Índice de contenidos
los pisos turísticos se han convertido en el enemigo favorito del urbanismo en Valencia
Subtítulo SEO friendly: A pesar del ruido mediático, un informe pericial desmonta el relato del colapso urbanístico por los pisos turísticos en Valencia: apenas se perdieron 363 viviendas familiares desde 2018 y el impacto en los alquileres es mínimo.
¿Y si el apocalipsis inmobiliario no era para tanto?
Sí, lo sabemos. Decir que en Valencia el turismo está cambiando la ciudad es como afirmar que el agua moja. Sin embargo, cada vez que se pronuncia la palabra “VUT” (esas Viviendas de Uso Turístico que algunos odian más que una mascletà a las siete de la mañana), el debate se incendia más que las fallas en marzo. Y claro, en ese escenario, el Ayuntamiento decidió suspender nuevas licencias hoteleras, argumentando que el acceso a la vivienda estaba en juego. Pero, ¿y si todo eso fuera… un poquito exagerado?
Un informe pericial encargado por Aptur (la asociación de apartamentos turísticos, sí, ellos mismos) ha decidido tirar de datos como quien tira de la cuerda en una partida de tira y afloja urbanístico. Según este informe, entre noviembre de 2018 y diciembre de 2024 se habrían “retirado del mercado” unas 363 viviendas familiares para convertirse en pisos turísticos. ¿Mucho? ¿Poco? Vamos a ponerlo en perspectiva.
363 viviendas en seis años: ¿el drama que nos vendieron?
Para que te hagas una idea, eso supone una media de 60,5 viviendas al año. O lo que es lo mismo, menos de una por semana. ¿Realmente eso justifica suspender nuevas licencias? Según el perito encargado del informe, no. Y no lo dice porque le encanten los turistas en chancletas ocupando el barrio, sino porque los números no cuadran con la narrativa catastrófica.
De hecho, muchas de esas viviendas “retiradas del mercado” ni siquiera eran viviendas en un principio. Provenían de locales comerciales reconvertidos. Es decir, no es que la abuela de la calle Alta se haya visto obligada a vender su piso al primer fondo noruego que se lo pidió, sino que muchos de esos nuevos alojamientos turísticos antes eran una peluquería cerrada, una tienda de ropa vintage venida a menos, o una tienda de chuches que no sobrevivió al auge del azúcar sin azúcar.
El impacto en el alquiler: un 1,8% (sí, has leído bien)
Otro de los grandes temores es el efecto que las VUT tienen en los precios del alquiler. Pero el informe pericial vuelve a dar un baño de realidad: se estima que el aumento de precios atribuible a las viviendas turísticas es de apenas un 1,8%, incluso teniendo en cuenta la inflación.
Vamos, que si tu casero te subió el alquiler un 30% en 2022, probablemente fue porque podía, no porque el piso de al lado se alquilara por días a turistas alemanes.
Aquí es donde el informe apunta su crítica más directa al estudio de Castroconsulting, que es en el que el Ayuntamiento ha basado su decisión. Según el perito, dicho informe tiene “errores conceptuales” de bulto, como confundir la terciarización (el proceso por el que un barrio se llena de comercios y servicios) con la pérdida de población. Algo así como pensar que porque abren más cafeterías, la gente tiene que mudarse.
Gentrificación, pero sin drama demográfico
¿Y qué ha pasado realmente con la población en Valencia desde que empezó todo esto? Pues… sorpresa: ha crecido. En total, 32.927 personas más entre 2018 y 2024, un aumento del 4,16%. No solo eso: el número de hogares también ha subido, y no precisamente poco. Un 7,48% más, con crecimiento en todos los distritos.
Incluso en Ciutat Vella, ese distrito que aparece en todos los titulares como si fuera el Ground Zero del “turismo salvaje”, la población ha crecido un 10,26%. ¿Dónde está la expulsión masiva de vecinos entonces?
Lo que hay, según el informe, es un proceso clásico de gentrificación: familias locales siendo reemplazadas por extranjeras con mayor capacidad adquisitiva. Pero eso, aclaran, no significa que se pierdan hogares, sino que cambian sus ocupantes. Lo de siempre, pero con más idiomas en la panadería.
El Ayuntamiento contra los datos: una cruzada política
Llegados a este punto, la gran pregunta es: si no hay un descenso claro de población, si las viviendas turísticas no están impactando gravemente en el precio de los alquileres, y si muchas de ellas ni siquiera salieron del parque residencial… ¿por qué suspender las licencias?
La respuesta, según el informe de Aptur, es que la decisión es más política que técnica. Una forma de ganar apoyo en un contexto en el que el acceso a la vivienda se ha convertido en un tema caliente, y donde señalar a los pisos turísticos es mucho más fácil que enfrentarse a los grandes propietarios o a la falta de vivienda pública.
¿Es una jugada populista? ¿Una respuesta mal medida a una presión vecinal real? ¿O simplemente una forma de calmar a los barrios sin meterse en líos estructurales?
¿Y ahora qué? ¿Volverán las licencias como vuelven las golondrinas?
Con este informe sobre la mesa, la presión sobre el Ayuntamiento aumenta. Si la base de la suspensión se tambalea, es posible que se abra de nuevo el debate —ahora con cifras en mano— sobre si tiene sentido mantenerla. Por ahora, eso sí, las licencias siguen bloqueadas.
Mientras tanto, el turismo no da señales de frenar. Valencia sigue siendo destino estrella para viajeros de medio mundo, y los apartamentos turísticos, por mucho que molesten a algunos, se han convertido en parte del paisaje urbano, igual que los patinetes eléctricos o los bares con brunch.
Un debate que va para largo (como este artículo)
Lo que está claro es que el tema de las VUT no se va a resolver mañana. Tampoco pasado. Porque no se trata solo de pisos, sino de modelo de ciudad, de convivencia, de economía local, y sí, también de política. Pero si algo nos enseña este informe es que no siempre los grandes discursos se sostienen con datos. Y que a veces, el problema no es tan grande como lo pintan.
Así que, mientras esperamos la próxima regulación, derogación o contrainforme, quizá podamos aprovechar para preguntarnos algo más profundo:
¿Estamos discutiendo sobre turismo, o sobre el derecho a decidir quién puede vivir y cómo en nuestra ciudad?