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¿Qué legado dejó el Cid en ‘su’ Valencia?
Una isla de contenedores a pocos metros, un tráfico constante a la entrada y salida de un túnel, peatones distraídos, muchos mirando su móvil, sin prestar atención a la majestuosa escultura ecuestre que domina la plaza de España. Este lugar, más que una plaza, es un cruce de vías. En ese espacio poco destacado, se encuentra la estatua dedicada al Cid, el símbolo más visible de esta figura histórica estrechamente vinculada a la ciudad. El Cid conquistó Valencia en 1094 y desde allí extendió su dominio sobre gran parte del territorio circundante. Falleció y fue enterrado en Valencia en 1099, pero su cuerpo fue trasladado a Burgos tras el asedio y la posterior reconquista por los almorávides en 1102. La escultura, realizada por Juan de Ávalos, es una reproducción de la original de la artista estadounidense Anna Hyatt Huntington, que se encuentra en los jardines de la Hispanic Society of America en Nueva York.
El homónimo del Cid en Valencia se reduce a una mal emplazada estatua, el nombre de una avenida, el de un instituto, algunas menciones en museos y los restos de la muralla musulmana del siglo XI. No existen foros ni premios en honor al Cid. En 1994 y 1999, el noveno centenario de la conquista y de su fallecimiento pasó sin pena ni gloria. ¿Las razones? ¿Ideología, su origen castellano o el actual presentismo histórico que relega figuras medievales a la condena o al olvido?
La historiadora Nora Berend, autora de ‘El Cid. Vida y leyenda de un mercenario medieval’, responde a través de un correo electrónico: “No, ¡me sentí aliviada! Valencia es una ciudad hermosa e interesante que no necesita del Cid”. Berend considera que un museo con restos arqueológicos del siglo XI es más valioso que monumentos engañosos.
Por su parte, el geógrafo Josep Vicent Boira coincide en que el Cid está poco reconocido en Valencia y sugiere aprovechar más su relevancia. Boira cita obras como ‘La conquista de Valencia por el Cid’, de Estanislao de Cosca Bayo, de 1831, y el ‘Plano Geométrico de la ciudad de Valencia llamada del Cid’, del académico Francisco Ferrer. Este último mapa fue utilizado por Richard Ford en 1845 para su manual de viajeros por España, donde se menciona a Valencia como la ciudad del Cid.
Boira también destaca la importancia literaria del Cid por encima de la histórica, comparándolo con personajes ficticios como Ivanhoe de Walter Scott. El historiador Federico Martínez Roda cree que la escasa huella del Cid en Valencia podría deberse a su origen castellano, lo que habría influido en la percepción de la ciudad como parte de Castilla y no del Reino de Aragón. Para ciertos sectores culturales y académicos, el Cid no es un símbolo identitario de la Valencia contemporánea.
En su libro ‘València. La ciudad’, Boira recuerda que Valencia aparece mencionada repetidamente en el ‘Cantar del Mío Cid’. Además, explora la visión de los vencidos, reflejada en poemas como el de Ibn Jafacha.
Finalmente, obras como ‘La ciutat de València’ de Manuel Sanchis Guarner presentan al Cid como una figura de severidad, mientras Berend relata cómo el esplendor de Valencia fue celebrado por autores musulmanes que lamentaban su caída.
Esta narrativa deja entrever que, aunque su presencia física pueda ser limitada, el Cid sigue siendo objeto de debate y estudio respecto a su influencia en la historia y cultura valenciana.