El calor, las noches cálidas y la humedad acumulada tras meses de lluvias están creando condiciones especialmente favorables para los mosquitos que transmiten el virus del Nilo Occidental. España ya ha confirmado infecciones durante 2026 y ha registrado la primera muerte del año asociada a la enfermedad.
El virus del Nilo Occidental vuelve a situarse entre las principales enfermedades transmitidas por mosquitos bajo vigilancia sanitaria este verano en España. No se trata de un virus nuevo, pero la combinación de temperaturas elevadas, humedad y abundancia de zonas con agua acumulada está facilitando la reproducción de los insectos capaces de transmitirlo.
El invierno especialmente lluvioso y las altas temperaturas posteriores han generado numerosos lugares propicios para la reproducción de mosquitos. A ello se suma que los periodos cálidos se prolongan durante más tiempo, ampliando también la temporada en la que estos insectos permanecen activos.
La preocupación llega después de que 2025 terminara con 45 casos humanos autóctonos en España, aproximadamente la mitad de ellos con enfermedad neuroinvasiva. En 2026 ya se han detectado infecciones en diferentes provincias y Andalucía ha comunicado la primera muerte del año, la de un hombre de 82 años en Sevilla.
Además, se ha detectado por primera vez este año circulación del virus en Gran Canaria, donde tres caballos han resultado infectados.
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El mosquito común, principal transmisor
Uno de los aspectos que pueden resultar más desconocidos es que el principal vector en España no es el conocido mosquito tigre.
La transmisión está vinculada fundamentalmente a mosquitos del género Culex, especialmente el Culex pipiens, conocido popularmente como mosquito común. En algunas zonas del sur peninsular también interviene el Culex perexiguus.
Estos mosquitos llevan décadas presentes en España, tienen una actividad principalmente nocturna y pueden reproducirse en pequeñas acumulaciones de agua situadas cerca de las viviendas.
Macetas, recipientes, cubos, bebederos, canalones y otros puntos en los que el agua permanezca estancada pueden convertirse en criaderos.
¿Cómo llega el virus hasta las personas?
El ciclo natural del virus tiene como protagonistas fundamentales a aves y mosquitos.
Las aves funcionan como reservorio. Un mosquito puede infectarse al picar a un ave portadora y posteriormente transmitir el virus cuando pica a otros animales o a una persona.
Por este motivo, determinadas zonas húmedas presentan condiciones especialmente favorables para mantener el ciclo de transmisión.
Humedales, marjales, deltas, arrozales y entornos próximos a embalses reúnen agua, altas temperaturas, aves y grandes poblaciones de insectos.
La vigilancia sanitaria, por ello, no se limita a comprobar si aparecen casos humanos. También se analiza la presencia del virus en mosquitos, aves y caballos, que pueden actuar como indicadores de su circulación en una determinada zona.
El calor prolonga la temporada de riesgo
Las temperaturas tienen una influencia directa tanto sobre los mosquitos como sobre el propio virus.
Las noches cálidas favorecen una mayor supervivencia y actividad de los insectos, mientras que las temperaturas elevadas pueden acelerar la replicación del virus dentro del mosquito.
El resultado es que las condiciones adecuadas para la transmisión pueden mantenerse durante periodos cada vez más prolongados.
Tradicionalmente, la época de mayor actividad se situaba entre abril y octubre, aunque las alteraciones de los patrones climáticos pueden ampliar esta ventana.
El periodo de mayor incidencia suele concentrarse precisamente entre finales de agosto y principios de septiembre.
La mayoría de las personas infectadas no presenta síntomas
La presencia del virus no significa que todas las personas infectadas desarrollen una enfermedad grave.
Según los datos recogidos por los especialistas, aproximadamente el 80% de las infecciones son asintomáticas.
Alrededor de un 20% puede desarrollar síntomas generalmente leves, entre ellos fiebre, dolor de cabeza, cansancio o dolores musculares.
El problema se encuentra en un porcentaje mucho menor de pacientes. Menos del 1% desarrolla una enfermedad neuroinvasiva, que puede provocar cuadros como meningitis o encefalitis.
El riesgo de sufrir complicaciones aumenta especialmente entre personas mayores, pacientes inmunodeprimidos y personas con determinadas patologías previas.
El periodo de incubación suele situarse entre 3 y 14 días.
No se contagia normalmente entre personas
Otra diferencia importante respecto a otras enfermedades infecciosas es su forma de transmisión.
El virus del Nilo Occidental no se transmite habitualmente de una persona a otra. La principal vía de infección para los seres humanos es la picadura de un mosquito infectado.
Los humanos y los caballos son considerados generalmente huéspedes finales del ciclo epidemiológico: pueden enfermar, pero no desempeñan el mismo papel que las aves en el mantenimiento de la transmisión.
No existe un tratamiento antiviral específico
Actualmente no existe un tratamiento antiviral específico ni una vacuna de uso generalizado para prevenir la infección en humanos, por lo que reducir las picaduras continúa siendo una de las principales herramientas preventivas.
Las recomendaciones pasan por utilizar repelentes adecuados, instalar mosquiteras, emplear ropa que cubra la mayor superficie posible de piel cuando exista una elevada presencia de mosquitos y extremar las precauciones durante las horas de mayor actividad.
También resulta fundamental eliminar los pequeños depósitos de agua estancada alrededor de viviendas, terrazas y jardines.
La vigilancia de mosquitos, aves y caballos resulta fundamental
El control del virus se basa cada vez más en una estrategia conjunta que relaciona salud humana, animal y ambiental.
La aparición de animales infectados puede servir de señal de alerta antes incluso de que se produzcan casos humanos. De ahí que los programas de vigilancia estudien simultáneamente mosquitos, aves, caballos y posibles infecciones en personas.
El escenario de este verano refuerza precisamente esa vigilancia. Más calor durante más tiempo, abundante humedad y una elevada presencia de mosquitos pueden ampliar tanto las zonas de circulación del virus como el periodo durante el que existe riesgo de transmisión.
Y aunque la inmensa mayoría de las infecciones no provoca complicaciones graves, la posibilidad de desarrollar enfermedad neurológica en los grupos más vulnerables explica por qué las autoridades sanitarias mantienen especialmente controlada la evolución del virus del Nilo Occidental durante el verano de 2026.