El embrujo del atardecer en la Albufera
Una vez pasa la media tarde y el sol comienza su descenso, el lago de la Albufera se muestra resplandeciente y tranquilo. Sobre la vasta superficie de agua que resguarda incontables historias de Valencia y sus habitantes, otro día llega a su fin. En el embarcadero, las barcas aguardan la salida en busca del atardecer. El recorrido promete un encuentro con la última luz del día, un paseo que se asemeja a un encantamiento. Preparada para zarpar, la barca despliega el ritual vespertino, revelando el inigualable retrato de la joya de la corona de Valencia. La ruta se convierte en un juego de espejos acuáticos que reflejan una paleta de rosas, azules y blancos, cortesía del sol en su despedida.
Una brisa de Garbí refresca el paseo, acompañado ocasionalmente por collverts, gaviotas y una garza real que cruza un canal de agua dulce donde crecen eneas y cañizos. Es en este mismo lugar donde los pescadores trazan sus tradicionales ‘redolins’ y las ‘llisas’ saltan cerca de la barca eléctrica. El barquero sostiene una pértiga, lista para ayudar en caso de que la embarcación quede sin energía. Es inevitable sacar el teléfono para capturar en imágenes un instante que engloba muchos instantes en uno solo.
Los pasajeros quedan en silencio ante un espectáculo que serena el espíritu y trae tranquilidad. La fuerza de la naturaleza es una atracción irresistible que atrae a quienes desean participar en la propuesta del área de Devesa Albufera del Ayuntamiento de Valencia. Cada lunes, martes y miércoles de julio, una barca con 22 pasajeros zarpa con quienes han reservado su lugar. Esta iniciativa tiene como objetivo dar a conocer el Parque Natural y el lago, siguiendo los criterios más respetuosos con el medio ambiente, especialmente tras haber actuado como esponja absorber las aguas de la última dana. Durante la travesía, el concejal José Gosálvez, presente en la primera visita de la temporada, relata cómo la zona de la gola quedó cubierta de barro tras el paso de la dana. Poco a poco, todo se recobra.
La iniciativa recibió 5.000 solicitudes en pocos días, según explica Gosálvez. Sin embargo, solo habrá 300 plazas, más que en el año anterior, cuando estos paseos al atardecer se estrenaron con gran éxito. La mayoría de los interesados son valencianos que desean conocer un paisaje y un momento estrechamente vinculados a la cultura local. Miguel Ángel comenta que él, junto a su esposa Patricia y su hijo Martín, nunca habían realizado el paseo en barca, a pesar de haber visitado el lugar en otras ocasiones. “Siempre quisimos venir porque nos parecía interesante”, añade. Otra familia, Paula, sus padres y su novio, también se han sumado a la experiencia por motivos similares.
Los participantes llegan desde Valencia en autobús hasta el punto de encuentro, el embarcadero, donde comienzan una excursión de media hora que les permite explorar la flora y algunas aves de la devesa. Posteriormente, disfrutan del esperado paseo en barca, una travesía breve pero intensa hacia la última luz del día, un instante que embruja y nutre el silencio, una experiencia que vale la pena vivir.
Tal es el encanto del lugar que muchos optan por desplazarse hasta este enclave natural para disfrutar de la mágica hora sentados en el suelo del embarcadero por su cuenta. Otros aprovechan para capturar recuerdos, como besos, con el espectacular fondo de la Albufera al final del día. Mientras unos disfrutan desde tierra, aquellos en la barca recorren la Albufera hasta que las primeras luces de la ciudad y los pueblos de la ribera comienzan a brillar, anunciando la llegada de la noche. Un día más se suma en el parque natural.