12 de octubre de 2026
11 mins read

El Santo Cáliz de Valencia y los documentos que dividen a los historiadores: ¿estaba ya en Aragón en 1135?

Un pergamino del siglo XII, una petición al sultán de Egipto y un supuesto mensaje secreto de hace casi mil años reabren uno de los grandes enigmas históricos de Valencia. La documentación existe, pero las interpretaciones sobre el origen y el recorrido de la reliquia siguen enfrentadas.

El Santo Cáliz que se conserva en la Catedral de Valencia es una de las reliquias más importantes del cristianismo y uno de los objetos históricos que más controversias ha generado durante siglos.

Tradicionalmente se considera que la copa fue utilizada por Jesucristo durante la Última Cena, trasladada posteriormente a Roma y enviada en el siglo III a Hispania por orden de San Lorenzo, antes de terminar custodiada en el monasterio aragonés de San Juan de la Peña.

Sin embargo, la historia documental de la reliquia presenta lagunas de varios siglos que los investigadores intentan reconstruir mediante pergaminos, inventarios, correspondencia diplomática y estudios arqueológicos.

Un artículo publicado el 11 de octubre de 2026 por Sergio Solsona Palma en Maestrazgo Templario, titulado «El Santo Cáliz y los documentos olvidados», ha vuelto a poner sobre la mesa varias de estas cuestiones.

La principal es especialmente relevante: ¿es cierto que la primera referencia documental al Santo Cáliz aparece en 1399 o existen pruebas anteriores de su presencia en Aragón?

La respuesta exige distinguir entre los documentos que realmente se conservan y las interpretaciones que se han elaborado sobre ellos.

El documento de 1135: un cáliz de piedra preciosa y tres pueblos aragoneses

Uno de los testimonios más interesantes procede del reinado de Ramiro II de Aragón, conocido como el Monje.

En noviembre de 1135, el monarca concedió al monasterio de San Juan de la Peña y a Santa María de Iguácel tres localidades del valle de la Garcipollera: Villanovilla, Bescós y Osse.

La entrega se efectuó como compensación por varios objetos que el rey había tomado anteriormente de ambas instituciones religiosas.

Entre ellos figuraban un cáliz de piedra preciosa y otro recipiente fabricado también con piedra preciosa.

El documento recoge la expresión latina:

«Per illo calice de lapide precioso et per uno urceo similiter de lapide precioso».

Es decir, un cáliz de piedra preciosa y otro recipiente de características semejantes.

La referencia resulta especialmente sugerente porque el Santo Cáliz valenciano está formado por una copa superior de ágata y una segunda pieza de piedra utilizada como base.

¿Podrían ser los mismos objetos mencionados en 1135?

Es posible plantearlo como hipótesis, pero el documento no los identifica expresamente con el cáliz de Jesucristo ni describe características suficientes para asegurar que sean las piezas conservadas en Valencia.

La escritura fue publicada por el medievalista Antonio Ubieto Arteta en su estudio Documentos para el estudio de la Numismática Navarro-aragonesa Medieval.

Ubieto identificó su procedencia en el Archivo Histórico Nacional, entre la documentación de San Juan de la Peña, legajo 444, número 257, y señaló la existencia de una copia coetánea.

Por tanto, no estamos ante una leyenda transmitida oralmente, sino ante un documento medieval editado y estudiado por especialistas.

El detalle que cambia la interpretación: el rey necesitaba plata para fabricar moneda

El pergamino de 1135 contiene otro elemento fundamental.

Además del cáliz y del segundo recipiente, Ramiro II había tomado una tabla de plata sobredorada perteneciente a Santa María de Iguácel.

El propio texto explica que esta plata estaba destinada a la fabricación de moneda en Jaca.

La expresión utilizada es «per meam monetam facere de Iacha».

Esta circunstancia sitúa la operación dentro de las necesidades económicas y monetarias del monarca.

Conviene precisar que la referencia a la acuñación se vincula expresamente con la pieza de plata. El documento no demuestra que el cáliz de piedra fuera destinado a la fundición.

Tampoco confirma la interpretación de que Ramiro II quisiera utilizar aquella copa para legitimar su matrimonio con Inés de Poitou, posibilidad planteada por Solsona.

Lo que sí acredita es que el rey retiró determinados bienes valiosos de instituciones religiosas y posteriormente las compensó mediante concesiones territoriales.

El documento de 1135 confirma la existencia de un cáliz de piedra preciosa en San Juan de la Peña, pero no permite identificarlo de manera concluyente con la reliquia valenciana.

