Mays no lo dudó y recurrió a una insólita maniobra para distraer a sus rivales. De repente, se lleva las manos al pecho y se desploma. Lo que el pobre no imaginaba es que nadie le haría caso y el juego seguiría su curso, por lo que ni corto ni perezoso, el jugador, harto de esperar a que alguien le preste atención, se vuelve a levantar como si no hubiera pasado nada.
Finge un ataque al corazón para así distraer a sus rivales