Un mapa de peligrosidad por inundación fluvial de la Safor, correspondiente a un periodo de retorno de 500 años, ha reabierto el debate sobre la seguridad de las poblaciones valencianas ante las lluvias torrenciales. Mientras algunas voces cuestionan la antigüedad de los modelos hidráulicos, la documentación oficial demuestra que se han realizado revisiones en 2019 y 2026. Sin embargo, todavía queda una pregunta fundamental: ¿reflejan estos mapas todos los riesgos reales a los que se enfrentan los municipios de la comarca?
Las inundaciones vuelven a situar a la Safor en el centro del debate sobre la prevención de catástrofes naturales.
Tras las intensas precipitaciones asociadas a la DANA Adam, un mapa difundido en redes sociales ha despertado preocupación entre numerosos ciudadanos.
La imagen muestra amplias superficies coloreadas de azul a lo largo del litoral valenciano, con especial presencia en la Ribera Baixa, la Safor y el norte de Alicante.
Su autor, el divulgador meteorológico SamuRivas, lo identifica como un mapa de peligrosidad por inundación fluvial correspondiente a un periodo de retorno de 500 años.
La publicación ha generado reacciones, preguntas y críticas sobre el estado de los estudios utilizados para determinar qué zonas podrían quedar bajo el agua.
Uno de los comentarios sostiene que los modelos hidráulicos están completamente desfasados, que llevan quince años sin actualizarse y que no utilizan una metodología conocida como rain on grid.
Pero ¿qué hay de cierto en estas afirmaciones?
La revisión de los documentos oficiales permite comprobar que los mapas de inundabilidad sí han experimentado actualizaciones, aunque eso no significa que todos los cauces valencianos dispongan de modelos recientes ni que todas las formas de inundación estén representadas.
Índice de contenidos
¿Qué significa realmente un mapa de inundación de 500 años?
La primera cuestión que conviene aclarar es el significado de la expresión T=500 años.
No significa que una inundación de esa magnitud vaya a producirse una vez cada cinco siglos.
Tampoco que, después de una gran inundación, deban transcurrir otros 500 años para que pueda repetirse.
El denominado periodo de retorno es un concepto estadístico utilizado en hidrología.
Un periodo de retorno de 500 años corresponde, en términos generales, a una probabilidad anual estimada del 0,2 % de que se iguale o supere la magnitud considerada.
Esto implica que el fenómeno puede producirse en cualquier momento.
Incluso podría repetirse en años consecutivos.
Además, el cálculo depende de los datos y de las hipótesis empleados en el estudio.
Por eso, la expresión «inundación de 500 años» puede resultar engañosa cuando se utiliza sin explicar su significado.
El mapa representa un escenario de peligrosidad potencial, no una predicción de lo que sucederá en una fecha concreta.
Las zonas azules no significan que todo esté inundado
Las superficies coloreadas de azul indican terrenos que podrían verse afectados en el escenario representado por la cartografía.
No significa que estuvieran inundados el día en que se difundió la imagen.
Tampoco que todas las áreas azules vayan a registrar la misma profundidad de agua.
Para conocer ese dato es necesario consultar las capas específicas de calados y, cuando estén disponibles, de velocidades del agua.
La diferencia resulta fundamental.
Una zona donde el agua alcance unos pocos centímetros no presenta necesariamente el mismo peligro que otra donde la inundación supere un metro y exista una corriente de gran velocidad.
También es importante recordar que el mapa compartido abarca territorios situados fuera de la Safor, incluyendo parte de la Ribera Baixa y del norte de Alicante.
Por tanto, no toda la superficie azul de la imagen pertenece a una única comarca.
La Confederación del Júcar revisó los mapas de la Safor en 2019
Una de las principales afirmaciones difundidas en redes sociales sostiene que los modelos hidráulicos llevan quince años sin actualizarse.
Sin embargo, la documentación de la Confederación Hidrográfica del Júcar obliga a matizar esa acusación.
El 13 de noviembre de 2019, la Confederación organizó en el Ayuntamiento de Oliva una jornada dedicada a presentar la revisión de los mapas de peligrosidad por inundación.
La información oficial señalaba expresamente que se habían presentado mapas correspondientes a las cuencas de la Safor situadas entre el barranc de Beniopa y los cauces de Oliva.
