Concluida la identificación de las 45 víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), la investigación entra ahora en su fase clave: determinar qué falló para que un tren de alta velocidad Iryo descarrilara y acabara colisionando con un Alvia que circulaba en sentido contrario. Mientras tanto, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha reconocido la “posibilidad” de un defecto en el carril, aunque ha insistido en desvincularlo del mantenimiento de la infraestructura.
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ha publicado un informe preliminar en el que señala como principal hipótesis una fractura del carril por el que circulaba el tren Iryo. Las muescas halladas en las ruedas y la deformación del raíl son compatibles con esa posibilidad, si bien la comisión advierte de que será necesario completar análisis técnicos más detallados antes de alcanzar conclusiones definitivas.

Una red ferroviaria bajo sospecha
El accidente de Adamuz no ha sido un hecho aislado. Días después, en Gelida (Barcelona), un tren de Rodalies descarriló tras la caída de un muro de contención sobre la vía, lo que obligó a suspender el servicio durante dos días. Estos episodios han reactivado las denuncias de los maquinistas, que aseguran llevar años alertando de la falta de medidas de seguridad y mantenimiento en distintos tramos de la red ferroviaria.

La acumulación de lluvias provocada por la borrasca Ingrid habría sido determinante en el desplome del muro en Gelida, según las primeras investigaciones. No obstante, el suceso ha vuelto a poner el foco sobre el estado real de las infraestructuras.
Puente defiende las inspecciones
En comparecencia pública, el ministro aseguró que el tramo de vía de Adamuz “se revisó más de lo normal” y que en los últimos cuatro meses los maquinistas no detectaron incidencias. Según explicó, mientras la media de la red ferroviaria contempla dos inspecciones geométricas anuales y entre dos y cuatro dinámicas, en este caso “se sobrepasó con creces esa media”.
Respecto al accidente de Gelida, Puente afirmó que el muro de contención había sido inspeccionado por última vez en febrero de 2025 y que “no se detectó ninguna incidencia o afección significativa que indicara riesgo”.
Huelga y presión sindical
Pese a estas explicaciones, el clima en el sector ferroviario es de máxima tensión. Tras una reunión entre los trabajadores, Renfe y el Ministerio, el servicio de Rodalies fue reactivado, pero el sindicato mayoritario ha anunciado la convocatoria de una huelga general para exigir garantías reales de seguridad en la red ferroviaria del Estado.
Mientras avanzan las investigaciones técnicas y judiciales, crece la presión política y social para aclarar responsabilidades. La pregunta sigue en el aire: si la vía estaba tan controlada como sostiene el Gobierno, ¿cómo pudo producirse una fractura capaz de desencadenar una de las mayores tragedias ferroviarias de las últimas décadas?