A la niña Emilia. Álbumes poéticos del siglo XIX

Cuando fallecía un niño o niña de una familia de la sociedad burguesa valenciana, los poetas, amigos de los padres, acostumbraban a escribir poesías en recuerdo de aquella alma que dejaba de existir a tierna edad. Hemos tenido la oportunidad de ver algunos de estos álbumes.

A Emilia. Poesía de Jacinto Labaila. Ca. 1860. A. P. R. S.

A Emilia. Poesía de Jacinto Labaila. Ca. 1860. A. P. R. S.

En nuestro archivo poseemos tres de ellos. Uno de éstos está dirigido al recuerdo de Emilia. No sabemos más de ella, ni siquiera el año de fallecimiento a mediados del siglo XIX. Por la fotografía que sirve como triste portada suponemos de unos tres o cuatro años de edad. Rodea su imagen una floreada calcomanía, muy al estilo de la época.

Por la fotografía que sirve como triste portada suponemos de unos tres o cuatro años de edad. Rodea su imagen una floreada calcomanía, muy al estilo de la época.

Post Mortem. Emilia. Ca. 1860. A. P. R. S.

Post Mortem. Emilia. Ca. 1860. A. P. R. S.

Este álbum nos recordaba el caso de Virginia Dotres ya citado en un anterior artículo. De Virginia al menos sabíamos su apellido y el de familia, por eso fue fácil localizarla en el artístico panteón instalado en su memoria que se encuentra en el Cementerio General de Valencia (1851). Otro de los álbumes que poseemos es el de Amalia Batlles, de iguales características, con composiciones de afamados poetas valencianos. El álbum está fechado el 10 de julio de 1856, forrado de terciopelo granate y decoraciones doradas.

Álbum recuerdo post mortem. Amalia Batllés. 1856. A. P. R. S.

Álbum recuerdo post mortem. Amalia Batllés. 1856. A. P. R. S.

En todas estas obras dejaron su autoría poetas bien conocidos: Rafael Blasco, Jacinto Labaila, García Cárdena, José Román, Manuel del Riego, Luisa Durán, Vicente Boix, Félix Pizcueta, Víctor Navarro, Joaquín Balader…,

En todas estas obras dejaron su autoría poetas bien conocidos: Rafael Blasco, Jacinto Labaila, García Cárdena, José Román, Manuel del Riego, Luisa Durán, Vicente Boix, Félix Pizcueta, Víctor Navarro, Joaquín Balader… Sus firmas servían como despedida del duelo y sus poesías estaban llenas de sentimiento fúnebre.

En nuestra ciudad estos álbumes los comercializaba, a mediados del siglo XIX, la Casa Oliveres y Vicent…,

No siempre esta clase de álbumes, de gran belleza y corte romántico, eran empleados para la despedida del duelo. También se utilizaban para los deseos y regalos amorosos. En nuestra ciudad estos álbumes los comercializaba, a mediados del siglo XIX, la Casa Oliveres y Vicent, fábrica y comercio de objetos de escritorio, especializada en libros blanco y rayados, situada en la calle del Mar. Fue famosa por ser el primer establecimiento en vender artículos de fotografía.

La pequeña Emilia nos ha hecho recordar a la joven del “Nicho 1501”, historia ya célebre. Pero de la niña nada, ni un solo dato que nos permita identificarla y buscar su tumba en el cementerio. La vemos a través del retratito recortado mirando hacia la eternidad. Ojos que vivieron el recorrido de su corta vida. De ella quedó tan sólo el recuerdo de ese álbum poético, la pequeña fotografía y una calcomanía como corona floreada.

Nota: A. P. R. S. = Archivo Privado de Rafael Solaz

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2 Responses to "A la niña Emilia. Álbumes poéticos del siglo XIX"

  1. Julio Cob  24 de diciembre de 2014 at 09:56

    Tal y como sucedía en el siglo XIX es muy difícil de comprender la muerte en los primeros años de la vida.

    Y pese a que entonces el índice de mortalidad infantil era muy elevado, en la actualidad a cuota cero, el fallecimiento de un niño causaba un gran quebranto en el ámbito familiar,de tal intensidad, que la necesidad de consuelo explica cómo personas cercanas y con una sensibilidad especial, los poetas, procuraban el necesario alivio hacia los padres y allegados del inocente niño, quien por derecho propio iba derechito al cielo.

    Estábamos en el siglo del romanticismo y sus efluvios se hacían de notar en aquellos escenarios de dolor, dulcificados por la resignación cristiana.

    Y en este contexto con el uso del pincel y la pluma recreaban con sus obras pequeños homenajes al alma del niño, que no eran más que bellos recuerdos llamados a fortalecer el roto corazón de los padres, que iban a ser guardados entre naftalinas en la cómoda de la alcoba, en un ritual de ceremonia y muy próximo a una cuna que no iba a ser mecida. Al menos, por el momento.

    Y fiel a su cita, Rafael Solaz nos rescata los testimonios de aquellos años en una costumbre que se mantuvo por un tiempo, en la actualidad desaparecida, y por ello guardados con la estima de su importancia. Por lo que tiernamente significaron en aquellos momentos del inicio de una nueva vida, que se deseaba fuera muy, mucho más larga.

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  2. Javier Luna  24 de diciembre de 2014 at 12:57

    El simple hecho de vivir es o, al menos debería de ser, maravilloso. Sin embargo hay circunstancias y/o avatares que, desgraciada/lamentablemente, cuestionan la existencia y la dignidad de muchos seres humanos.
    Vida, sentimiento, emoción, tristeza por la pérdida de un ser querido… y que Rafael Solaznos transmitió en su magistral ” Nicho 1501 ” y que hoy nos renemora en un artículo con perfiles y/o matices muy entrañables al referirse a una niña fallecida a una muy temprana edad.
    La muerte es un hecho incuestionable que nos espera en cualquier momento de nuestro peregrinar por la vida y nos puede sorprender cuando la empezamos, como e el caso de Emilia. Una existencia llamada a ser, según la etimología de su nombre, llena de ternura y de una lucha incansable en busca de la superación; además con la infinita paciencia de esperar a quien, en el amor, congeniase con ella de manera ideal.
    Álbum poético, pequeña foto y calcomanía no son más que elementos accesorios de una gran historia vital truncada a tan temprana edad y llamada a ser la mejor y la más grande historia de la humanidad, que es la que a cada instante construímos con nuestra amorosa, solidaria y responsable actitud.
    En el momento de redactar las presentes líneas, el homenaje y/o recuerdo lleva el nombre de Emilia. Sin embargo ésta próxima noche es una noche muy especial y también de entrable recuerdo. Por ello, con absoluto respeto a tu creencia religiosa, amigo/a lector/a, pero con la mayor calidez y ternura de mi corazón, ¡ Feliz Nochebuena y Dichosa Navidad 1

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