29 de abril de 2025
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Dieciséis horas de oscuridad: viajeros atrapados en su regreso a Valencia

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**Atrapados sin luz: 16 horas sin poder regresar a Valencia**

A las 4:32 de la madrugada, la electricidad volvió a la avenida del Darro en Granada, después de 15 horas y 59 minutos de oscuridad. Durante el apagón, nos encontrábamos en una de las salidas de la Alhambra, cuando, de repente, una gitana leía la mano a una pareja y alguien comentó que se había ido la luz. Al momento envié un mensaje al grupo del periódico: “Apagón en toda España”. Planeábamos regresar al hotel, cargar maletas y partir hacia casa.

La situación nos devolvió a una era preanalógica. Caminando por la plaza Nueva hacia la avenida Reyes Católicos, constatamos que todos los comercios estaban sin electricidad. Tiendas, bares y heladerías permanecían cerradas, con los empleados esperando que la situación se solucionara. Los rumores se extendían: se decía que el apagón afectaba a toda España, Portugal y el sur de Francia. Había especulaciones sobre si se trataba de una avería o un ciberataque. En esos momentos, la expectativa era que los periodistas supiéramos todo, pero la incertidumbre era general.

Los semáforos se sustituyeron por los silbatos de la Policía Local, tratando de organizar el tráfico en el centro de Granada. Sólo los pasajeros con efectivo podían subir al autobús, señalando el inicio del caos.

Sin dinero ni suficiente gasolina para regresar a Valencia, decidimos esperar el restablecimiento de la electricidad. En la Caja Rural de la avenida del Darro, un hombre sacaba dinero de un cajero automático. Preguntamos a una señora y, al confirmar que dispensaba dinero, arriesgamos nuestra tarjeta y salimos con 150 euros. Con las maletas en consigna en el hotel, comenzamos la espera, apagando dos de los tres móviles para conservar batería. Mi hija, dando ejemplo de sentido común, puso el único móvil encendido en modo de ahorro de batería.

Observar a varias personas pasar con papel higiénico nos llevó a recordar la pandemia y decidimos ir al Mercadona cercano. Compramos productos básicos como galletas, agua, fiambre y zumo de naranja, aprovechando que el generador permitía usar la tarjeta.

A las tres de la tarde, en una cafetería donde solíamos desayunar, decidimos qué comer aprovechando los 20 euros que teníamos en efectivo: un bocadillo de jamón, media pulguita de york y queso y una caracola de chocolate. Sin gasolina para el retorno a Valencia, reservamos una habitación en el hotel, gracias a que aceptaron el número de tarjeta. Durante la tarde, exploramos nuevamente el centro de Granada, aunque la situación nos hacía sentir prisioneros a 500 kilómetros de casa.

Conocimos a propietarios y empleados que se mantenían en sus establecimientos para evitar saqueos, mientras los bomberos cerraban puertas con grupos electrógenos. Desde Valencia recibimos noticias de que la luz regresaba en algunos lugares y logramos contactar a familiares a través de WhatsApp.

De noche, el caos persistía. Comimos de las provisiones compradas a la mañana, mientras fuera, un hombre iluminaba su balcón con luces navideñas y las sirenas policiales cortaban la oscuridad. Finalmente, a las 4:32, una farola alumbra la calle: “La luz ha vuelto”, le dije a mi mujer y a mi hija. Era el momento de regresar a casa.

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