Después de comparar los principales candidatos al Santo Grial y las investigaciones históricas y arqueológicas, si tuviera que elegir uno, me inclinaría por el Santo Cáliz de la Catedral de Valencia.
Y no lo digo porque esté en Valencia, sino porque reúne tres características importantes: una copa compatible con la época de Jesús, una tradición histórica muy antigua y documentación medieval que permite seguir su recorrido durante más de seis siglos.
Pero hay una diferencia fundamental entre afirmar que podría ser la copa de la Última Cena y demostrar que realmente lo fue. Esto último nadie ha conseguido probarlo.
¿Por qué elegiría el de Valencia?
1. La copa es suficientemente antigua
El arqueólogo Antonio Beltrán estudió el Santo Cáliz valenciano y consideró que la copa superior de ágata podía proceder de la época helenística o romana.
Posteriormente, Ferran Arasa, arqueólogo de la Universitat de València, situó su posible fabricación entre los siglos I a. C. y III d. C.
Esto significa que la copa podría existir ya cuando vivió Jesús, aunque la datación no permite asegurarlo.
Además, hay que distinguir la pequeña copa original de las asas, el pie y las joyas añadidas siglos después. Lo que podría ser auténtico es el recipiente superior, no el cáliz completo tal como lo vemos actualmente.
2. Hay documentos históricos que permiten seguir su pista
En 1399, el monasterio de San Juan de la Peña entregó el cáliz al rey Martín I de Aragón. Existe documentación notarial sobre esa operación.
En el siglo XV pasó a Valencia y quedó depositado en la Catedral en 1437.
Esto es importante porque no dependemos únicamente de una tradición oral: a partir de 1399 disponemos de una historia documental bastante sólida.
3. Su procedencia oriental es compatible con la historia
La copa es de un tipo que pudo fabricarse en talleres del Mediterráneo oriental, incluidos los de Egipto, Siria o Palestina.
Eso hace posible, desde el punto de vista arqueológico, que hubiera llegado a Jerusalén en el siglo I.
Ahora bien, posible no significa demostrado. No existe ninguna inscripción antigua que la relacione directamente con Jesús.
¿Y qué ocurre con los otros candidatos?
El Cáliz de Doña Urraca (León)
Es uno de los rivales más interesantes. Margarita Torres y José Miguel Ortega defendieron que la copa llegó desde Jerusalén, pasando por Egipto y Dénia, hasta León en el siglo XI.
Pero Luis Molina, investigador del CSIC, identificó graves errores de traducción e interpretación en los textos árabes utilizados para sostener esa teoría. Por eso me parece una candidatura menos convincente.
El Sacro Catino (Génova)
Es un recipiente hexagonal de vidrio verde. Curiosamente, el Museo de Génova considera posible una fabricación siria del siglo I, aunque reconoce que su datación está discutida.
Su vinculación documental conocida comienza con las Cruzadas. No hay pruebas de que perteneciera a Jesús.
El Cáliz de Antioquía
Está conservado en el Metropolitan Museum de Nueva York. Se fecha entre los años 500 y 550, varios siglos después de Jesús. Su identificación con el Grial no se ha podido sostener.
La duda más importante sobre el de Valencia
Hay un asunto que considero decisivo.
La historia tradicional sostiene que san Pedro llevó el cáliz a Roma y que san Lorenzo lo envió posteriormente a Hispania. Pero ese recorrido no está demostrado mediante una cadena documental contemporánea.
Y las investigaciones de Catalina Martín Lloris y Guillermo Gómez-Ferrer proponen otra ruta: desde Jerusalén, pasando por Egipto, hasta la Corona de Aragón durante el reinado de Jaime II, entre 1322 y 1327. Es una hipótesis histórica documentada y publicada, pero todavía no una demostración definitiva de todo el itinerario.
Mi conclusión
Yo distinguiría tres preguntas:
- ¿Pudo existir en tiempos de Jesús? Sí, la datación arqueológica del cáliz valenciano lo permite.
- ¿Podría haber estado en Jerusalén? Sí, es compatible con su tipología y posible procedencia.
- ¿Podemos demostrar que Jesús bebió de él? No. Faltan pruebas que conecten directamente el objeto con la Última Cena.
Por eso, entre los candidatos conocidos, escogería el de Valencia, pero lo consideraría el candidato que más me convence, no una reliquia cuya autenticidad esté científicamente acreditada.
Y hay una cuestión que me parece todavía más interesante para investigar: ¿cuándo aparece por primera vez una referencia inequívoca a la copa de Valencia anterior a 1399?
Porque encontrar una descripción verificable del mismo objeto, varios siglos antes de su entrega a Martín I, sería mucho más importante que cualquier nueva interpretación de sus adornos o símbolos.







