6 de febrero de 2026
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El dato incómodo de enero: España pierde más de 270.000 empleos y nadie quiere mirarlo de frente

Enero siempre trae ajustes en el mercado laboral español, pero lo ocurrido este año va más allá de la estacionalidad habitual. El cierre de la campaña de Navidad ha dejado un balance especialmente duro: más de 270.000 empleos destruidos en un solo mes, el peor arranque de año desde 2012, en plena crisis financiera.

La cifra no es anecdótica ni marginal. Es un golpe directo al empleo que se produce mientras el discurso oficial insiste en la fortaleza del mercado laboral y en los récords históricos de afiliación.

El fin de la Navidad pasa factura

Como ocurre cada año, la finalización de los contratos vinculados al consumo navideño ha tenido un impacto inmediato. El sector servicios —hostelería, comercio y actividades ligadas al turismo— concentra la mayor parte de la pérdida de empleo y explica prácticamente en su totalidad el aumento del paro registrado.

En paralelo, más de 30.000 personas se han inscrito en las oficinas del SEPE, una subida moderada en términos históricos, pero significativa por su composición: la inmensa mayoría son mujeres, lo que vuelve a evidenciar la desigual exposición de género a la precariedad y a la temporalidad.

El contraste que incomoda: récords anuales y desplome mensual

El mensaje institucional se apoya en una realidad incontestable: España mantiene más de 21,5 millones de afiliados a la Seguridad Social y el número total de desempleados sigue por debajo de los 2,5 millones, el nivel más bajo para un mes de enero en casi dos décadas.

Pero ese argumento no borra el hecho de que enero de 2026 ha sido especialmente destructivo, incluso más que en ejercicios recientes con contextos económicos menos favorables. La pérdida de empleo ha sido superior a la de enero del año pasado y solo comparable a la de hace más de una década.

Mujeres, jóvenes y servicios: los más golpeados

El ajuste laboral vuelve a cebarse con los colectivos más expuestos:

  • Las mujeres concentran la mayor parte de la destrucción de empleo.
  • El paro juvenil vuelve a crecer tras los refuerzos temporales de diciembre.
  • El sector servicios actúa como amortiguador en los meses buenos… y como punto de ruptura en los malos.

Incluso los trabajadores autónomos han sufrido el impacto, con miles de bajas en apenas 30 días, aunque el balance interanual siga siendo positivo.

La lectura “desestacionalizada” y el relato oficial

Desde el Gobierno se insiste en que, eliminando los efectos de calendario, el mercado laboral mantiene un comportamiento sólido. De hecho, en términos desestacionalizados la afiliación habría aumentado y el paro habría descendido.

La ministra de Inclusión y Seguridad Social, Elma Saiz, ha defendido esta interpretación señalando que España sigue siendo uno de los motores de crecimiento de empleo en Europa.

Sin embargo, esta lectura técnica no cambia una realidad palpable: cuando desaparece el empleo estacional, el sistema sigue mostrando una enorme dependencia de contratos temporales y sectores frágiles.

El problema de fondo: un mercado que ajusta siempre por el mismo sitio

El dato de enero vuelve a poner sobre la mesa un debate incómodo:
España crea empleo con rapidez en los picos de consumo, pero lo destruye con la misma velocidad cuando la actividad se enfría.

Mientras no se reduzca la dependencia del empleo estacional y de bajo valor añadido, cada inicio de año seguirá repitiendo el mismo patrón, con cifras que se explican como “normales” pero que, en realidad, reflejan una debilidad estructural.

Lo que dejan los números, más allá del titular

  • Es el peor enero para el empleo desde 2012.
  • El ajuste vuelve a recaer sobre mujeres y servicios.
  • El empleo indefinido crece, pero no evita desplomes mensuales severos.
  • El gasto en prestaciones sigue aumentando, señal de una rotación laboral constante.

El mercado laboral español aguanta, sí. Pero enero de 2026 deja claro que lo hace sobre una base todavía frágil, muy expuesta a la estacionalidad y con un coste social que rara vez ocupa el centro del debate.

Ese es el dato del que casi nadie habla.

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