Un gran andamiaje recibe a los viajeros que atraviesan la imponente marquesina de la Estación del Norte, un edificio en Valencia que enfrenta la última fase de una rehabilitación integral, decidida con motivo del centenario de su construcción y que por diversas razones se ha extendido varios años. Al exterior, la torre derecha se beneficia igualmente de esta intervención. Una vez completados los trabajos, el impresionante edificio diseñado por Demetrio Ribes se asemejará al de su inauguración en 1917, con adaptaciones tecnológicas en la marquesina. Continúa así su decisiva influencia en el entorno, similar a la que tuvo cuando contribuyó a la modernización de la ciudad.
Según el arquitecto y académico de la Real Academia de Bellas Artes, Francisco Taberner, la estación ferroviaria ha significado un cambio cualitativo para el Cap i Casal. «Tener una estación en el centro de la ciudad fue una gran oportunidad», asegura Taberner.
Destaca también que en su momento hubo amplias discusiones sobre su ubicación. Se había pensado en colocarla en el cruce de dos grandes vías, algo que inicialmente tenía sentido. Sin embargo, ahora beneficia enormemente a quienes utilizan Cercanías.
Otro aspecto relevante es que eliminó una barrera de la que pocos se acuerdan hoy en día. «La diagonal que es la avenida del Regne, similar a las de Barcelona, era la vía del tren, con vallas a ambos lados. La zona de Ruzafa era otro mundo», recuerda Taberner. Esta situación cambió tras la desaparición de las vías.
En 1917, con la inauguración de la nueva estación y el cierre de la antigua ubicada en el solar del actual hotel Centenari en la plaza del Ayuntamiento (con la calle Lauria como salida de carruajes), se generó un movimiento urbanístico que permitió la creación de nuevas manzanas de edificios residenciales detrás de la plaza de Toros.
Taberner destaca también cómo cada edificio en las calles Castellón y Alicante presenta un estilo diferente, una peculiaridad de principios de los años 30. Desde propiedades afrancesadas hasta otros de estilo modernista, como los de José Luis Testor y Goerlich, conviven antiguos y nuevos estilos en lo que fueron los terrenos de maniobras y andenes de la estación original. Recientemente, esta zona ha experimentado una nueva evolución con un pasaje peatonal que conectará las estaciones del metro de Alacant y Xàtiva.
Para comprender la importancia de la Estación del Norte, es necesario ponerse en los zapatos de su creador, Demetrio Ribes, quien asumió el proyecto a los 31 años. Las obras iniciaron en 1906, lo que indica que Ribes ya tenía el diseño en mente desde hacía tiempo. A pesar de su prematura muerte a los 46 años, Ribes dejó un legado arquitectónico que lo consolida como un auténtico innovador.
La Guía del Colegio de Arquitectos de Valencia destaca cuatro edificios de Ribes. Junto a la Estación del Norte, incluye el Edificio Bigné (Pérez Pujol, 5), proyectado en 1911, que se caracteriza por su verticalismo, decoración suspendida y motivos ornamentales influenciados por la escuela de Glasgow.
Igual reconocimiento reciben el Edificio Francisco Sancho (Marqués del Turia, 1) y el Edificio Ferrer (Cirilo Amorós, 29). Fuera del Ensanche, Ribes incursionó en diversos ámbitos, introduciendo el hormigón armado en los Docks del Puerto, y diseñando naves industriales, iglesias y viviendas populares en toda la provincia de Valencia.
La Estación del Norte fascina por ser uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura civil y resulta un punto de referencia monumental para la ciudad. Su estilo se inscribe en el movimiento modernista, bajo la corriente Sezession Vienesa, con una singular reinterpretación de Ribes que incorpora ornamentos de la escuela de Viena, aprovechando la industria valenciana, como se aprecia en los productos de La Ceramo de Benicalap y Onofre Valldecabres en Manises.
A modo de anécdota, Taberner relata su visita a la estación del Orient Express en Estambul, comparando su modesta cubierta con la imponencia de la Valenciana. «Nuestra estación no solo es funcional, sino que proyectaba una imagen de progreso con servicios como una sala VIP y un restaurante», afirma.
Insiste en la importancia de los edificios de las calles Alicante y Castellón, que ilustran la influencia de la estación en el desarrollo inmobiliario del Ensanche. En la fachada de la estación, destacan sus detallados adornos cerámicos, vidrieras y mosaicos diseñados por el pintor José Mongrell, lo que la convierte en un atractivo fotográfico de la ciudad.
Sobre los usos actuales de la explanada en la calle Xàtiva, Taberner critica la falta de aprovechamiento del espacio, perjudicando incluso la visibilidad de la escultura de Andreu Alfaro. Sin embargo, en el interior de la estación se mantiene una rica decoración con trencadís y motivos vegetales, que resalta la elegancia y proporciones del vestíbulo.