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Salvar el río, edificar la ciudad del futuro: los nuevos puentes sobre el antiguo Turia
Según relatos históricos y crónicas, el intento frustrado de conectar Valencia con el mar fue interrumpido, entre otros motivos, debido a la influencia de la burguesía dominante de hace un siglo. Esta élite consideró que no era conveniente para la ciudad expandirse más allá del Turia hacia el norte, prefiriendo quedarse en la orilla existente. El calificativo de “viejo” para el cauce apareció mucho después, tras eventos como la riada de 1957, el Plan Sur y la creación del nuevo cauce que desemboca en un punto más al sur del Mediterráneo. Sin embargo, con el tiempo, Valencia logró finalmente cruzar el río, explorando y ocupando nuevos territorios, lo que transformó la fisonomía de la ciudad gracias al trabajo de renombrados arquitectos. La moderna infraestructura merece la atención de visitantes, aunque esto no siempre fue así.
Más allá de los cinco puentes históricos que emocionan el corazón valenciano, la evolución de la ciudad a ambos lados del río ha sido testigo de numerosos debates a nivel municipal antes de que cada proyecto recibiera el aval del Ayuntamiento. Este desarrollo recuerda, a grandes rasgos, exploraciones como la conquista del Oeste americano. Nuestros ancestros, tras derribar la antigua muralla, apostaron por expandir los límites de la ciudad, un esfuerzo que se aprecia en la integración del entramado urbano actual.
La ambiciosa misión de unir las dos partes de Valencia requirió hasta trece nuevos puentes. El primero de ellos, conocido como Puente de Aragón, se inauguró en 1933 durante la II República y fue diseñado por el ingeniero Arturo Monfort. Esta estructura conectó a la ciudad con la avenida homónima y marcó el comienzo de una expansión que con el tiempo se volvería irreversible. Monfort, innovador en el uso de materiales y técnicas, dejó un legado con obras como la que va desde la Gran Vía Marqués de Turia hasta Viveros.
Siguió el puente de Campanar en 1937, diseñado por Arturo Piera, que también contribuyó al Puente del Ángel Custodio una década después. La vinculación de Piera con el puente de las Glorias Valencianas, realizado junto al despacho de Carlos Fernández Casado, subraya su relevancia en la transformación de la ciudad.
Para facilitar este crecimiento urbano, Valencia duplicó su población en 40 años desde 1930, lo que exigió que nuevas áreas fueran urbanizadas. Entre 1932 y 1992, se desarrollaron varios puentes, como el de Astilleros por Federico Gómez de Membrillera y el de Monteolivete por Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón. Esto demostró lo infundado de los temores iniciales sobre el cambio en Valencia.
Obras destacadas de Santiago Calatrava, como el puente del 9 d’Octubre y el del Azud de Oro, son hitos en la integración de Valencia. Otros ingenieros y arquitectos, como Leonardo Fernández Troyano y la dupla José María Tomás y Juan Francisco Moya, también contribuyeron a esta modernización urbana con sus diseños innovadores. El Puente de las Flores y el Puente del Reino son ejemplos destacados de esta era de transformación, permitiendo un acceso más eficiente al Jardín del Turia y mejorando la conectividad de la ciudad.
La celebración del 160 aniversario del diario LAS PROVINCIAS presenta una exposición que documenta y celebra esta evolución urbanística. La muestra está abierta al público en el Centre del Carme Cultura Contemporània hasta mediados de febrero, con entrada gratuita.