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La beluga procedía de un acuario cerrado de Canadá y llevaba varios días con dificultades para alimentarse; los veterinarios investigan ahora qué provocó su muerte repentina
Jelly Bean no ha conseguido superar su proceso de adaptación en Valencia. La beluga, que llegó al Oceanogràfic el pasado 27 de agosto después de ser rescatada de un acuario cerrado en Canadá, ha muerto repentinamente durante la pasada noche.
Su fallecimiento se produce apenas tres semanas después de su llegada junto a otra beluga, Cleopatra, y cuatro delfines.
¿Estaba enferma?
El Oceanogràfic no ha determinado todavía la causa de la muerte.
Sí había aparecido una señal que preocupaba a sus cuidadores: durante los últimos días Jelly Bean tenía dificultades para alimentarse.
Los veterinarios intensificaron entonces su seguimiento y la mantuvieron bajo vigilancia las 24 horas.
El centro asegura que durante ese periodo también hubo momentos de mejoría y que Jelly Bean se mostraba receptiva con las personas encargadas de sus cuidados.
Pese a ello, murió de manera súbita durante la noche.
Una necropsia buscará respuestas
Ahora comienza el trabajo para intentar saber qué ocurrió.
Los veterinarios del Oceanogràfic realizarán una necropsia junto al grupo de patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrera.
El objetivo será identificar los posibles factores que contribuyeron al fallecimiento.
Hasta disponer de esos resultados, el centro señala que no puede establecerse la causa de la muerte.
¿Qué ocurre con la otra beluga?
Cleopatra continúa en el Oceanogràfic.
Según la información facilitada por el centro, evoluciona favorablemente, al igual que los cuatro delfines que llegaron en la misma operación de rescate desde Canadá.
Todos continúan bajo supervisión de veterinarios y cuidadores.
La muerte de Jelly Bean deja así un desenlace inesperado solo 22 días después de su llegada a Valencia, mientras la necropsia deberá aclarar qué provocó el rápido deterioro que terminó con su fallecimiento.


