Alicante, 23 de noviembre — En el cementerio de Alicante se encuentra “la última gran fosa” pendiente de abrir, una sepultura que alberga los restos de 52 víctimas del franquismo provenientes de diferentes regiones de España. Un proyecto de intervención arqueológica ya está elaborado, con la esperanza de que los familiares de estas personas puedan obtener una “reparación” y ofrecerles un “entierro digno”.
La iniciativa fue explicada por José Ramón García Gandía, profesor del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante, y Jorge García Fernández, arqueólogo y director gerente de Drakkar Consultores. Ambos participan en el proyecto, que se realiza junto a la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo Cementerio de Alicante.
García Gandía destacó que la dispersión geográfica de las víctimas ha mantenido a los ayuntamientos sin tomar acción para promover excavaciones. Sin embargo, la situación cambió cuando el Ayuntamiento de Aspe solicitó una subvención de la Generalitat Valenciana para iniciar el proceso. El objetivo es avanzar hacia la segunda fase, que consistiría en la exhumación, siempre y cuando se obtengan los fondos necesarios.
El profesor detalló la “complejidad” de localizar a familiares de las víctimas, dado que muchas personas enterradas aquí llegaron entre abril y mayo de 1939 procedimientos de diversas regiones de España. Sin embargo, se han identificado algunos familiares, entre ellos una mujer en Nueva York que es bisnieta del militar republicano Antonio Ortega, quien también está enterrado en la fosa.
Jorge García Fernández enfatizó la importancia de encontrar el mayor número de familiares posible para facilitar la identificación de los restos mediante pruebas de ADN. Aunque el documento del proyecto ya se ha entregado, el trabajo de rastreo continúa para lograr el objetivo final de la intervención arqueológica.
Ambos coinciden en que el trabajo busca una “reparación” para las víctimas y sus familias. García Gandía subrayó que los registros del cementerio han permitido identificar la ubicación exacta de los restos, y consideró necesario darles una sepultura adecuada para que sus familiares puedan rendir homenaje de manera digna.
La emotividad del proyecto se acentúa en el momento de la exhumación, cuando los restos son entregados a los familiares que agradecen cerrar un círculo de más de 80 años de historia familiar truncada.