La tarde del sábado dejó una imagen tan insólita como inquietante en el Aeropuerto de Valencia. Un joven de 24 años logró acceder al fuselaje de un avión comercial minutos antes del despegue y se subió al techo de la aeronave, provocando el retraso de más de dos horas de un vuelo con destino a Amsterdam.

El incidente ocurrió poco antes de las seis de la tarde, cuando el avión —operado por Vueling— se preparaba para salir a las 18:35 horas. Según fuentes de Aena, el hombre accedió a la aeronave sin autorización y comenzó a moverse por la parte superior del avión, generando una situación de riesgo evidente.
Intervención urgente de la Guardia Civil
Ante la gravedad de la escena, el aeropuerto activó de inmediato los protocolos de seguridad y avisó a la Guardia Civil, cuyos agentes se desplazaron rápidamente hasta la pista. Tras varios minutos de tensión, lograron que el joven descendiera del avión sin que se produjeran daños personales ni materiales.
Los sanitarios del CICU trasladaron al hombre al Hospital General de Valencia, donde fue atendido al presentar un estado psíquico alterado.
Vídeos virales y preocupación entre los testigos
Las imágenes del suceso, grabadas por otros pasajeros y difundidas en redes sociales, muestran al joven caminando y corriendo sobre el avión, gritando y realizando gestos erráticos. En los vídeos se escuchan comentarios de incredulidad y miedo: preguntas sobre cómo había logrado subir y advertencias sobre el peligro real de una caída desde esa altura.
En algunos momentos, según relatan testigos, el joven incluso bebió un líquido y lo escupió alrededor de la aeronave, mientras personal del aeropuerto rodeaba la zona intentando controlar la situación.
Denuncia y consecuencias para el tráfico aéreo
El hombre fue denunciado por infringir la normativa de seguridad aérea. El vuelo afectado acumuló un retraso superior a dos horas y el incidente tuvo impacto en la operativa del aeropuerto durante parte de la tarde, obligando a extremar las medidas de seguridad.
Más allá del retraso y las molestias a los pasajeros, la escena dejó una sensación de inquietud: una imagen poco habitual que recordó lo frágil que puede ser la normalidad en un aeropuerto y la importancia de los protocolos de seguridad ante situaciones imprevisibles.


