**Alicante, 23 de noviembre**
La última gran fosa del cementerio de Alicante, la número nueve, aún guarda los restos de 52 víctimas del franquismo que esperan ser exhumados para ofrecerles un adiós digno y reparación. Un proyecto de intervención arqueológica, actualmente redactado, busca allanar el camino para la identificación y homenaje de aquellos que fueron fusilados.
José Ramón García Gandía, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Alicante, junto a Jorge García Fernández, director gerente de Drakkar Consultores, trabajan en colaboración con la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo Cementerio de Alicante en esta iniciativa. García Gandía explica que, debido a la diversidad geográfica de las víctimas, ningún ayuntamiento había promovido anteriormente la intervención en esta fosa.
El Ayuntamiento de Aspe ha dado un paso adelante al solicitar una subvención de la Generalitat Valenciana para desarrollar la primera fase del proyecto. La meta es redactar el documento de intervención arqueológica, esperando que en la segunda fase de exhumación se dispongan de fondos adicionales. Aunque solo hay una víctima de Aspe, este ayuntamiento ha sido pionero en impulsar la solicitud, relata García Gandía.
La búsqueda de familiares es compleja debido a la dispersión geográfica de las víctimas, con individuos procedentes de diversas provincias. García Gandía señala que muchos de los enterrados murieron siendo jóvenes, lo que dificulta rastrear a sus familiares tras ocho décadas. Sin embargo, han logrado localizar a algunos familiares, entre ellos a una persona de Aspe y a una bisnieta del militar republicano Antonio Ortega, residente en Nueva York.
El director de Drakkar Consultores subraya la necesidad de hallar el mayor número posible de parientes para obtener ADN que permita identificar los restos. Pese a que el proyecto ya está entregado, su naturaleza es “viva”, requiriendo continuo trabajo para completar la genealogía de las víctimas.
García Gandía afirma que el objetivo primordial es la reparación. Recuerda que, más allá de posiciones políticas, existe una tradición cultural de rendir homenaje a los ancestros. Los familiares, hasta ahora privados de la oportunidad de honrar a sus seres queridos, merecen realizar un entierro digno.
La participación en este proyecto implica para los investigadores un compromiso moral para ayudar a recuperar los cuerpos de las víctimas, un esfuerzo que tiene un profundo impacto emocional. Ambos profesionales coinciden en que el cierre del ciclo se produce cuando los restos pueden ser entregados a los familiares, quienes lo agradecen profundamente.