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sí es la lesión por mirar un eclipse sin gafas: «Te puedes fastidiar para siempre en segundos y sin darte cuenta»
La retinopatía solar puede ser irreversible y no existe un tiempo seguro para apuntar al sol sin utilizar protección, según los oftalmólogos
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Valencia
05/08/2026 a las 00:09h.Seguir
El eclipse total de sol del próximo 12 de agosto será uno de los acontecimientos astronómicos más importantes que vivirá la Comunitat Valenciana en décadas. Miles de personas ya han reservado hoteles y apartamentos para contemplarlo desde algunos de los puntos oficiales de observación, especialmente en Castellón y el interior de Valencia. Sin embargo, los especialistas lanzan al mismo son el mensaje de que el mayor riesgo de ese día no estará en mirar al cielo en sí, sino en hacerlo sin la protección adecuada.
Y es que basta un gesto de apenas unos segundos para sufrir una lesión que puede acompañar al afectado toda la vida. La denominada retinopatía solar es una lesión en la parte central de la retina que, además, tiene la característica especialmente peligrosa de que no produce dolor mientras se está produciendo el daño.
En ese sentido, el jefe del Servicio de Oftalmología del Hospital General de Valencia y especialista en retina, Enrique Cervera Taulet, explica que la observación directa del sol «puede provocar una lesión en la retina y, más concretamente, en la mácula, responsable de la visión central». Esa lesión recibe precisamente el nombre de retinopatía solar y se produce, fundamentalmente, por un mecanismo fototóxico desencadenado por la radiación solar de determinadas longitudes de onda.
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«La retina carece de receptores del dolor, por lo que el paciente no nota absolutamente nada mientras se está produciendo la lesión», resume el especialista. El problema aparece después. Entre una hora y un día más tarde comienzan a manifestarse los síntomas: visión borrosa, una mancha negra fija en el centro del campo visual, deformación de las líneas rectas, alteración de la percepción de los colores o una mayor sensibilidad a la luz, apuntan los médicos especialistas consultados por LAS PROVINCIAS a las puertas de un día en que la salud visual de miles de valencianos va a ser puesta a prueba.
Si bien, la gravedad de estas lesiones varía de un paciente a otro. «En muchos casos el daño mejora parcialmente con el paso del tiempo, pero en otros las secuelas en la visión central son permanentes», advierte Cervera Taulet. Además, insiste en que actualmente «no existe un tratamiento médico ni quirúrgico capaz de revertir definitivamente una retinopatía solar».
No hay un tiempo seguro
Una de las falsas creencias más extendidas es pensar que mirar al sol «solo unos segundos» no entraña peligro. Los oftalmólogos desmontan esa idea. El valenciano Vicente Miralles, adjunto del Hospital del Henares de Madrid y divulgador sanitario en redes sociales con más de 25.000 seguidores entre todas sus redes, recalca que «no existe un tiempo seguro para mirar el sol sin protección». «No se puede decir que diez segundos o un minuto sean inocuos. Cuanto mayor sea el tiempo de exposición, mayor será el riesgo, pero una exposición muy breve también puede producir una lesión», explica.
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Miralles detalla que el daño afecta a los fotorreceptores situados en la mácula, encargados de la visión más precisa. Durante años se creyó que predominaba una quemadura térmica, aunque las investigaciones actuales apuntan a que el mecanismo principal es fotoquímico. «Empiezas a ver una mancha oscura en el centro de la visión, las líneas pueden aparecer deformadas o incluso puedes percibir los colores de forma distinta», explica. En algunos pacientes la evolución es favorable, «pero otras veces quedan secuelas irreversibles».
Por su parte, la oftalmóloga Clara Torralba coincide en que es imposible establecer un límite seguro. «Dependiendo de la intensidad de la radiación solar y de la sensibilidad ocular de cada persona, menos de diez segundos, incluso cinco o menos, podrían bastar para provocar una lesión irreversible», señala. La explicación está en el propio funcionamiento del ojo. «La córnea y el cristalino actúan como una potente lente de aumento que concentra toda la radiación directamente sobre la fóvea, el punto de la retina encargado de la visión de máxima precisión», explica.
Las gafas de sol no sirven
Los tres especialistas coinciden también en desmontar otro de los errores más habituales: utilizar gafas de sol convencionales. «Da igual que sean muy oscuras o polarizadas. No sirven», subraya Miralles. Para observar un eclipse únicamente deben utilizarse gafas específicas homologadas que cumplan la norma internacional EN ISO 12312-2.
Una advertencia que es todavía más importante para quienes pretendan utilizar prismáticos, telescopios o cámaras fotográficas. Tanto Cervera como Miralles recuerdan que estos dispositivos concentran todavía más la radiación solar y pueden multiplicar el daño si no incorporan filtros específicos instalados en la entrada del instrumento. Las gafas homologadas, por sí solas, tampoco protegen cuando se utilizan estos aparatos.
Torralba añade otro falso mito frecuente: pensar que durante un eclipse parcial o un día nublado el riesgo disminuye. «Es falso. Al reducirse la luz visible, la pupila se dilata más, pero la radiación ultravioleta e infrarroja sigue alcanzando la retina y puede dañarla igualmente».
Acudir al médico ipso facto
Los síntomas no suelen aparecer inmediatamente, sino entre una y doce horas después de la exposición, aunque pueden retrasarse hasta un día. Precisamente esa ausencia inicial de molestias hace que muchas personas no sean conscientes de que ya han sufrido una lesión.
Ante cualquier alteración visual tras observar el eclipse, los especialistas recomiendan acudir cuanto antes a un servicio de Oftalmología para realizar una valoración precoz, si bien recuerdan que no existe un tratamiento capaz de reparar completamente el daño cuando éste ya se ha producido.
Por ello, el mejor remedio sigue siendo la prevención y, a pocas semanas de un eclipse que atraerá a miles de personas a la Comunitat Valenciana, los oftalmólogos insisten en que, si bien contemplar un fenómeno histórico merece la pena, nunca debe hacerlo a costa de una lesión que puede durar toda la vida.