1399: el documento que identifica expresamente el cáliz con la Última Cena

La situación cambia el 26 de septiembre de 1399.

Ese día, en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza, los monjes de San Juan de la Peña entregaron al rey Martín el Humano un cáliz de piedra que identificaban como el utilizado por Jesucristo durante la Última Cena.

A cambio, el monarca ofreció al monasterio un cáliz de oro.

La escritura original se conserva en el Archivo de la Corona de Aragón, dentro de la Cancillería, en la colección de pergaminos de Martín I, carpeta 323, número 136.

La importancia de este documento es extraordinaria.

No se limita a mencionar un recipiente valioso, sino que recoge expresamente su identificación religiosa y su incorporación al relicario real.

También reproduce la tradición según la cual San Lorenzo había enviado la pieza desde Roma a San Juan de la Peña.

Sin embargo, esta explicación presenta dificultades históricas, entre ellas el hecho de que el monasterio no existía en el siglo III con la configuración institucional que adquiriría posteriormente.

Por tanto, la escritura de 1399 acredita la entrega de una reliquia venerada como el cáliz de Cristo, pero no demuestra por sí sola que todo el itinerario anterior descrito por la tradición sea históricamente exacto.

La sorprendente carta de Jaime II al sultán de Egipto en 1322

Otro episodio especialmente enigmático tuvo lugar varias décadas antes de la entrega a Martín el Humano.

En 1322, Jaime II de Aragón realizó una petición diplomática al sultán de Egipto para obtener diversas reliquias cristianas.

Entre los objetos solicitados figuraba el cáliz asociado a la Última Cena.

La correspondencia ha sido estudiada por Catalina Martín Lloris y Guillermo Gómez-Ferrer Lozano, investigadores de la Universidad Católica de Valencia, en un trabajo publicado en Anales Valentinos, correspondiente a 2022.

La petición aparece referenciada en el Archivo de la Corona de Aragón, registro 338, folio 138.

La existencia de esta solicitud abre una pregunta difícil de resolver.

Si el cáliz de Cristo llevaba siglos custodiado en San Juan de la Peña, ¿por qué Jaime II solicitaba al sultán de Egipto una reliquia identificada igualmente con la Última Cena?

Existen varias interpretaciones posibles.

El monarca podía desconocer la existencia de la reliquia aragonesa, dudar de su autenticidad o intentar conseguir otro objeto al que se atribuyera el mismo origen.

Pero también cabe una posibilidad diferente: que la copa que terminó en Valencia todavía no hubiera llegado a Aragón.

Precisamente esta última hipótesis es la que desarrollan Martín Lloris y Gómez-Ferrer.

Los investigadores consideran posible que la reliquia llegara desde Egipto entre 1322 y 1327, como consecuencia de las relaciones diplomáticas mantenidas por Jaime II.

No obstante, reconocen una limitación fundamental: no se conserva un documento que permita acreditar la recepción efectiva de aquella copa por el rey aragonés.

La petición está documentada. La entrega, no.

¿Respondió el sultán que el cáliz ya estaba en España?

El artículo de Sergio Solsona introduce una afirmación todavía más llamativa.

Según su relato, el sultán habría respondido que no podía enviar a Hispania aquello que ya se encontraba en Hispania.

De confirmarse documentalmente, esa respuesta tendría una gran importancia histórica.

Permitiría argumentar que, al menos desde la perspectiva del sultán, la reliquia solicitada ya estaba en territorio peninsular.

Sin embargo, en las fuentes examinadas no se ha podido localizar una reproducción, transcripción verificable o referencia archivística precisa que permita confirmar esa supuesta contestación.

La afirmación también ha circulado en publicaciones y declaraciones relacionadas con otros investigadores del Santo Grial.

Pero una frase atribuida a un personaje histórico no puede considerarse una prueba concluyente hasta identificar el documento del que procede.

Por tanto, la presunta respuesta del sultán constituye una pista pendiente de verificación, no una certeza documental.

El mensaje secreto del siglo XI descubierto por Gabriel Songel

A las controversias documentales se suma una investigación desarrollada por Gabriel Songel, catedrático de Diseño de la Universitat Politècnica de València.

En septiembre de 2019, la universidad difundió sus investigaciones sobre un manuscrito relacionado con las reliquias de San Juan de la Peña y fechado en el siglo XI.

Songel sostiene que la disposición de determinadas letras permite identificar un mensaje oculto mediante un procedimiento geométrico.

