La ministra de Educación admite que verse con un ex alto cargo acusado de acoso “fue un error”, aunque al principio lo justificó como una comida personal entre “compañeros íntegros”. Una digestión política que ha pasado de mal trago a daño institucional.
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Cuando te pillan en el restaurante y no puedes decir que era una cata de vinos
En política, hay errores. Luego están los errores con mayúsculas, cursiva y neón. De esos que empiezan con un “no era nada” y acaban con una rueda de prensa con cara de “me gustaría estar en otro planeta”. Pues bien, la ministra de Educación y portavoz del Gobierno, ha vivido esta semana su propio menú de tres platos: negación, justificación y finalmente… admisión del error.
Porque sí, reconoció públicamente que verse a comer con Paco Salazar, el ex alto cargo del PSOE cesado tras denuncias internas de acoso sexual, “fue un error” y “no se tendría que haber producido”. Una frase que, traducida al lenguaje no diplomático, equivale a: “Me he metido en un lío considerable, y estoy intentando salir sin tropezar con la vajilla institucional”.
Cuando la comida “personal” se convierte en “error político monumental”
En un principio, el encuentro se despachó con ese clásico recurso del político en apuros: “forma parte del ámbito personal”, como si el lugar donde uno come anulara la carga política de las compañías. Porque claro, ¿quién no ha quedado alguna vez a comer con un amigo al que se le acumulan denuncias internas por acoso, en pleno escándalo mediático y tras haber sido cesado?
No contentos con eso, al inicio se remató la faena describiendo a Salazar como un “compañero íntegro”, una frase que en retrospectiva podría pasar a la lista de “cosas que uno no debería decir antes de que salgan los pantallazos comprometidos”.

¿Quién protege a quién? Spoiler: no fue a las víctimas
Mientras la ministra digiere públicamente su error, el resto del Gobierno se esfuerza en convencernos de que “actuaron con rapidez” y “desde el primer momento”. Aunque, claro, ese primer momento duró cinco meses y solo reaccionaron después de que los mensajes sexuales y ofensivos se hicieran públicos. Lo que viene siendo una rapidez del tipo “velocidad tortuga viendo Netflix”.

El PSOE, que mantuvo un silencio digno de biblioteca durante todo el escándalo, ha pasado al modo “rectificación a toda prisa”. Porque cuando las cosas explotan en titulares, la memoria institucional se activa de repente, y todo el mundo asegura que “siempre estuvo en contra”.
Transparencia selectiva y autocrítica con GPS
En su intervención, la ministra remarcó que en Moncloa se pidió a los trabajadores que denunciaran si habían visto algo reprobable. Aunque, claro, si cinco meses después nadie ha dicho nada, o bien no vieron nada (cosa difícil), o bien la confianza en los canales de denuncia tiene el mismo nivel que los likes de un tuit del BOE.
Eso sí, hay una frase que merece ser enmarcada en mármol institucional:
“Muchas relaciones están llenas de decepciones. Muchos lo entenderán.”
Una reflexión que podría aplicarse a amistades, ex, y ahora también a comidas con implicados en escándalos sexuales. Pura filosofía de sobremesa.
¿Errores individuales o síntomas sistémicos?
El broche final lo puso con otra joya: “Las organizaciones se diferencian en cómo reaccionan.” Y tiene razón. Algunas reaccionan como un resorte. Otras como una piedra rodando cuesta abajo. En este caso, la reacción fue lenta, tibia, y motivada más por la presión pública que por la convicción interna.
Porque claro, dejar caer a Salazar fue inevitable. Lo que está en duda es si lo hicieron por ética… o porque ya no quedaban excusas.
¿Comida con error o error con comida?
En resumen: una ministra, un almuerzo, un “compañero” con historial turbio y una gestión de crisis que da para máster. ¿La comida fue un error? Sí. Pero más preocupante es la rapidez con la que se justifica todo hasta que deja de poderse justificar.
Y tú, ¿crees que los errores políticos deben digerirse en silencio o con una buena dosis de responsabilidad real?
¿Pedimos mesa para el siguiente escándalo o mejor lo pedimos para llevar?