Héroe en el balcón, enemigo en el rellano

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EFEMadrid Letreros que invitan a marcharse, manchas de lejía en la puerta, un coche pintado con espray: “Rata contagiosa”. Además de matar, en algunos casos el coronavirus ha convertido la empatía en una cuestión de distancia: la que va de la ventana de los aplausos de cada tarde a las zonas comunes compartidas con el vecino expuesto por trabajo a la enfermedad.

Hablan los ejemplos. El médico Jesús y la cajera Miriam, señalados en carteles del bloque de pisos donde residen. Leo, enfermero, a quien recomiendan un hotel para descansar las horas fuera del hospital. La ginecóloga Silvana, sorprendida al encontrar en el garaje de la comunidad su vehículo transformado en un mural de insultos. O José Antonio, carnicero, destinatario de un sobre anónimo.

Alcázar de San Juan, Ciudad Real: “Hola, vecino. Sabemos de tu buena labor en el hospital y se agradece, pero debes pensar también en tus vecinos. Aquí hay niños y ancianos. Hay lugares como el Barataria, donde están alojando a profesionales. Mientras esto dure, te pido que lo pienses”.

La madre de Jesús, médico de familia en el hospital La Mancha Centro, que mantiene hospitalizados a 203 personas con positivo por coronavirus, dio la voz de alarma en su perfil de Facebook. Nacido en las Islas Canarias pero con un puesto de trabajo en la Península, la amenaza, al contrario, le ha facilitado ayuda emocional, comida y ofertas de alojamientos.

Jesús aseguró a Efe que sintió tristeza después de un mes dejándose “el lomo en el hospital”, no sin antes aplaudir el comportamiento “genial y ejemplar” de la mayoría de la ciudadanía, a la que agradece el apoyo mostrado desde el inicio de la pandemia.

La alcaldesa de Alcázar de San Juan le entregó una carta de agradecimiento por el esfuerzo dedicado a la atención de los enfermos, en tanto que el cartel que le invitaba a marcharse fue reemplazado por uno bien distinto, que destacaba: “Aquí vive un héroe”.

Cartagena, Murcia: “Somos tus vecinos y queremos pedirte por el bien de todos que te busques otra vivienda mientras dura esto, ya que hemos visto que trabajas en un supermercado y aquí vivimos muchas personas. No queremos más riesgo”.

El hijo de Míriam sobrevive con 10 años al castigo de no poder salir de casa. La inocencia de la edad lo llevó a creer que el folio escrito a rotulador que había encontrado en el rellano lo único que pedía a su madre era buscar una casa nueva porque trabajaba en un supermercado. El pequeño rompió a llorar.

Su madre, que supo descifrar el mensaje, no se achantó y respondió al anónimo con una nota, firmada por ella, que pegó al lado de la original en el recibidor del edificio.

“Soy la vecina del 3º izquierda. A los valientes que dejan notas anónimas os diré varias cosas: ‘Sí trabajo en un supermercado, con lo cual gracias a nosotros vosotros coméis cada día'”, comenzaba la réplica, en la cual reprochaba recibir lecciones de limpieza cuando al llegar a casa no puede dar un beso a sus hijos y reclamaba “empatía” en lugar de “tanto aplauso” durante la ovación de las ocho de la tarde para las personas obligadas a trabajar fuera de casa.

“Estamos ayudando a muchas personas aun poniéndonos nosotros en riesgo. Me parece cobarde, no hay derecho”, afirmó Míriam a Efe.

Barcelona, mes de abril. Silvana entra en el garaje para coger el coche rumbo a una nueva jornada de trabajo como ginecóloga, pero en el lateral de la puerta del conductor han pintado “Rata contagiosa” con espray negro sobre la carrocería blanca. Según ha confirmado, antes de asistir a una mujer de parto la doctora ha denunciado los hechos a los Mossos d’Esquadra.

En la carnicería de un hipermercado de Noia (A Coruña) trabaja José Antonio, natural de Gijón (Asturias), que, cuando en la puerta de su edificio vio un sobre en blanco, pensó que sería por el bullicio armado por su hijo, de dos años, pero se equivocaba. Era una nota en mayúsculas, sin firma, en la que se le pedía que buscara otro lugar, porque su trabajo suponía un peligro para la comunidad.

