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Mucho antes de que los caramelos industriales llenaran los quioscos, miles de niños españoles disfrutaban de una golosina muy particular: un pequeño palo que se mordía, se chupaba y desprendía un sabor intensamente dulce. Era el paloduz, también conocido como palulú, regaliz de palo o regalíssia. Una tradición que formó parte de la infancia de generaciones de valencianos y cuya historia se remonta a la Antigüedad.
Hubo un tiempo en el que las golosinas no venían envueltas en plásticos de colores ni se compraban en grandes bolsas. Bastaba una pequeña moneda para conseguir un entretenimiento que podía durar buena parte de la tarde.
Los niños salían a la calle con un pequeño palo marrón entre los dientes. Lo mordían repetidamente, separaban sus fibras y disfrutaban del jugo dulce que desprendía.
Aquel sencillo producto vegetal era el paloduz.
Para quienes crecieron en España durante buena parte del siglo XX, su sabor todavía despierta recuerdos de plazas, colegios, ferias, vendedores ambulantes y tardes de juegos.
Lo que muchos desconocen es que aquella golosina era en realidad una parte subterránea de una planta utilizada desde hace miles de años.
Índice de contenidos
¿Qué era exactamente el paloduz?
El paloduz se obtiene de la planta Glycyrrhiza glabra, una especie herbácea perenne perteneciente a la familia de las leguminosas.
Aunque popularmente se conoce como raíz de regaliz, el producto que se comercializa puede proceder también de sus rizomas, unos tallos subterráneos que crecen horizontalmente.
Estas estructuras tienen una superficie exterior de color marrón y un interior amarillento, fibroso y de sabor característicamente dulce.
La planta puede alcanzar aproximadamente un metro de altura y desarrolla flores pequeñas de tonos violáceos o blanquecinos.
Crece especialmente en terrenos relativamente húmedos, junto a ríos, barrancos y acequias, aunque también puede cultivarse.
Su principal particularidad se encuentra bajo tierra: sus raíces y rizomas contienen compuestos naturales responsables de su sabor.
Uno de los más importantes es la glicirricina, una sustancia que proporciona un dulzor intenso y persistente.
Gracias a ella, los pequeños trozos de regaliz podían mantener su sabor durante bastante tiempo, incluso después de haber sido mordidos repetidamente.
Palulú, paloduz, regalíssia: una golosina con muchos nombres
Una de las curiosidades más interesantes es la enorme variedad de denominaciones que recibió.
En diferentes regiones españolas se conocía como paloduz, palodú, palodul, orozuz, regalicia, palo dulce o palitroque.
En la Comunitat Valenciana también se utilizaban las denominaciones regalíssia, regalèssia, regalíssia de pal y regalíssia de bastó.
Esta diversidad aparece documentada en el Inventario Español de los Conocimientos Tradicionales relativos a la Biodiversidad, publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica.
El estudio recoge expresamente el consumo del regaliz como golosina en la Comunitat Valenciana y señala que los llamados bastones de regalíssia eran apreciados por su sabor.
La variedad de nombres demuestra hasta qué punto este producto estaba integrado en diferentes tradiciones populares.
No era una golosina exclusiva de una región, sino una costumbre compartida por buena parte de la geografía española.
El dulce que se compraba a la salida del colegio
Durante buena parte del siglo XX, las golosinas infantiles eran muy diferentes de las actuales.
Las familias disponían de menos dinero para pequeños caprichos y los productos de consumo cotidiano tenían una presentación mucho más sencilla.
El paloduz reunía varias ventajas: era fácil de transportar, no necesitaba envoltorios sofisticados y podía consumirse lentamente.
Su venta está documentada en puestos ambulantes, calles, ferias y alrededores de los colegios.
Los vendedores ofrecían pequeños trozos que los niños podían llevar en el bolsillo.
En algunas localidades, los padres y abuelos también regalaban palos de regaliz a los más pequeños.
El inventario oficial recoge testimonios que muestran la importancia que llegó a tener este producto en la infancia.
En determinados lugares, recibir unos buenos palos de regaliz era considerado un regalo muy apreciado.
No se trataba únicamente de comer algo dulce.
El paloduz también era una forma de entretenimiento.
Se mordía uno de sus extremos hasta que las fibras se separaban y adquirían el aspecto de una pequeña brocha.
Después se continuaba chupando y masticando para extraer su sabor.
Con el tiempo, el pequeño palo terminaba deshilachado y prácticamente sin dulzor.
Una tradición que también formó parte de la vida valenciana
En València y otras localidades de la Comunitat Valenciana, el regaliz de palo formó parte de las costumbres alimentarias tradicionales.
El inventario etnobotánico del Ministerio documenta específicamente su utilización como golosina y edulcorante en territorio valenciano.
También recoge denominaciones locales que permiten reconstruir la importancia cultural de la planta.
En una sociedad donde los niños pasaban buena parte de su tiempo libre jugando en las calles, los pequeños alimentos que podían llevar consigo ocupaban un lugar especial.
El regaliz compartía protagonismo con otros productos sencillos, como las algarrobas, las pipas, los frutos secos y determinados caramelos artesanales.
Muchos de estos alimentos fueron perdiendo presencia con la expansión de la industria alimentaria y la aparición de nuevas golosinas.
Sin embargo, el regaliz de palo consiguió mantenerse durante décadas y todavía hoy puede encontrarse en determinados comercios.
