El 2018 ha llegado en todo el mundo sin grandes sobresaltos, con celebraciones variopintas y diferentes para cada país, pero con deseos generalizados de buenos propósitos y paz para el año nuevo.
Las autoridades habían calculado la asitencia de hasta dos millones de personas, pero los -12 grados de temperatura a medianoche, ha restado concurrencia a la fiesta.
La bola, de más de 5 toneladas compuesta de 2.688 triángulos de cristal, ha bajado iluminada con luces ecológicas de color rojo, azul, verde y blanco que crean un impresionante caleidoscopio.
El público congregado en la plaza, ataviado con coloridas bufandas rojas, gorros y globos con cintas doradas, ha cantado y aplaudido la llegada del nuevo año en la Gran Manzana entre una lluvia de más de 1.300 kilos de confeti y fuegos artificiales.
En España, se han tomado sus doce uvas y en Italia han cenado su tradicional plato de lentejas.
Nueva Zelanda y otros países de Oceanía como Samoa, Kiribati y Tonga han sido los primeros en estrenar el nuevo calendario.
Nuestras antípodas han celebrado el cambio de fecha con unos espectaculares fuegos artificiales que se reflejan en las aguas del puerto de Auckland (Nueva Zelanda).
Costumbres y tradiciones para recibir al nuevo año
También en Sídney, la ciudad más poblada de Australia, llegaron antes a enero de 2018. Millón y medio de personas se han congregado en las orillas de su bahía para admirar los tradicionales fuegos artificales.
Este año se ha incluído un arco iris en el famoso Harbour Bridge para celebrar la legalización, en diciembre, del matrimonio entre personas del mismo sexo, después de una consulta en la que consiguió un elevado apoyo entre los habitantes de la ciudad.
Nueva Zelanda y otros países de Oceanía, los primeros en festejar el año nuevo
Los países asiáticos han sido los siguientes.
Colorido y luz ha sido la tónica dominante en países como India o Corea del Sur.
La de Año Nuevo es probablemente la fiesta más importante del año en Japón. Hasta 1873 el país estaba siguiendo el calendario chino, pero a partir de esa fecha adoptaron el calendario gregoriano.
Para los japoneses el final del año tiene un fuerte valor simbólico, ya que tradicionalmente se considera cada año como algo en sí mismo, así que con el final de un año, se cierran todo lo relacionado con él y pueden comenzar una “nueva vida