La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) ha reconocido que durante las horas críticas de la gota fría del 29 de octubre se redujo a la mitad el personal del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH). Esta catástrofe natural provocó la muerte de 228 personas y significativas pérdidas económicas en la provincia de Valencia. De los más de 330 trabajadores de la CHJ, que incluye tanto funcionarios como personal laboral, únicamente tres técnicos estaban operativos en la sala de control durante la tarde, uno de los cuales enviaba alertas al 112 por correo electrónico, según documentación oficial en manos de la jueza a cargo del caso.
Por la mañana, seis técnicos estaban activos en el SAIH, encargado de la medición de precipitaciones y el control de caudales de ríos y barrancos, de acuerdo con la misma institución dirigida por Miguel Polo. Sin embargo, para la tarde, cuando se produjeron los grandes problemas en el barranco del Poyo, el pantano de Forata y las inundaciones en Utiel, la cifra se redujo a tres, tal y como confirmó la Confederación.
Durante semanas, se intentó sin éxito obtener el número exacto de trabajadores del SAIH aquel 29 de octubre. La respuesta siempre fue referirse a la ley de Transparencia. La información publicada el viernes señalaba que había cuatro técnicos por la mañana y solo uno por la tarde para enviar alertas, lo que llevó a la CHJ a matizar y confirmar la información de este diario sobre los efectivos disponibles durante el desastre más grave que ha vivido la Comunidad Valenciana.
Desde el área de comunicación de la CHJ se informó: “En la sala del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) prestaron servicio seis técnicos en el turno de mañana y tres en el turno de tarde, además de los funcionarios responsables del SAIH: jefe de servicio, jefe de área y dirección técnica”. Este comunicado confirma que había el doble de personal en la mañana que en la tarde.
La tarde de la dana, el SAIH no operaba a plena capacidad justo en momentos críticos: el embalse de Forata amenazaba con superar su nivel de vertido, el río Magro bajaba con un caudal impresionante, y Utiel requería acciones de rescate. En Riba-roja, el Poyo fluía sin control, mientras que el Turia causaba estragos entre Chera y Pedralba.
Mientras tanto, según confirma la CHJ, solo tres técnicos gestionaban las precipitaciones y caudales, menos que por la mañana, cuando el problema se concentraba en área del Magro. El 29 de octubre trabajaron 229 funcionarios y 110 empleados temporales en la CHJ.
Entre las 8:44 y las 16:44, cuatro técnicos del SAIH, Miquel Albero, Carles Beneyto, Esther Jiménez y Rosario Balbastre, enviaron 17 alertas por correo electrónico sobre diversas zonas. A partir de las 16:44, Carmen González fue la única técnica enviando alertas, con nueve correos centrados principalmente en el riesgo del pantano de Forata. En la mañana, se enviaron cuatro mensajes sobre el Poyo; la tarde, solo uno a las 18:43 anunciaba el desastre.
Además de admitir la reducción de personal del SAIH durante las horas críticas de la dana, la CHJ especificó que, en la noche del 29 al 30 de octubre, al menos “dos personas de guardia” monitorizaban los caudales.