Mario García, un valenciano de 74 que reside en Ucrania desde hace siete, es el primer español capturado por las tropas rusas en este país, según ha confirmado la delegación del Gobierno de la Comunitat Valenciana. Mario dejó su Carlet natal tras la invasión de la península de Crimea en 2014, y se incorporó a labores de apoyo de la guerrilla ucraniana. Estos últimos años ha ayudado en el abastecimiento de comida y medicamentos. Tras el nuevo ataque del ejército del Kremlin, viajó al frente y se involucró más con la resistencia.
Mario García era funcionario en el Ayuntamiento de Valencia, pero cuando estalló la crisis de Crimea pidió la prejubilación e hizo el petate para iniciar una nueva vida muy alejada de la anterior, y no solo en lo geográfico: viajó a Ucrania y se convirtió en colaborador habitual de la guerrilla, el único español que se mueve en el frente, según aseguró a este periódico a medidaos de febrero. En esas fechas acababa de emprender un viaje a la zona más afectada por el conflicto, la cuenca del Donbass, para llevar material a los soldados, los hospitales y las familias que viven sumidas en el terror desde hace siete años.
«No vamos con el objetivo de entrar en combate, pero si se tercia tendremos que defendernos», aseguró entonces a este periódico este valenciano de 73 años, al que también le plantearon viajar con Médicos sin Fronteras a Tanzania, pero que eligió Ucrania por las historias que le contaba su padre sobre los niños de la guerra y cómo los acogieron en aquel país.
Las llamadas de su familia en España rogándole constantemente que regresara no hicieron efecto. «Me llamó mi hermana y me pidió llorando que volviera, que ya he ayudado mucho, pero yo ya le dije que no, que no sufran. Yo ya sabía a lo que venía, soy voluntario de guerra y quiero llegar hasta el final», aseguraba convencido, a pesar de la incomprensión de sus hermanos y cuñados.
Él estaba seguro de su decisión de combatir «al señor de la guerra», como calificaba a Vladímir Putin. Y advertía que el presidente ruso no solo quería apoderarse de Ucrania, que luego, a su juicio, llegarían «Moldavia, Rumanía, Polonia y toda Europa».
Con su documentación de voluntario veterano de guerra podía entrar y salir de la zona en conflicto sin problemas. Allí llevaba víveres y juguetes para los niños que aportaban distintas organizaciones internacionales. Hasta ahora ha recibido varios reconocimientos al mérito por su ayuda en la guerra, en la que calcula que ya han muerto miles de soldados ucranianos, «asesinados, porque ellos no quieren una guerra, pero es como si entraran en tu casa a quitártelo todo», explicaba.