La expresión propuesta por el investigador es «Calis Lapis Exilis».

La interpretación relaciona ese mensaje con las tradiciones medievales del Grial y, particularmente, con las narraciones que presentan la reliquia como una piedra.

Según Songel, el manuscrito podría acreditar que el Santo Cáliz ya era conocido en Aragón alrededor de 1094, coincidiendo con el inicio del reinado de Pedro I.

Esto supondría adelantar aproximadamente tres siglos las referencias documentales habitualmente aceptadas.

Pero la hipótesis no ha obtenido una aceptación unánime.

Martín Lloris y Gómez-Ferrer cuestionan que una lectura basada en acrósticos pueda sustituir a una mención documental explícita.

El debate, por tanto, no consiste en determinar si el manuscrito existe, sino en establecer si la distribución de sus letras contiene realmente un mensaje intencionado y si este identifica inequívocamente el cáliz valenciano.

La propia estructura del cáliz plantea otro interrogante

El Santo Cáliz que se contempla actualmente en la Catedral de Valencia no es un objeto fabricado íntegramente en una misma época.

Su parte superior es una copa antigua de ágata, mientras que el pie y la estructura ornamental pertenecen a etapas posteriores.

El arqueólogo Antonio Beltrán realizó un importante estudio de la pieza en 1960 y situó la fabricación de la copa superior en un periodo comprendido entre los últimos siglos anteriores a Cristo y el comienzo de nuestra era.

Esta datación permite considerar que la copa podría haber existido en tiempos de Jesús.

Pero la arqueología no permite establecer quién fue su propietario ni quién la utilizó.

La composición medieval del objeto también suscita discrepancias.

Algunos investigadores consideran posible que sus elementos ornamentales se incorporaran antes del siglo XIV.

Otros sitúan determinados trabajos de orfebrería en fechas más tardías, relacionadas con su paso al relicario de Martín el Humano.

El inventario real de 1410 describe ya un cáliz con una configuración más compleja que la sencilla copa de piedra mencionada en testimonios anteriores.

Sin embargo, la aparición de una descripción detallada en 1410 no demuestra necesariamente que todas las piezas se añadieran después de 1399.

Para resolver esta cuestión es necesario combinar la documentación medieval con el análisis material y artístico de cada componente.

¿Qué ocurrió con el cáliz hasta llegar a Valencia?

A partir de 1399, la reconstrucción histórica dispone de una documentación mucho más consistente.

Tras su entrega a Martín el Humano, el Santo Cáliz pasó a formar parte del relicario de la Corona de Aragón y estuvo vinculado a distintos palacios reales.

Posteriormente quedó bajo el control de Alfonso el Magnánimo.

El 6 de abril de 1432 fue trasladado a Valencia y depositado en el Palacio del Real.

Cinco años después, el 18 de marzo de 1437, el cáliz quedó en la Catedral de Valencia.

Existe también un detalle histórico importante: su entrega estuvo relacionada con una operación económica de la Corona.

Las reliquias reales fueron depositadas como garantía de una deuda vinculada a la financiación de las campañas de Alfonso el Magnánimo.

El cáliz permaneció finalmente en la catedral, donde continúa conservándose.

La gran pregunta: ¿cuándo llegó realmente el Santo Cáliz a Aragón?

Después de examinar las principales fuentes, el problema histórico puede resumirse en dos hipótesis.

La primera sostiene que el Santo Cáliz llegó a Hispania durante los primeros siglos del cristianismo, permaneció oculto durante la dominación musulmana y terminó en San Juan de la Peña, donde habría sido conocido por los monarcas aragoneses desde época medieval temprana.

El documento de 1135 y la interpretación de los acrósticos estudiados por Songel se utilizan como argumentos favorables a esa posibilidad.

La segunda plantea que la copa llegó a la Corona de Aragón durante el siglo XIV, posiblemente desde Egipto y en relación con las gestiones diplomáticas de Jaime II.

Esta explicación busca dar respuesta a la falta de referencias explícitas anteriores y a la solicitud del monarca al sultán.

Ninguna de las dos reconstrucciones dispone, por ahora, de una cadena documental completa que permita seguir inequívocamente la misma copa desde la Antigüedad hasta 1399.

Y esta es precisamente la cuestión central del debate.

No basta con demostrar que existió un cáliz de piedra en el siglo XII, ni que Jaime II solicitó otro a Egipto. Hay que acreditar que se trata del mismo objeto que actualmente se conserva en Valencia.

