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El supervisor de llamadas al 112: “La sensación era que estábamos ante un diluvio universal”
El pasado turno en el servicio de emergencias 112 ya contaba con refuerzos cuando el supervisor llegó a las instalaciones, según explicó ante los medios. Estaba a cargo de la supervisión de llamadas durante aquella tarde crítica. Durante su declaración, admitió, junto con otros profesionales, enfrentar problemas telefónicos al atender las incidencias reportadas. Cuando esto sucede, suelen activar un mensaje grabado que alerta a los usuarios sobre el problema. Estos mensajes son preseleccionados, como el que se utiliza durante lluvias intensas, y se empleó en dos ocasiones aquel día.
Algunas comunicaciones presentaban dificultades, con mensajes inaudibles o sin sonido alguno. Él mismo reconoció que algunos ciudadanos probablemente escucharon la locución “este número no existe” durante el colapso provocado por el gran volumen de llamadas entrantes.
Este responsable describió cómo evolucionaron las llamadas según avanzaba su turno. Al inicio, provenían de Requena-Utiel. Luego, alrededor de las 17:00 horas, comenzaron a llegar desde La Ribera, Chiva y Cheste, y a partir de las 19:00 horas, se concentraron en la zona del barranco del Poyo. Recordó haber dialogado directamente con la Guardia Civil para evitar que los casos se remitieran nuevamente al 112, pidiendo que fueran gestionados directamente por ellos.
Cuando el supervisor arribó al centro, ya se había informado sobre dos fallecimientos en Utiel. También señaló la presencia de Emilio Argüeso, secretario autonómico de Emergencias, en la sala de atención de llamadas. Argüeso lo confirmó en su momento, explicando que estaba recibiendo mensajes de socorro en su móvil que no se podían gestionar. En particular, policías locales de Picanya solicitaban ayuda al no poder dirigir el tráfico tras el desbordamiento del barranco. La impresión del supervisor era que enfrentaban un “diluvio universal.”
El supervisor afirmó que, fuera del caso de Argüeso, no vio a ningún otro integrante del Cecopi, ya que él tampoco salió de la sala donde desarrollaba su labor.