La jornada permitió explicar los criterios metodológicos utilizados y el proceso de consulta pública.
Estos trabajos formaban parte de la revisión del Plan de Gestión del Riesgo de Inundación de la demarcación hidrográfica del Júcar.
La información demuestra que existió una revisión cartográfica posterior a 2011.
Sin embargo, no permite asegurar que todos los estudios hidráulicos de la comarca fueran elaborados desde cero en aquella fecha.
Una revisión puede incorporar nuevos datos, modificar zonas concretas o mantener determinadas bases técnicas anteriores.
La fecha de publicación de un mapa y la antigüedad del modelo utilizado para generarlo no son necesariamente iguales.
Esta diferencia es esencial para valorar su fiabilidad.
Nuevas actualizaciones anunciadas en marzo de 2026
La Confederación Hidrográfica del Júcar volvió a anunciar trabajos de revisión el 12 de marzo de 2026.
Según la información publicada por el propio organismo, la nueva cartografía incorpora tres áreas adicionales de riesgo potencial significativo de inundación.
También añade cuatro nuevos subtramos, con más de 70 kilómetros de cauces.
Además, se actualizaron los mapas de 18 subtramos que ya figuraban en ciclos anteriores.
La revisión forma parte de la preparación del tercer ciclo del Plan de Gestión del Riesgo de Inundación, correspondiente al periodo 2028-2032.
Estos datos descartan que pueda afirmarse, de manera general, que toda la cartografía de la demarcación del Júcar permanece sin actualizar desde hace quince años.
Pero existe una cuestión pendiente.
La actualización anunciada en marzo de 2026 no demuestra, por sí sola, que todos los cauces de la Safor hayan sido recalculados con los datos más recientes.
Para comprobarlo es necesario identificar los subtramos concretos y consultar sus estudios técnicos.
Un documento técnico revela cómo se modelaron el Serpis y los barrancos de la Safor
La documentación del segundo ciclo de mapas de peligrosidad aporta información más específica.
La Confederación dispone de una memoria técnica sobre el área de riesgo que comprende los ríos Serpis y Vernissa y los barrancos de Beniopa y Piles.
El informe recoge los modelos utilizados, los caudales calculados y las características de las simulaciones hidráulicas.
En las tablas se presentan escenarios asociados a distintos periodos de retorno.
Por ejemplo, para un escenario T=500, la documentación recoge un caudal punta de 3.605 metros cúbicos por segundo para el Serpis y de 471 metros cúbicos por segundo para el barranco de Beniopa, según los puntos y condiciones de cálculo especificados en el estudio.
Estas cifras no describen el caudal real registrado durante la reciente DANA.
Son resultados de escenarios técnicos utilizados para elaborar la cartografía.
Lo importante es que existen estudios diferenciados para distintos cauces y que sus características deben examinarse individualmente.
No sería riguroso concluir que todos los modelos están obsoletos únicamente a partir de una captura de pantalla.
Pero tampoco sería correcto considerar que todos reflejan perfectamente las condiciones actuales sin revisar su metodología.
¿Qué es el «rain on grid» y por qué puede ser importante?
Otro de los comentarios cuestiona que los modelos utilizados no incorporen la metodología denominada rain on grid, expresión inglesa que significa aplicar la lluvia directamente sobre una malla de cálculo.
Se trata de una técnica utilizada en simulaciones hidrológicas e hidráulicas bidimensionales.
En términos sencillos, consiste en dividir digitalmente el terreno en numerosas celdas y aplicar sobre ellas una determinada lluvia.
El programa calcula cómo se acumula y circula el agua en función de la pendiente, la topografía, la infiltración y otros parámetros del modelo.
Esta metodología resulta útil para estudiar inundaciones que no se producen exclusivamente por el desbordamiento de grandes ríos.
También puede ayudar a representar la escorrentía superficial, la circulación del agua por calles y las acumulaciones en zonas urbanas.
Esto tiene especial importancia en territorios mediterráneos, donde las lluvias intensas pueden provocar problemas en barrancos pequeños, ramblas y áreas con dificultades de drenaje.
Sin embargo, no existe una única técnica válida para todos los estudios.
Los modelos tradicionales pueden incorporar simulaciones hidráulicas complejas y alcanzar resultados adecuados para determinados objetivos.
La utilización de rain on grid tampoco garantiza por sí sola que una predicción sea correcta.
