Entre el ocaso y las cañas. Ximo Ves, fotógrafo de huerta y agua

Joaquín apunta el objetivo y sale la magia que despierta voces dormidas reclamando vida. Una mañana y una tarde bastan para atrapar el hechizo de aquel paisaje inmutable que aparece como extensión de sus ojos. Miradas, ritual de lo acontecido en el infinito y gran lago, su segunda casa. La Albufera corre por mis venas, dice.

Collidor. Foto Ximo Ves

Collidor. Foto Ximo Ves

La imagen de una cebera de mil y un años vencidos contempla la escena. Cebollas atrapadas por la madera, el cañizo y las tejas. Un mar de carxofes con las raíces engullidas en tierra moruna. Como moruno es el hombre que, inclinado, las decapita sin compasión, mientras ellas gritan ahogadas en el cesto de fondo interminable.

La imagen de una cebera de mil y un años vencidos contempla la escena. Cebollas atrapadas por la madera, el cañizo y las tejas. Un mar de carxofes con las raíces engullidas en tierra moruna.

La fotografía se congela para atrapar el vuelo abierto de los seis ánades. En el fondo desdibujado se intuyen cañas de verde y ocre, altivas, que callan la lejanía. Los coll-verds nadan entre aguas que vuelan destinos alejando las palabras. ¿Palabras? Una imagen cuenta mil travesías con alas. Sinfonías de amarillos, verdes, azules y anaranjados picos insultantes, colores que flotan como mensaje de vida y plumas. Hiriendo la brisa y el canto se dirigen al Edén distante, emigran, buscando el calor de otras aguas atrapadas por papiros, tal vez su Itaca.

Vuelos. Foto Ximo Ves

Vuelos. Foto Ximo Ves

El sol se oculta para que duerman sus rayos. Una pareja se convierte en espectadora de ese cielo caótico de luces y sombras. ¿Y el avión? Que pase pronto y que no interrumpa la melodía. Es la hora de las manos entrelazadas, de los sueños y de la pasión con besos infinitos de barca y remo.  

Atardecer. Foto Ximo Ves.

Atardecer. Foto Ximo Ves.

 El sol se oculta para que duerman sus rayos. Una pareja se convierte en espectadora de ese cielo caótico de luces y sombras.

Que no quiten la huerta, ni el agua, ni los xarxets, ni les carxofes, ni aquel ocaso que agonizante se aleja en la tarde despidiendo días y mares naranja. Contemplemos todavía estas imágenes fijas ajenas al tiempo. Que pare el viento y las flores. Que nunca se acabe ese crepúsculo despidiendo soles y atando las sombras. Que sólo se escuche la calma de los dioses.

 Contemplemos todavía estas imágenes fijas ajenas al tiempo. Que pare el viento y las flores. Que nunca se acabe ese crepúsculo despidiendo soles y atando las sombras. Que sólo se escuche la calma de los dioses.

Tres fotografías, dos manos y un alma, unos ojos llenos de magia, sin engaños. Joaquín Ves, nuestro Ximo, solitario, al que tan sólo le han bastado atrapar tres momentos entre el ocaso y las cañas. Se oye el canto de la noche y pronto se encenderán luceros. Para la cena, hervido de huerta, patatas, judías, sueños de agua y cebolla. All-i-pebre sin anguila. De postre FIN.

Valencia noticias Noticias de Valencia, Castellón y Alicante Periódico, prensa digital valenciano, Noticies en Valencià, noticias nacionales e internacionales.

HAZ UN DONATIVO: El periodismo independiente no se paga solo y la publicidad es solo de unos cuantos. Nadie nos dicta qué podemos publicar y qué no. Tampoco lo que tenemos que opinar o investigar. Es nuestro arma para acabar con la impunidad de los más poderosos.

Te necesitamos a ti también para seguir haciendo periodismo, libre e independiente. Las noticias son gratis, pero el periodismo no, ni para hacerlo ni para venderlo

4 Responses to "Entre el ocaso y las cañas. Ximo Ves, fotógrafo de huerta y agua"

  1. SALVADOR CIGES CARBONELL  21 de febrero de 2014 at 18:55

    Rafa , este personaje tiene bien merecida la exposición plasmada mediante tu maravilloso texto .
    Tengo la suerte de compartir parte de sus cacerías y me siento privilegiado.
    Gracias Rafa por tu artículo

    Responder
  2. Javier Luna  21 de febrero de 2014 at 19:52

    Rafael Solaz nos ofrece en ésta ocasión la mirada fotográfica de Ximo Ves Ibáñez centrada en la fecunda huerta, el majestuoso vuelo de los ánades y el impresionante e impactante crepúsculo de un marco incomparable como es el de la Albufera.
    Si las fotografías de Ximo no precisan de palabras que las expliciten, los textos de Rafael Solaz que las acompañan tampoco necesitan de imágen alguna que clarifique su precisión. Sin embargo, unas y otros alcanzan una simbiosis perfecta para ofrecernos una magistral descripción de ese paraiso natural, que es nuestra querida Albufera de Valencia.

    Responder
  3. Julio Cob  21 de febrero de 2014 at 19:56

    La puesta de sol es un momento mágico torno a la Albufera, y sus aguas un espejo dónde se mira el cielo mientras el hombre contempla y se relaja al tiempo que ve el disco dorado cómo se estira. Quién sabe si para abrazarse enamorado de tanta belleza. El pato, la anguila, el tomate del perelló son sus frutos y todo en su concierto es pura artesanía de su creador. Rafael Solaz en su hechizo de valencianía nos cuenta con su habitual maestría para que sepamos de mil y un detalle que como poeta que es, detecta para sus lectores. El avión en lo alto pasa de largo sin fijarse en la Albufera. Él se lo pierde.

    Responder
  4. Luis Carrasco  21 de febrero de 2014 at 20:11

    Ximo Ves fotografía con su cámara.
    Rafael Solaz fotografía con su pluma.

    Responder

Leave a Reply

Your email address will not be published.