Iciar Bollaín: “El mensaje racista está resurgiendo en todas partes”

descarga (11)La improbable historia de un niño pobre y mulato que llega a estrella de Royal Ballet de Londres solo puede explicarse por Cuba. Por sus glorias y sus miserias. Carlos Acosta ha transitado esa vida y está en San Sebastián para contarla a través de la mirada de Iciar Bollaín: Yuli es la película con la que la cineasta compite por la Concha de Oro. Bollaín, Acosta y sus actores son los protagonistas del veraniago otoño de la ciudad: aunque Yuli no escapa a los convencionalismos de los biopics, ha recibido aplausos en los primeros pases.

“La autobiografía de Acosta (No way home) tenía tantas cosas: el tema racial, la vida de su familia que va en paralelo a los últimos 40 años de Cuba, y la historia de alguien que ha vivido fuera pero no renuncia a su país”, enumera Bollaín en una entrevista para RTVE.es. La vida de Acosta está interpretada por el propio Acosta en su madurez, comprometido del todo con la exposición de su historia.

Bollaín habla de su película como un anti-Billy Elliot: la historia de un niño que no quiere bailar. Como detrás de tantos bailarines, o deportistas de élite, hay un progenitor obsesionado por desarrollar el talento de su vástago. “Siempre. Aquí además está la profesora de la academia de baile, que nos confesó que solamente al verle sentado, antes de que bailase, supo que ese niño tenía algo especial”.

Hay más: el padre autoritario tiene la visión de que el de su hijo es el triunfo histórico de la superación del descendiente de esclavos. La carga en la mochila del niño es abrumadora y Yuli deja abierta la pregunta fundamental: ¿Hasta qué punto Acosta piensa que el peaje valió la pena?

“Es un sacrificio brutal y hay también una responsabilidad con el talento”, piensa Bollaín “Nosotros elegimos una manera de contarlo: no vemos los teatros llenos. Pero estuve en la despedida de Acosta en el Albert Hall y ver a gente llorando por lo que les había dado fue impresionante. Y supongo que algo de eso que da la danza es importante”,

Cuba, símbolo de la lucha ideológica del siglo XX, se aborda en su plena contradicción. “Ves cosas que no te gustan nada, que no funcionan, gente con dificultades económicas tremendas. Pero en los países de alrededor hay una violencia terrible, armas, pandillas, la vida no vale nada. Y en Cuba hay una cohesión social. Estuvimos cuando el huracán Irma (2017) y había un gran despliegue y organización social para que nadie se quedase atrapado. Con lo que me quedo es con su gente y capacidad de supervivencia”.

Por el camino, Bollaín (y su guionista y pareja Paul Laverty) reflexionan sobre los hijos de la esclavitud: pasarán varias generaciones hasta que el sufrimiento deje de transmitirse. “Es un biznieto de esclavos que acaba siendo Romeo, el príncipe blanco, en Londres. Es potente. Y además ahora el racismo lo perpetúa mucha gente como el señor Donald Trump. El mensaje racista sigue vivo en todas partes, está resurgiendo en toda Europa. La gente me pregunta: ¿hay racismo en Cuba? Y yo digo: ¿pero dónde no lo hay?”.

Pese a las excepciones magistrales (con Las zapatillas rojas a la cabeza) el mundo del ballet y las narraciones cinematográficas tienen un encaje peligroso. “En las películas sobe el mundo del ballet, el ballet importa poco, suele ser la excusa para contar otra cosa. Apostamos por hacer la película diferente. Mostrar a través del ballet su soledad, la fama con los claroscuros”, describe sobre las coreografías de María Rovira para su película.

Al mismo tiempo que Bollaín promociona su película, el Festival de Cine de San Sebastián firmaba la Carta por la Paridad y la Inclusión de las Mujeres en el Cine. Bollaín celebra el momento. “La desigualdad es un tema que antes no estaba en la mesa y ahora se debate. Allí donde hay decisión, hay muy pocas mujeres. Todo el mundo ya es muy consciente”.

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