Consuelo Llobell, Carlos Galiana y Guillermo Serrano recuerdan aquellas Fallas extraordinarias de 2021 como una celebración marcada por la incertidumbre, la responsabilidad y la necesidad de recuperar la normalidad
Se cumplen cinco años de las históricas Fallas de septiembre de 2021, celebradas del 1 al 5 de septiembre después de la suspensión de las fiestas de 2020 por la pandemia. Una edición excepcional que permitió cerrar un ejercicio fallero interrumpido, recuperar la calle y devolver cierta normalidad a un colectivo que había pasado más de un año entre cancelaciones, restricciones e incertidumbre.
Quienes tuvieron responsabilidades políticas y festivas durante aquellos meses coinciden en una idea: aquellas Fallas fueron mucho más que una celebración fuera de calendario. Representaron una especie de renacer colectivo después de la crisis sanitaria.
El entonces alcalde de Valencia, Joan Ribó, y la que fuera consellera de Sanidad, Ana Barceló, recuerdan que la suspensión del 10 de marzo de 2020 fue una de las decisiones más complicadas de toda la pandemia.
Barceló reconoce que aquella decisión suponía paralizar no solo unas fiestas, sino una parte esencial de la identidad, la vida social y la economía valencianas. Ribó, por su parte, destaca la actitud asumida desde el primer momento por el mundo fallero pese a las importantes pérdidas económicas que provocó la cancelación.
De la suspensión a unas Fallas completamente diferentes
La recuperación fue lenta.
Durante meses se sucedieron propuestas, fechas posibles y nuevas cancelaciones. Nadie podía garantizar cuándo sería posible volver a plantar fallas, organizar una Ofrenda o celebrar una mascletà.
El avance de la vacunación permitió finalmente abrir una ventana durante septiembre de 2021.
Sanidad y el mundo fallero comenzaron entonces unas negociaciones que todos los protagonistas recuerdan como intensas. El objetivo no era organizar unas Fallas convencionales, sino seleccionar aquellos actos esenciales que permitieran cerrar el ejercicio pendiente con el menor riesgo posible.
Las fiestas estuvieron marcadas por mascarillas, distancias, limitaciones de aforo y modificaciones de recorridos y horarios.
Barceló considera que aquella celebración permitió “cerrar aquel ciclo interrumpido y recuperar la esperanza”.
Un colectivo obligado a adaptarse
La pandemia dejó también una imagen diferente del mundo fallero.
Durante los momentos más complicados, numerosas comisiones mantuvieron el contacto entre sus integrantes, impulsaron actividades solidarias y participaron en iniciativas de apoyo dentro de sus barrios.
Barceló destaca la capacidad de “sacrificio, responsabilidad y adaptación” demostrada por el colectivo.
La fallera mayor de Valencia 2020-2021, Consuelo Llobell, utiliza conceptos similares para describir aquellos meses: responsabilidad, empatía, solidaridad y resiliencia.
Para Llobell, la suspensión inicial fue especialmente dura porque ninguna de las protagonistas podía prever cuánto tiempo se prolongaría aquella situación.
Cada nueva fecha que desaparecía del calendario suponía otro golpe.
“Celebrarlas fue como un renacer”
El entonces presidente de la Interagrupación, Guillermo Serrano, considera que aquellas Fallas fueron “como un renacer”.
Después de meses de incertidumbre, volver a ver los monumentos en las calles tuvo una fuerte carga emocional.
La Ofrenda, celebrada con importantes restricciones, fue uno de los momentos más simbólicos. También las imágenes de fallas plantadas nuevamente después de tantos meses de espera.
Para el entonces concejal de Cultura Festiva y presidente de Junta Central Fallera, Carlos Galiana, fueron unas Fallas “mágicas”, marcadas por la germanor, la responsabilidad y el sentimiento colectivo.
La eliminación de gran parte de las verbenas y actos multitudinarios hizo que, según Galiana, la fiesta recuperara temporalmente algunos de sus elementos más esenciales.
Las mascletaes descentralizadas y una Ofrenda diferente
Las restricciones obligaron además a experimentar con fórmulas poco habituales.
Una de las novedades fueron las mascletaes descentralizadas, organizadas en diferentes barrios para evitar grandes concentraciones en la plaza del Ayuntamiento.
Joan Ribó considera que aquella experiencia debería haberse mantenido y defiende que permitía extender la fiesta por toda la ciudad.
También se introdujo un turno matinal en la Ofrenda, una modificación que Ribó cree que podría ayudar actualmente a resolver parte de los problemas de horarios.
Galiana comparte la defensa de las mascletaes descentralizadas y considera que beneficiaban tanto a los pirotécnicos como a los vecinos de otros barrios.
Las negociaciones entre Sanidad y el mundo fallero
La preparación de aquellas fiestas no estuvo exenta de tensión.
Sanidad buscaba imponer unas condiciones capaces de minimizar el riesgo epidemiológico mientras que las entidades falleras reclamaban recuperar el máximo posible de actividad.
Ribó reconoce que existió una “pulsión” entre ambas posiciones, aunque finalmente se alcanzaron acuerdos que se cumplieron.
Galiana recuerda unas conversaciones inicialmente “muy duras”, mientras Serrano reconoce que existieron momentos de tensión que probablemente podrían haberse evitado.
Pese a todo, los distintos protagonistas coinciden en que finalmente las administraciones y el colectivo consiguieron sacar adelante una celebración de enorme complejidad.
“Açò també passarà”
Cinco años después, uno de los grandes símbolos de aquellas Fallas continúa siendo la falla municipal de la Meditadora, cuyo lema fue ‘Açò també passarà’.
Consuelo Llobell considera que esa frase resume perfectamente lo vivido.
“Todo pasa y todo llega”, señala al recordar el principal aprendizaje de aquellos meses.
Para Ana Barceló, aquellas Fallas demostraron que una tradición puede adaptarse sin perder su esencia.
Serrano considera, sin embargo, que parte de aquella unidad desapareció cuando regresó la normalidad, mientras Galiana se muestra más crítico y cree que muchos de los aprendizajes alcanzados durante la pandemia terminaron olvidándose.
Una edición que ya forma parte de la historia fallera
Las Fallas de septiembre fueron excepcionales desde todos los puntos de vista.
Cambió el calendario, cambiaron los horarios, desaparecieron actos habituales y se transformaron otros. Pero después de la suspensión de 2020 y de meses de incertidumbre, permitieron finalmente quemar los monumentos que habían quedado atrapados por la pandemia y cerrar uno de los periodos más difíciles de la historia reciente de la fiesta.
Cinco años después, quienes las vivieron desde primera línea recuerdan especialmente el esfuerzo colectivo que hizo posible celebrarlas.
Fueron unas Fallas irrepetibles, nacidas de una situación extraordinaria, que dejaron una de las imágenes más simbólicas de aquellos años: Valencia recuperando poco a poco sus calles, sus monumentos y su fiesta después de la pandemia.