Hubo una época en la que, cuando la televisión empezaba a fallar, antes de llamar al técnico se probaba un remedio mucho más rápido: darle una palmada en el lateral.
Quienes crecieron con los antiguos televisores de tubo recuerdan perfectamente la escena. La imagen comenzaba a temblar, aparecían rayas, se desplazaba verticalmente o desaparecía durante unos segundos. Entonces alguien se levantaba del sofá, se acercaba al aparato y le daba un golpe seco.
Y, sorprendentemente, muchas veces funcionaba.
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Cuando el salón se convertía en un pequeño taller
Los televisores de tubo eran aparatos completamente diferentes a las actuales pantallas planas. En su interior había numerosos componentes, conexiones, soldaduras y elementos mecánicos que podían deteriorarse con los años.
Una conexión ligeramente floja o un contacto defectuoso podía provocar fallos intermitentes. El golpe no reparaba realmente el televisor, pero la vibración podía hacer que durante unos minutos o incluso días volviera a producirse el contacto.
De ahí nació aquella curiosa costumbre doméstica.
Si la imagen se movía: palmada.
Si desaparecía el sonido: palmada.
Si aparecían rayas: otra palmada.
Y si después del segundo golpe seguía sin funcionar, normalmente llegaba la frase: «No le des más, que te lo vas a cargar».
Del golpe a mover la antena
La palmada no era el único remedio casero de aquellos años.
También era habitual mover la antena interior mientras otra persona, desde el sofá, daba instrucciones:
«Ahí se ve bien… no la muevas».
En otros televisores había que manipular las pequeñas ruedas de sintonización, mantener presionado algún botón con un palillo o esperar varios minutos hasta que el aparato terminara de calentarse.
Cada televisión parecía tener sus propias reglas.
Un recuerdo de los años 70, 80 y 90
Durante décadas, el televisor fue uno de los objetos más importantes de la casa. Había normalmente uno solo y toda la familia se reunía delante de él.
Por eso sus averías también acababan formando parte de la vida familiar.
La llegada del mando a distancia, los televisores electrónicos, las pantallas planas y posteriormente las Smart TV terminó haciendo desaparecer muchos de aquellos pequeños rituales.
Hoy resulta difícil imaginar que un golpe pudiera solucionar momentáneamente un problema tecnológico.
Pero para varias generaciones aquella palmada al lateral del televisor sigue siendo uno de esos recuerdos capaces de transportarlas inmediatamente al salón de casa.
Porque hubo un tiempo en el que, antes de reiniciar un aparato, simplemente le dábamos un golpe.