Una golosina conocida desde la Antigüedad
Aunque para muchos españoles el paloduz está asociado a los recuerdos de la infancia, su utilización es mucho más antigua.
Los egipcios, griegos y romanos ya conocían el regaliz.
Su nombre científico procede de palabras griegas relacionadas con el concepto de raíz dulce.
Autores como Teofrasto y Dioscórides describieron diferentes propiedades y aplicaciones de la planta.
En la medicina tradicional se utilizaba para preparar remedios destinados a aliviar determinadas molestias respiratorias y digestivas.
El regaliz también tuvo presencia en el mundo islámico medieval.
Durante la época de al-Ándalus, distintos médicos y botánicos describieron su utilización.
Entre ellos figuran Averroes e Ibn al-Baytar, cuyas obras reflejan el conocimiento de numerosas especies vegetales.
Por tanto, el pequeño palo que los niños españoles mordían en las calles tenía detrás una historia de varios milenios.
¿Por qué desapareció de tantos quioscos?
La expansión de las golosinas industriales transformó profundamente los hábitos de consumo infantil.
Los caramelos de colores, los chicles, las chocolatinas y los productos fabricados a gran escala fueron desplazando a numerosas preparaciones tradicionales.
El paloduz tenía una apariencia poco llamativa en comparación con los nuevos productos.
No ofrecía colores intensos, sabores artificiales ni envoltorios publicitarios.
Además, para disfrutarlo era necesario morderlo y chuparlo durante bastante tiempo.
Con el paso de los años fue desapareciendo de numerosos puestos callejeros.
En enero de 2023, un reportaje gastronómico publicado por El País documentó que todavía existían vendedores ambulantes de regaliz natural en Sevilla.
El artículo recogía el testimonio de un comerciante que continuaba vendiendo este producto tradicional y que también tenía compradores infantiles.
La golosina no ha desaparecido completamente, pero su presencia actual es mucho menor que la que tuvo en determinadas décadas del siglo pasado.
El regaliz natural también puede tener riesgos para la salud
Aunque el paloduz procede de una planta, eso no significa que pueda consumirse sin precauciones.
La glicirricina, responsable de buena parte de su dulzor, puede provocar efectos adversos cuando se ingiere en cantidades elevadas o durante periodos prolongados.
Entre los problemas conocidos se encuentran el aumento de la presión arterial, la retención de líquidos y la disminución del potasio en sangre.
El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos, dependiente de los Institutos Nacionales de Salud, advierte de que estas alteraciones pueden resultar especialmente peligrosas para personas con hipertensión o enfermedades cardíacas y renales.
También deben extremarse las precauciones durante el embarazo.
Por otra parte, no conviene recoger raíces de plantas silvestres sin conocer con seguridad su identidad y procedencia.
Los recuerdos de la infancia no deben confundirse con una recomendación de consumo habitual o abundante.
Del regaliz de palo a las golosinas negras
Otra curiosidad es que el regaliz natural y las golosinas negras que se venden actualmente no siempre son lo mismo.
El extracto obtenido de la planta se ha utilizado tradicionalmente para elaborar caramelos, pastillas y otros productos de confitería.
Sin embargo, algunos dulces comercializados con sabor a regaliz utilizan principalmente aromas como el anís.
Esto significa que dos productos con un sabor parecido pueden tener composiciones muy distintas.
El paloduz tradicional se diferenciaba porque consistía directamente en un fragmento de raíz o rizoma seco de la planta.
Su consumo era una experiencia diferente: no se disolvía como un caramelo, sino que liberaba su sabor gradualmente mientras se masticaba.
Un pequeño palo que guarda la memoria de generaciones
La historia del paloduz es también la historia de una España que ha cambiado profundamente.
Durante décadas, los niños crecieron jugando en las calles, compartiendo pequeños alimentos y entreteniéndose con productos muy sencillos.
El regaliz de palo representa una parte de aquella cultura popular.
Su presencia en los quioscos, los mercados y los puestos ambulantes formaba parte del paisaje cotidiano de muchos pueblos y ciudades.
Hoy, cuando las golosinas industriales ofrecen una variedad casi ilimitada de sabores y presentaciones, resulta difícil imaginar que un pequeño trozo de raíz pudiera provocar tanta ilusión.
Sin embargo, quienes lo conocieron recuerdan perfectamente su sabor y la particular sensación de ir deshaciendo sus fibras entre los dientes.
El paloduz no era simplemente una golosina: era una pequeña tradición compartida por generaciones de españoles, incluidos muchos valencianos, que encontraron en un humilde palo de regaliz uno de los sabores más característicos de su infancia.
Y ahora surge una pregunta que probablemente despertará muchos recuerdos:
¿Cómo lo llamabas tú: paloduz, palulú, regaliz de palo o regalíssia?
Documentación consultada
Ministerio para la Transición Ecológica — Inventario Español de los Conocimientos Tradicionales relativos a la Biodiversidad. Ficha de Glycyrrhiza glabra.
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RTVE — Palodul: ¿te acuerdas del palito de regaliz?
https://www.rtve.es/play/noticias/20210604/palodul-regaliz/2098701.shtml
El País, El Comidista — ¿Qué fue del regaliz de palo? Historia de una golosina natural.
Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos — Regaliz: propiedades y precauciones.