La calidad del resultado depende de muchos otros factores, incluidos los datos del terreno, la resolución del modelo y las hipótesis de cálculo.
Por ahora, no se ha acreditado que todos los mapas de la Safor carezcan de esta metodología.
El gran problema: no todas las inundaciones proceden de un río desbordado
La preocupación por la metodología utilizada está relacionada con una cuestión que merece especial atención.
No todas las inundaciones se producen cuando un río supera sus márgenes.
También pueden aparecer cuando llueve con tanta intensidad que el terreno y las infraestructuras de drenaje no consiguen absorber o evacuar el agua.
Este fenómeno se conoce como inundación pluvial.
En zonas urbanas, las calles pueden convertirse en vías de circulación del agua.
Los pasos inferiores, garajes y puntos topográficamente bajos pueden acumular grandes cantidades en poco tiempo.
En otras ocasiones, pequeños barrancos que permanecen secos durante buena parte del año pueden experimentar crecidas extraordinariamente rápidas.
Por eso resulta importante distinguir entre la cartografía de inundabilidad fluvial y los estudios de inundaciones producidas por lluvia directa.
Un mapa que represente adecuadamente el desbordamiento de un río no necesariamente recoge todos los problemas que pueden producirse en un municipio.
Y la ausencia de color azul en una determinada calle no significa que esté libre de cualquier peligro.
El propio Ministerio para la Transición Ecológica advierte de que todavía no se han cartografiado todas las zonas inundables de España.
¿Están todos los barrancos de la Safor estudiados?
La Safor cuenta con una red hidrográfica compleja.
El río Serpis, el Vernissa, el barranc de Beniopa y los numerosos cauces que descienden desde las montañas hacia el litoral presentan comportamientos diferentes.
A ello se suma la presencia de zonas bajas, áreas agrícolas, urbanizaciones y núcleos urbanos próximos al mar.
En determinados lugares también puede influir la capacidad de evacuación del agua hacia la costa.
Por tanto, hablar de un único modelo hidráulico de la Safor puede resultar impreciso.
Existen distintos ámbitos de estudio y diferentes fuentes de cartografía.
Para determinar si un municipio dispone de información suficientemente actualizada habría que conocer la fecha del modelo empleado, la topografía utilizada, los cauces incluidos y los datos hidrológicos de referencia.
También sería necesario comprobar si se han incorporado las modificaciones urbanísticas y las obras hidráulicas realizadas posteriormente.
Sin esta documentación, no es posible emitir un diagnóstico técnico completo sobre la actualización de todos los mapas.
La revisión del PATRICOVA amplía un 61,2 % las superficies identificadas como peligrosas en la zona de la DANA de 2024
La discusión sobre los mapas de inundabilidad adquiere especial relevancia después de los cambios anunciados por la Generalitat Valenciana.
El 15 de octubre de 2026, la Administración autonómica presentó la primera fase de revisión del Plan de Acción Territorial sobre Prevención del Riesgo de Inundación en la Comunitat Valenciana, conocido como PATRICOVA.
Los resultados muestran un aumento del 61,2 % en la superficie identificada con peligrosidad por inundación dentro de los territorios estudiados afectados por la DANA del 29 de octubre de 2024.
La extensión considerada pasó de 27.162 a 43.779 hectáreas.
La revisión afecta, en esta primera fase, a ámbitos como l’Horta Sud, el bajo Turia y las cuencas del Magro.
Este incremento no significa necesariamente que todo el peligro físico haya aumentado en esa proporción desde 2024.
Significa que la revisión identifica una superficie potencialmente inundable mayor que la contemplada anteriormente.
Es una diferencia fundamental.
Los nuevos estudios pueden detectar riesgos que no estaban representados adecuadamente en la cartografía previa.
También pueden incorporar datos que modifican la extensión de las áreas consideradas peligrosas.
Conviene aclarar, además, que este aumento del 61,2 % no corresponde específicamente a la Safor, sino al territorio analizado en la primera fase de revisión del PATRICOVA.
¿Y qué ocurre con las lluvias extraordinarias de octubre de 2026?
La DANA Adam ha vuelto a poner a prueba la capacidad de respuesta del territorio valenciano.
Las intensas precipitaciones registradas en distintas localidades y las inundaciones asociadas al episodio constituyen información relevante para mejorar los estudios futuros.
