13 de octubre de 2026
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La tragedia de Bravo Murillo que acabó con la vida de una niña de 11 años y otras quince personas

Una sencilla lápida en un cementerio madrileño conserva el recuerdo de Concepción Alba Ollero, una niña de solo 11 años que murió el 8 de junio de 1956 víctima de uno de los sucesos más trágicos ocurridos en la calle Bravo Murillo de Madrid.

La inscripción es escueta: «Falleció el 8 de junio de 1956, a los 11 años de edad, víctima de accidente». Detrás de esas palabras se encuentra una catástrofe que dejó 16 fallecidos y numerosos heridos.

Un salón de bodas que se vino abajo

El accidente ocurrió en el número 353 de la calle Bravo Murillo, en un edificio situado junto a las calles Pinos Alta y Torrijos.

El inmueble tenía dos plantas. En la planta baja funcionaba un bar y la superior se utilizaba para celebraciones de bodas y bautizos.

Aquella tarde se celebraba un banquete de boda. Cuando la celebración se encontraba ya en su parte final y los invitados participaban en el baile, el edificio se derrumbó repentinamente, dejando atrapadas a numerosas personas entre los escombros.

Las crónicas históricas sitúan el balance final en dieciséis muertos, además de numerosos heridos, algunos de ellos de gravedad.

La pequeña Concepción, una de las víctimas

Entre las personas que perdieron la vida se encontraba Concepción Alba Ollero.

Su sepultura, que aparece en las fotografías difundidas por la cuenta Necrocultura, mantiene todavía su retrato infantil y una placa esmaltada en la que puede leerse su nombre, la fecha de su muerte y su edad.

En la misma tumba aparecen otras personas fallecidas en fechas próximas, lo que convierte el monumento funerario en un testimonio material de aquella época.

La fotografía de Concepción, sonriente y vestida con uniforme escolar, contrasta especialmente con la dureza de la inscripción situada debajo.

Madrid quedó conmocionado

La magnitud de la tragedia provocó una fuerte conmoción en la capital.

La prensa de la época informó ampliamente del accidente y el Ayuntamiento de Madrid anunció posteriormente un funeral por las víctimas en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Victoria, situada en la calle Azucenas. La convocatoria municipal se refería expresamente a las víctimas del accidente ocurrido en el número 353 de Bravo Murillo.

Las labores de rescate se prolongaron mientras familiares, vecinos y curiosos se concentraban alrededor del inmueble derrumbado.

El número de víctimas podría haber sido todavía mayor. Algunas personas ya habían abandonado la celebración cuando se produjo el hundimiento y, según las reconstrucciones posteriores, en aquel momento no había clientes en el bar situado en la planta baja.

Una tragedia casi olvidada

Han pasado setenta años desde aquel 8 de junio de 1956 y hoy pocos madrileños conocen la historia del edificio de Bravo Murillo 353.

Sin embargo, en un cementerio permanece una pequeña fotografía que permite poner rostro a una de sus víctimas.

Concepción Alba Ollero tenía 11 años.

Su lápida recuerda una tragedia colectiva que durante unos días conmocionó Madrid y que hoy sobrevive fundamentalmente en las hemerotecas y en las sepulturas de quienes nunca regresaron de aquella celebración.

foto necrocultura

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