A su mujer, embarazada de cinco meses, le entró un ataque de pánico. Hablaron con todos los residentes y encontraron apoyo en ellos y mensajes de aliento. No saben qué ha pasado ni quién ha podido ir a depositar el sobre, ha contado a Efe.

Madrid, finales de marzo. Con dos décadas de experiencia como enfermero en centros de salud, Leo dio positivo en coronavirus, comenzó el aislamiento en casa y un vecino se interesó por su estado de salud, relató a la Cadena SER. En la visita de unos amigos, que se han prestado voluntarios para hacerle la compra, se percató de unas manchas de lejía en la puerta de la vivienda, luego reconocidas por ese vecino, que se comprometió a dejar la tarea a la encargada de la limpieza.

El Consejo General de la Enfermería ha puesto a disposición de los facultativos asesorías jurídicas en el caso de que las quejas contra los profesionales sean “susceptibles de denuncia ante el juzgado”, según ha manifestado a Efe José Luis Cobos, vicesecretario general, que ha tachado las amenazas de “minoritarias” pero “muy reprobables”.

De la ira también saben los ancianos en la provincia de Cádiz, donde una lluvia de piedras por parte de un grupo de vecinos vinculados al narcotráfico, según fuentes policiales, recibió en La Línea de la Concepción el pasado 24 de marzo a un autobús y varias ambulancias que desplazaban a una veintena de mayores con coronavirus desde una residencia, foco de contagio, en Alcalá del Valle.

La Policía Nacional ha anunciado que investigará como delitos de odio el acoso a los profesionales expuestos al coronavirus.

¿Son los carteles contra profesionales expuestos al coronavirus un delito de odio? Expertos juristas se pronuncian

 
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   “Por favor, no vuelvas”; “Queremos pedirte por el bien de todos que te busques otra vivienda”; “Mientras esto dure, te pido que consideres mudarte”. Estas frases son parte de mensajes que han escrito algunos vecinos y colgado en zonas comunes de edificios o incluso en viviendas en los que conviven con profesionales sanitarios, empleados de supermercados o trabajadores expuestos diariamente al Covid-19 y que, según juristas, podrían ser considerados injurias o, incluso, un delito contra la integridad moral, pero no un delito de odio.

Así lo ha manifestado en declaraciones a Europa Press la fiscal Susana Gisbert, coordinadora de la sección de Tutela Penal de la Igualdad y contra la Discriminación en Valencia, quien ha indicado que actualmente no se está tramitando desde su departamento ninguna diligencia por este tipo de mensajes “nada morales”, ha dicho.

La fiscal, que señala que esta consideración es compartida por compañeros de su especialidad en el conjunto del país, ha explicado que estos mensajes son, sin duda, una conducta “reprochable”, “mezquina y cobarde”, que en algunos casos podría enmarcarse en injurias –si hubiera insultos– o en delitos contra la integridad moral, pero ha aclarado que no tienen cabida en los denomiandos delitos de odio.

Al respecto, ha recordado que para ser considerado delito de odio, según la legislación, se tiene que tratar de una acción que humille o menosprecie o bien, si es una expresión, dirigirse a un colectivo vulnerable o incitar a la discriminación o al odio. Requisitos que en los carteles que los afectados están haciendo públicos a través de redes sociales y medios de comunicación, no se darían.

“Esos mensajes derrochan una mezquindad tremenda, pero no hay un colectivo vulnerable ni una acción de discriminación hacia ningún grupo colectivo. Tampoco se incita al odio”, ha aclarado.

La fiscal también ha advertido de mensajes en redes sociales contra el Gobierno, extranjeros o ciudadanos chinos como consecuencia de la expansión del Covid-19 pero, por el momento, ha descartado que igualmente puedan considerarse un delito de odio.

“Todo eso no son delitos de odio, son insultos a funcionarios públicos en el ejercicio de su cargo, o injurias. Son expresiones que destilan odio pero no pueden enmarcarse en la tipificación de delito de odio. No tienen esa gravedad”, ha expuesto.

Sergio Perea

 

 

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