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Con este panorama, el buque Arctic Sunrise se encuentra en Málaga para denunciar otro proyecto de prospecciones petrolíferas en el mar. En este caso, como en el de Canarias, Tarragona o costa vasca, la empresa agraciada por el Gobierno ha sido la multinacional Repsol. Esta tiene permiso para perforar a menos de 10 km de la costa del Sol, en lo que se considera la Meca del turismo español. Pero no queda ahí el despropósito. La zona autorizada para buscar hidrocarburos se sitúa en el sector con mayor peligrosidad sísmica del país, junto a la enorme falla que une la península ibérica con el continente africano. Plantear en este lugar unas operaciones de extracción de petróleo supone una gran irresponsabilidad por el riesgo añadido.

Lo más sangrante de este asunto es que ni la empresa ni el Gobierno han considerado que se debiera estudiar la intensa sismicidad del área para evaluar el proyecto. Otro error consecuencia de las prisas por conceder un permiso exploratorio. Ello nos puede llevar a un grave incidente de contaminación por vertido y a repetir la bochornosa situación del almacén subterráneo Castor, en el que tampoco se estudió la existencia de fallas y ha producido decenas de terremotos en las costa de Castellón.

Greenpeace está en Málaga y el martes tomará rumbo hacia las islas Canarias para explicar cómo nuestra economía no se puede permitir seguir apostando por el actual modelo energético que no apoya a las energías limpias. Un sistema energético basado en energías renovables, eficiencia energética e inteligencia para 2030 no solo resultaría beneficioso para el medio ambiente sino que aportaría más de 3 millones de puesto, produciría un aumento de la producción hasta 2030 de 545.163 millones de euros y permitiría que los hogares pagarán un 34% menos en su factura energética.

Ahora es el momento, tenemos la oportunidad en el Consejo Europeo del 23 y 24, de que elGobierno Español vuelva a apoyar un modelo sostenible de futuro.

por Julio Barea