Ahora todos se escandalizan. Ahora todos descubren los límites del periodismo.
Pero esto no empezó con Vito Quiles. Empezó hace años, persiguiendo a Rita Barberá —ya fuera de la alcaldía, sin condena alguna— hasta la puerta de su casa. Entonces no molestaba tanto. Entonces lo hacía Wyoming, era La Sexta, y parecía incluso celebrado.
La memoria, ya se sabe, es selectiva.
Hoy el foco está en Quiles y en Begoña Gómez. Y sí, sus formas pueden ser cuestionables. Pero el debate real no es ese. El debate es por qué unas prácticas se toleran o se aplauden según quién las ejerza… y contra quién.
Mientras tanto, la política se ha blindado: preguntas filtradas, comparecencias controladas, acceso limitado. Y en ese contexto, el periodismo incómodo —el que no pide permiso— vuelve a aparecer.
La pregunta es sencilla: ¿nos molesta el método… o nos molesta quién lo utiliza?