Sin embargo, no es correcto comparar directamente la cantidad de lluvia caída en una localidad con el periodo de retorno representado en un mapa de inundación.
Una precipitación excepcional no tiene necesariamente el mismo periodo de retorno que el caudal de un río o la superficie inundada.
Son variables diferentes.
Para determinar si los modelos existentes representaron adecuadamente el episodio sería necesario analizar los datos registrados, las zonas realmente afectadas y los resultados previstos por las simulaciones.
Esa comparación permitiría identificar posibles diferencias y determinar qué mapas necesitan una revisión prioritaria.
Las observaciones de una inundación real pueden resultar especialmente valiosas para calibrar y mejorar los modelos.
Pero una sola imagen publicada en redes sociales no permite realizar ese análisis.
¿Cómo puede saber un vecino si su vivienda está en una zona inundable?
Existen herramientas oficiales de consulta pública.
La principal es el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica.
Su visor permite consultar distintas capas de peligrosidad y riesgo.
Entre ellas figuran los escenarios correspondientes a periodos de retorno de 10, 100 y 500 años, cuando existe cartografía disponible para la zona.
La Generalitat Valenciana también dispone de información cartográfica vinculada al PATRICOVA.
Ambas fuentes resultan complementarias, aunque tienen objetivos y metodologías que no siempre coinciden.
Para interpretar correctamente la información es necesario consultar la leyenda, identificar la capa seleccionada y comprobar si existen datos específicos del lugar estudiado.
Una parcela o vivienda situada fuera de las zonas coloreadas no debe considerarse automáticamente segura.
En caso de una emergencia real, las indicaciones de Protección Civil, los avisos oficiales y las restricciones de acceso prevalecen sobre cualquier interpretación personal de un mapa histórico de peligrosidad.
Las preguntas que todavía deben responder las administraciones
La controversia generada por la publicación del mapa deja varios interrogantes relevantes.
El primero es conocer la fecha exacta de los estudios hidráulicos utilizados para representar cada tramo de la Safor.
El segundo, determinar qué zonas han sido actualizadas durante los últimos ciclos de revisión.
El tercero, aclarar si los modelos incorporan adecuadamente las inundaciones por lluvia directa, el comportamiento de los pequeños barrancos y las limitaciones de los sistemas urbanos de drenaje.
También resulta necesario conocer cómo se incorporarán las observaciones de los últimos episodios de lluvias extraordinarias.
La publicación de los modelos técnicos, sus fechas, sus limitaciones y las sucesivas modificaciones permitiría que los ciudadanos comprendieran mejor el riesgo al que están expuestos.
Además, facilitaría el trabajo de los ayuntamientos a la hora de planificar infraestructuras, establecer medidas preventivas y revisar los usos del suelo.
La conclusión: ni todos los mapas están obsoletos ni todos los riesgos están resueltos
La información oficial permite establecer una conclusión clara.
No es cierto, como afirmación general, que los mapas de inundabilidad de la demarcación del Júcar lleven quince años sin actualizarse.
Existen revisiones documentadas en 2019 y actualizaciones anunciadas en marzo de 2026.
También se dispone de estudios técnicos específicos sobre el Serpis, el Vernissa y distintos barrancos de la Safor.
Pero eso no significa que todos los modelos estén igualmente actualizados ni que reflejen todas las posibles formas de inundación.
La fecha de actualización de una base cartográfica nacional tampoco garantiza que cada uno de sus tramos haya sido recalculado recientemente.
Y las graves inundaciones de los últimos años han demostrado la importancia de revisar continuamente el conocimiento disponible.
La verdadera pregunta no es solamente si los mapas son antiguos. Es si representan suficientemente bien el riesgo que hoy existe en las calles, barrancos, urbanizaciones y zonas agrícolas de la Safor.
Porque conocer dónde puede llegar el agua no es una cuestión exclusivamente técnica.
Puede determinar dónde se construyen viviendas, qué carreteras necesitan protección, cómo se organizan las evacuaciones y qué medidas deben adoptarse antes de que llegue el siguiente temporal.
Los mapas de inundabilidad no deben servir para tranquilizar artificialmente a la población ni para generar alarmismo. Deben servir para anticiparse a las catástrofes. Y para conseguirlo es imprescindible que sean transparentes, rigurosos y estén sometidos a revisión permanente.







