Jamila Hussam y su hija Mitra, refugiadas afganas residentes en la Comunitat Valenciana, recuerdan su huida tras la llegada de los talibanes a Kabul y denuncian las restricciones que sufren las mujeres que permanecen en Afganistán
Cinco años después de que los talibanes recuperaran el poder en Afganistán, la situación de las mujeres continúa marcada por fuertes restricciones sobre la educación, el trabajo y su presencia en la vida pública.
El aniversario tiene también una conexión directa con la Comunitat Valenciana. Jamila Hussam, periodista afgana refugiada en territorio valenciano junto a sus hijos, ha recordado en À Punt cómo vivió aquel 15 de agosto de 2021 y la situación de familiares y amigas que permanecen en el país.
Su hija Mitra, que mantiene contacto con jóvenes afganas, describe una realidad en la que estudiar, salir solas o decidir sobre su futuro se ha convertido en algo imposible para muchas mujeres.
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Cinco años desde la llegada de los talibanes a Kabul
El 15 de agosto de 2021, los talibanes entraron en Kabul después de una rápida ofensiva que culminó con el derrumbe del anterior Gobierno afgano.
Cinco años después, el régimen ha celebrado en Kabul un acto multitudinario para conmemorar su regreso al poder y reivindicar su gestión al frente del denominado Emirato Islámico de Afganistán.
Más de un millar de personas asistieron a la ceremonia, en la que participaron dirigentes talibanes y representantes diplomáticos extranjeros.
Entre ellos se encontraba el ministro de Exteriores, Amir Khan Muttaqi, que reclamó a los países que todavía no mantienen relaciones con las autoridades afganas que reconsideren sus políticas y avancen hacia la cooperación.
El mensaje de apertura internacional contrasta con la situación que denuncian las mujeres afganas que tuvieron que abandonar el país.
Jamila Hussam recuerda desde la Comunitat Valenciana aquel 15 de agosto
Para Jamila Hussam, el aniversario continúa siendo especialmente doloroso.
La periodista afgana reside actualmente en la Comunitat Valenciana después de conseguir escapar de Afganistán junto a sus hijos.
“Cuando hablamos de hace cinco años es muy doloroso. Era un día normal, yo trabajaba como periodista en una oficina”, ha recordado en declaraciones a À Punt.
Mientras la situación se precipitaba en Kabul, Jamila trató de encontrar billetes de avión para abandonar el país, pero comprobó que ya no había disponibles.
Finalmente consiguió llegar a España con sus hijos, aunque la huida supuso dejar atrás familiares, amigos y toda la vida que había construido en Afganistán.
“No pueden salir solas, no pueden estudiar”
Cinco años después, su hija Mitra mantiene contacto con amigas que continúan viviendo bajo el régimen talibán.
Su testimonio refleja las restricciones que condicionan la vida cotidiana de las mujeres.
“Las quieren obligar a casarse, no pueden salir solas, no pueden estudiar, no tienen derecho”, explica Mitra.
La imposibilidad de continuar estudiando se ha convertido precisamente en uno de los símbolos de la situación de las mujeres afganas.
Las restricciones impuestas por los talibanes han limitado su acceso a la educación secundaria y superior, además de reducir drásticamente sus posibilidades de incorporarse al mercado laboral y participar en numerosos ámbitos de la vida pública.
Afganistán, el único país donde las niñas no pueden continuar estudiando después de Primaria
Afganistán se ha convertido en el único país del mundo donde las niñas tienen prohibido continuar su educación más allá de la enseñanza primaria.
La situación amenaza además con dejar consecuencias durante generaciones.
Las restricciones educativas afectan a las niñas que deberían encontrarse actualmente cursando Secundaria y posteriormente acceder a estudios universitarios o profesionales, reduciendo sus posibilidades futuras de independencia económica y desarrollo personal.
Educación, empleo y libertad de movimientos forman parte de un conjunto de prohibiciones que ha ido apartando progresivamente a las mujeres de numerosos espacios de la sociedad afgana.
“La prisión es mejor”
Jamila Hussam utiliza una comparación especialmente dura para explicar cómo percibe la situación de las mujeres que permanecen en Afganistán.
“La prisión es mejor. En la prisión tienes derecho a la salud, a estudiar… No olvidéis, por favor, a las mujeres afganas con esta mala prisión”, afirma.
Sus palabras resumen el sentimiento de muchas afganas que abandonaron el país tras la llegada de los talibanes y que continúan pendientes de familiares y amigas que no pudieron marcharse.
Desde la Comunitat Valenciana, Jamila intenta así mantener la atención sobre una realidad que teme que termine desapareciendo de la agenda internacional con el paso de los años.
Cinco años de restricciones para las mujeres afganas
Desde su regreso al poder, los talibanes han establecido restricciones que afectan especialmente a mujeres y niñas.
Entre las medidas más relevantes se encuentran las limitaciones para acceder a la educación secundaria y universitaria, trabajar en determinados ámbitos o participar con normalidad en espacios públicos.
Organismos de Naciones Unidas han utilizado el concepto de “apartheid de género” para denunciar el sistema de discriminación y exclusión impuesto sobre las mujeres afganas.
Mientras tanto, las autoridades talibanas aprovechan el quinto aniversario para reivindicar el final de la intervención extranjera y reclamar un mayor reconocimiento internacional.
Una familia afgana refugiada en la Comunitat Valenciana
Cinco años después de aquella jornada que transformó Afganistán, Jamila y sus hijos han reconstruido su vida en la Comunitat Valenciana, pero mantienen fuertes vínculos con el país que tuvieron que abandonar.
El contacto de Mitra con sus amigas permite conocer desde miles de kilómetros de distancia cómo las restricciones continúan afectando a toda una generación.
El aniversario del regreso de los talibanes al poder vuelve así a poner el foco sobre las mujeres y niñas afganas apartadas de la educación y de buena parte de la vida pública, mientras refugiadas como Jamila Hussam reclaman desde Valencia que su situación no caiga en el olvido.