11 de julio de 2025
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Descubren neuronas clave en la regulación de la ansiedad y los trastornos sociales

Alicante, 3 de julio – Un equipo de científicos del Instituto de Neurociencias (IN), una entidad colaborativa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), ha identificado un conjunto de neuronas en la amígdala, una región cerebral clave en el control de las emociones, que juega un papel crucial en la manifestación de trastornos como la ansiedad, la depresión y las alteraciones en la conducta social.

La investigación, que ha sido publicada en la revista ‘iScience’, demuestra que es posible revertir estos comportamientos en ratones mediante el restablecimiento del equilibrio en la excitabilidad neuronal en una zona específica de la amígdala. Según el comunicado del centro, el profesor de investigación del CSIC y líder del laboratorio de Fisiología Sináptica en el IN, Juan Lerma, subraya que aunque la implicación de la amígdala en la ansiedad y miedo ya era conocida, ahora se ha logrado identificar un grupo concreto de neuronas cuya actividad anormal es suficiente para provocar comportamientos patológicos.

Los científicos han utilizado ratones modificados genéticamente para sobreexpresar un receptor cerebral conocido como GluK4, activado por el neurotransmisor glutamato, esencial para la comunicación neuronal. Esta alteración genera un incremento en la comunicación neuronal que imita la duplicación génica observada en casos de autismo, llevando a los ratones a demostrar comportamientos de ansiedad y aislamiento social comparables a los observados en trastornos como el autismo y la esquizofrenia.

Mediante técnicas de ingeniería genética y la introducción de virus modificados, lograron normalizar la expresión del gen GluK4 en neuronas de una región específica de la amígdala. Esto permitió restaurar la interacción con otro grupo de neuronas inhibidoras en otra parte de la amígdala, que funcionan como reguladores de la ansiedad. Álvaro García, primer autor del estudio, afirma que este ajuste fue suficiente para revertir comportamientos asociados con la ansiedad y los problemas sociales.

Los ratones fueron evaluados utilizando métodos electrofisiológicos y pruebas de comportamiento para medir niveles de ansiedad, depresión e interacción social. Incluso cuando el procedimiento se aplicó a ratones no modificados que igualmente mostraban ansiedad, los resultados fueron positivos.

Lerma destaca que estos hallazgos demuestran que el mecanismo descubierto podría aplicarse a un espectro más amplio de condiciones emocionales, no limitado a un modelo genético en particular. Sin embargo, persisten algunos déficits conductuales, como problemas en la memoria de reconocimiento de objetos, sugiriendo que otras áreas del cerebro, como el hipocampo, también podrían necesitar atención.

Este estudio ofrece nuevas oportunidades terapéuticas. Según Lerma, enfocar estos circuitos neuronales específicos podría ser una estrategia eficaz y más localizada para tratar los trastornos afectivos.

El proyecto ha sido financiado por la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el Programa Severo Ochoa para Centros de Excelencia del Instituto de Neurociencias CSIC-UMH, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, y la Generalitat Valenciana a través de los programas Prometeo y Ciprom.

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