Las consecuencias económicas del conflicto en Oriente Próximo empiezan a sentirse en todo el mundo y también en España. A medida que avanza la guerra en torno a Irán y aumenta la tensión en el estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de paso del petróleo mundial, los mercados energéticos ya están reaccionando.
El resultado comienza a notarse en los precios de la energía y los combustibles, con subidas que afectan directamente al día a día de los ciudadanos.
La gasolina y el diésel vuelven a subir










Uno de los primeros impactos visibles se está produciendo en las estaciones de servicio. Según los últimos datos del boletín petrolero de la Unión Europea, el precio medio de la gasolina en España se sitúa ya en torno a 1,48 euros por litro, mientras que el diésel ronda los 1,44 euros por litro.
Aunque el incremento puede parecer moderado por ahora, los expertos advierten de que todo dependerá de cuánto tiempo dure el conflicto y de si se producen interrupciones en el suministro energético internacional.
El gas encarece también la electricidad
La tensión en Oriente Próximo también está afectando al precio del gas natural, un recurso clave para la generación de electricidad en Europa.
El aumento del coste del gas está provocando un efecto contagio en el precio de la luz, lo que podría traducirse en facturas energéticas más elevadas en los próximos meses si la situación se prolonga.
Los analistas coinciden en que el mercado energético reacciona de forma inmediata ante cualquier riesgo de interrupción del suministro.
Todo depende de la duración de la guerra
El economista y catedrático de estructura económica Santiago Niño Becerra, de la Universidad Ramon Llull, explica que el impacto final dependerá sobre todo del tiempo que dure la crisis.
Según algunos escenarios optimistas, si el conflicto se estabiliza en unas pocas semanas, el impacto económico podría ser limitado y los precios volverían a normalizarse relativamente rápido.
Sin embargo, otras previsiones apuntan a escenarios más prolongados. Algunas entidades financieras como Goldman Sachs han advertido de que la crisis podría alargarse hasta dos meses o más, lo que provocaría subidas mucho más fuertes en los mercados energéticos.
En el caso del gas, incluso se ha llegado a plantear un aumento de hasta el 130 %, algo que tendría consecuencias mucho más severas para la economía.
El efecto “cohete y pluma” en los precios
Uno de los fenómenos más conocidos en el mercado energético es el llamado “efecto cohete y pluma”.
Según explica Niño Becerra, cuando el precio del petróleo sube, el impacto en la gasolina o el diésel se produce de forma inmediata, como un cohete.
Sin embargo, cuando el precio del petróleo baja, los precios finales tardan mucho más en reflejar esa caída, lo que se compara con el descenso lento de una pluma.
Esto ocurre porque los precios actuales de los combustibles se fijan en función de las expectativas del coste futuro del petróleo, no únicamente del precio al que se compró el combustible que ya está almacenado.
El petróleo podría llegar a 100 dólares
En estos momentos el barril de petróleo se sitúa cerca de los 89 dólares, pero algunos analistas consideran que podría alcanzar los 100 dólares si el conflicto se prolonga.
En escenarios más extremos se han mencionado incluso cifras de 120 o 150 dólares por barril, aunque la mayoría de expertos considera que esos niveles solo se alcanzarían si se produjeran interrupciones graves en el suministro.
Factores clave para esa evolución serán:
- el posible cierre del estrecho de Ormuz
- ataques a refinerías o centros de distribución
- restricciones al tráfico de petroleros
Impacto en alimentos, agricultura e industria
El encarecimiento de la energía no solo afecta a los combustibles o a la electricidad. También puede tener consecuencias indirectas en muchos otros sectores.
Por ejemplo, desde Oriente Próximo y zonas cercanas se exportan fertilizantes, un elemento fundamental para la agricultura. Si estos productos se encarecen o escasean, el efecto podría trasladarse a los precios de los alimentos.
Además, el gas se utiliza en numerosas actividades industriales y agrícolas, como:
- el calentamiento de invernaderos
- la producción de fertilizantes
- procesos energéticos en fábricas
Esto significa que el aumento de los costes energéticos puede acabar trasladándose a numerosos productos del consumo diario.
Debate sobre posibles ayudas del Gobierno
Ante esta situación, algunos sectores económicos ya han empezado a pedir medidas de apoyo al Gobierno. Uno de los primeros en reaccionar ha sido el sector del transporte, muy sensible al precio del combustible.
Sin embargo, los expertos advierten de que las ayudas públicas deberían aplicarse con criterios selectivos, para evitar subvenciones indiscriminadas.
Niño Becerra considera que las medidas económicas deben dirigirse especialmente a los sectores o personas más afectados, en lugar de aplicar reducciones fiscales generalizadas que beneficien por igual a todos los consumidores.
Una crisis que puede extenderse
El conflicto en Oriente Próximo sigue evolucionando y su impacto económico dependerá de factores geopolíticos difíciles de prever.
Lo que sí parece claro es que la guerra ya está teniendo efectos en los mercados internacionales y que, si la tensión continúa, los consumidores europeos podrían seguir notándolo en sus facturas y en el precio de muchos productos cotidianos.