17 de mayo de 2025
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El ciclista de la Rambleta que desafía el barro y el tiempo: La historia de José Vicente Ramón

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José Vicente Ramón, el ciclista de la Rambleta que desafía al barro y al tiempo

En el número 45 de la Rambleta, en Catarroja, se mantiene un espacio donde el tiempo parece haberse detenido: es el taller de bicicletas de José Vicente Ramón. A sus casi 83 años, este vecino sigue reparando bicicletas en el negocio familiar que su padre inauguró a mediados del siglo pasado. Sin embargo, su historia trasciende de ser solo una tienda de repuestos: es un testimonio de perseverancia, memoria y pasión por el ciclismo.

El taller cobró vida en la década de los 40, cuando su padre, después de regresar de la Guerra Civil y desempeñarse en la línea de autobuses de La AUVACA, decidió cambiar el rumbo de su vida y dedicarse a su verdadera pasión: las bicicletas. «Él hacía de todo, soldaba, pintaba, reparaba…», rememora José. «Fue uno de los mejores ciclistas de la provincia. Competía junto a figuras como Miguel Poblet, Bernardo Ruiz y Berrendero, e incluso participó en tres ediciones de la Vuelta a Valencia».

José heredó esa pasión. Comenzó a trabajar en el taller en los años 50 y desde entonces no se ha apartado de las bicicletas, ni literal ni metafóricamente. Todo parecía seguir su curso hasta que el 29 de octubre de 2024, una dana azotó la región. «El agua del barranco subió hasta los 2,60 metros. Todo se oscureció y el taller quedó cubierto de barro. Creí que era el final», cuenta emocionado. «Pero gracias a los amigos, voluntarios y mis hijos, hemos ido sacando barro y recuperando lo poco que quedó».

De más de 100 bicicletas almacenadas, solo unas pocas pudieron salvarse. «Era un arsenal de piezas, cuadros y recambios que desaparecieron bajo el fango». Entre los objetos que aún conserva, destaca una bicicleta estática rudimentaria diseñada por su propio padre en 1959, «antes incluso de que las comercializara BH».

A pesar del desafío, José ha decidido seguir adelante. «Me desanimé, pero mis hijos, amigos, clientes de siempre y gente de mi infancia me han impulsado a continuar. Así que mientras el cuerpo resista, aquí estaré».

Su recuperación no ha sido únicamente emocional. También ha contado con apoyos económicos vitales. «He recibido ayudas del Gobierno, del seguro y de la fundación de Juan Roig», comenta agradecido. Estas asistencias han sido cruciales para intentar recomponer el taller, aunque la mayor parte del trabajo ha sido manual, retirando barro y recuperando herramientas con la colaboración de vecinos y voluntarios.

Durante la inundación, José no pudo regresar a casa y se refugió en el piso de la droguería contigua. Lo recuerda como un momento difícil pero también como un ejemplo más de la red de apoyo vecinal que ha influido siempre en su vida.

Hoy, desde su pequeño taller de la Rambleta, donde aún se percibe el olor a grasa y goma, sigue recibiendo a clientes fieles y a curiosos que, entre herramientas y recuerdos, descubren la historia viva de un ciclista que nunca se rindió.

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