Un misterio histórico que sigue abierto

El Santo Cáliz de Valencia reúne varias características extraordinarias.

Es una copa antigua cuya cronología resulta compatible con la época de Jesucristo, una reliquia venerada durante siglos y un objeto que cuenta con documentación histórica inequívoca desde finales del XIV.

Pero su historia anterior sigue planteando interrogantes.

El pergamino de 1135 merece atención porque demuestra que San Juan de la Peña poseía objetos de piedra preciosa que interesaron a Ramiro II.

La correspondencia de 1322 también resulta fundamental porque confirma el interés de Jaime II por conseguir una reliquia identificada con el cáliz de la Última Cena.

Y los trabajos de Gabriel Songel aportan una interpretación novedosa de manuscritos medievales que continúa siendo objeto de controversia.

La investigación histórica debe permitir estudiar todas estas posibilidades sin confundir tradición, hipótesis y prueba documental.

Porque, más allá de la fe y de las leyendas del Santo Grial, queda una pregunta que todavía no tiene una respuesta definitiva:

¿El cáliz que hoy se conserva en la Catedral de Valencia llevaba ya siglos en San Juan de la Peña cuando Martín el Humano lo reclamó en 1399, o había llegado a Aragón mucho más recientemente?

Resolverla exigiría encontrar nuevas pruebas que permitan enlazar los testimonios medievales con la pieza conservada.

Hasta entonces, el Santo Cáliz seguirá siendo uno de los grandes enigmas históricos vinculados a Valencia.

Documentación contrastada: edición del pergamino de 1135 por Antonio Ubieto Arteta , escritura de 1399 conservada en el Archivo de la Corona de Aragón , investigación de Martín Lloris y Gómez-Ferrer , estudio de Songel difundido por la UPV e historia de la llegada a Valencia documentada por el Ayuntamiento .

Documentación histórica y fuentes consultadas

1. Documento de Ramiro II de Aragón de 1135

Antonio Ubieto Arteta, Documentos para el estudio de la Numismática Navarro-aragonesa Medieval.

Contiene la transcripción del documento que menciona un cáliz de piedra preciosa y otro recipiente procedentes de San Juan de la Peña. Documento número 4, páginas 116-117.

PDF completo: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/00/63/05ubieto.pdf

2. Documento original de 1399: entrega del Santo Cáliz a Martín el Humano

Archivo de la Corona de Aragón. Cancillería, pergaminos, Martín I, carpeta 323, número 136.

Ficha histórica con reproducción del pergamino original.

https://fondohistoricodearagon.fundacionibercaja.es/ficha/1343315

3. Investigación sobre Jaime II y el Santo Cáliz procedente de Egipto

Catalina Martín Lloris y Guillermo Gómez-Ferrer Lozano. Jaime II y el Santo Cáliz de la Catedral de Valencia. Hipótesis de su llegada a la Corona de Aragón desde Egipto.

Publicado en Anales Valentinos, 2022, páginas 133-160.

PDF de la investigación: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/8817608.pdf

4. Investigación de Gabriel Songel sobre el supuesto mensaje oculto del siglo XI

Universitat Politècnica de València. Publicación del 9 de septiembre de 2019.

Explica el descubrimiento e interpretación del acróstico «Calis Lapis Exilis», relacionado por el investigador con el Santo Cáliz.

https://www.upv.es/noticias-upv/noticia-11389-acrostico-del-es.html

5. Llegada del Santo Cáliz a Valencia en 1432 y a la Catedral en 1437

Ayuntamiento de Valencia. Información histórica sobre el Palacio del Real y la custodia del Santo Cáliz, basada en las investigaciones de Miguel Navarro Sorní.

https://www.valencia.es/es/-/maqueta-palau-real

6. Artículo que ha reabierto el debate

Sergio Solsona Palma. El Santo Cáliz y los documentos «olvidados». Maestrazgo Templario, 11 de octubre de 2026.

https://maestrazgotemplario.blogspot.com/2026/10/el-santo-caliz-y-los-documentos.html

Previous Story

Atención conductores: Alicante baja de 30 a 20 km/h el límite de velocidad en calles del centro histórico

Next Story

Pam Dèmia carga contra Catalá y PP-Vox desde la acampada por la vivienda de València

Latest from Blog

La mejor tarifa de fibra y móvil de 2021

El mercado de las operadoras de telefonía en España es muy amplio, y por ello, escoger las mejores tarifas de fibra y móvil puede ser complicado. En concreto, en nuestro país existen
Go toTop