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«La Dama Negra» y «La Dama Rubia»: historia de dos mujeres envueltas en la “guerra sucia” de los GAL

En plena década de los ochenta, cuando la muerte, el miedo y los comandos se movían en la frontera franco-española, aparecieron dos apodos que hoy suenan como leyenda: la Dama Negra y la Dama Rubia. Mujeres aparentemente normales, que la prensa vinculó a los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) y a atentados en el País Vasco francés. Su identidad, sus acciones y los silencios que las cubrieron siguen siendo parte de una página maldita de la historia reciente de España.

Redacción | 21 de noviembre de 2025

La aparición de la Dama Negra
La prensa francesa recogió en marzo de 1988 la detención de una mujer presentada como la «asesina rubia» de los GAL y también conocida como la Dama Negra. El diario El País informaba: “La dama negra o la asesina rubia de los GAL, la ciudadana francesa Dominique Thomas, natural de Pau y residente en Andorra, fue detenida por formar parte presuntamente de una asociación de malhechores-terroristas”. :contentReference[oaicite:5]{index=5}
Según investigaciones recogidas por la Fundación para la Libertad, Thomas fue acusada de varios atentados en el País Vasco francés entre 1985 y 1986: tiroteos en bares de Bayona y Ciboure, uso de peluca rubia, muñones de pistas y múltiples armas. :contentReference[oaicite:6]{index=6}
Un mito difícil de probar
Aunque la figura apareció en los titulares, nunca se pudo documentar de forma definitiva su papel. La acusada negó participación directa en los asesinatos y la investigación se cerró con sobreseímiento parcial. :contentReference[oaicite:7]{index=7}
Según una recopilación reciente, al menos seis atentados fueron atribuidos a la Dama Negra: dos muertos y cuatro heridos. Pero los indicios eran débiles, los testigos imprecisos y el rastro judicial difuso. :contentReference[oaicite:8]{index=8}
¿Y la Dama Rubia?
La denominación “Dama Rubia” aparece en documentos y programas periodísticos como una extensión del mito de la Dama Negra, un alias vinculado también a las mujeres que operaban en los márgenes de los GAL. Sin embargo, su verdadera identidad, su papel concreto y la verificación de sus actos permanecen aún más opacos que los de su compañera legendaria.
Algunos reportajes, como los recogidos por el programa Cuarto Milenio, mencionan que cuatro mujeres-agentes actuaron con movilidad entre Andorra y el sur de Francia, en operaciones que cobraban “cinco a siete millones de pesetas” por objetivo. Pero no suministran nombres o pruebas judiciales concretas.
El contexto de la “guerra sucia” de los GAL
Los GAL fueron un grupo para-estatal creado en el marco de la lucha antiterrorista contra ETA, entre 1983 y 1987. Sus acciones clandestinas, muchos casos sin juicio abierto o con encubrimientos, generan aún hoy debate sobre el uso del poder del Estado y la frontera del derecho.
La aparición de figuras como la Dama Negra o la Dama Rubia contribuye a la leyenda de una “guerra sucia” que fue visible en periódicos, tribunales y memoria histórica, pero que mantiene varios rincones oscuros sin aclarar.
Una historia para no olvidar
El reconocimiento de lo que ocurrió durante esos años no es únicamente un ejercicio de memoria: es también una advertencia sobre los riesgos de que el Estado, aun en situaciones extremas, recurra a la sombra. La figura de mujeres que vestían “aparentemente como amas de casa” y que operaban en los bordes de lo legal simboliza ese conflicto entre derecho, utilidad y clandestinidad.
La Dama Negra es, por tanto, una figura en la frontera entre mito y delito, entre la justicia y la impunidad. La Dama Rubia es su eco más incierto, quizá real, quizá simbólico. En cualquier caso, ambas recuerdan que la historia no siempre se escribe con pruebas claras, sino también con la bruma del silencio y lo clandestino.
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