23 de mayo de 2014
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Remedios contra los venenos y otras afecciones. Ediciones valencianas del famoso ‘Dioscórides’

Página del Dioscórides. Valencia 1677. A. P. R. S.

En España la introducción del ‘Dioscórides‘ se debió a Nebrija, a cuyo cuidado se imprimió la edición en latín de Alcalá de Henares (1518). Fue el médico y humanista Andrés Laguna quien estudió la obra y la reescribió aumentándola con apuntes extraídos de otros autores y de sus propias experiencias. Un nuevo tituló surgió: Pedacio Dioscórides Anarzabeo acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos, (1ª ed. Amberes (1555). El médico valenciano Joan Plaza realizó unas anotaciones sobre esta obra pero el manuscrito se haya perdido.

Página del Dioscórides. Valencia 1677. A. P. R. S.

Página del Dioscórides. Valencia 1677. A. P. R. S.

En Valencia el libro tuvo una excelente acogida durante el siglo XVII. Se imprimieron cuatro ediciones, 1636, 1651, 1677 y 1695. Prácticamente hasta finales del siglo XVIII fue uno de los textos en que se basó la educación farmacológica de los boticarios.

El ejemplar que poseemos de 1677, va dedicado a la Emperatriz del Cielo la Virgen de los Desamparados. Fue impreso por Vicente Cabrera en su taller de la calle de las Barcas.

Dedicatoria del Dioscórides. Valencia 1677. A. P. R. S.

Dedicatoria del Dioscórides. Valencia 1677. A. P. R. S.

Algunas curiosidades de la obra: Las tellinas frescas modifican el vientre y principalmente el caldo… las cenizas de ellas hacen que no renazcan los pelos de las pálpebras. Las avellanas son dañosas al estómago, pero majadas y bebidas con agua miel, sanan la tos. La carne de la víbora cocida y comida agudiza mucho la vista, es útil a las flaquezas de nervios. Conviene cortarle la cabeza y la cola, quitándole las tripas y las entrañas, lavada y cortada en pedazos, se cuece con aceite, vino y un poco de sal. Algunos dicen que los que se acostumbran a comerlas tienen larga vida. Una víbora cocida en una olla junto a higos pasos y miel, es un bocado exquisito. Las gallinas abiertas y aplicadas calientes son útiles a las mordeduras de las serpientes.

 La carne de la víbora cocida y comida agudiza mucho la vista, es útil a las flaquezas de nervios. 

Portada del Dioscórides. Valencia 1677

El libro contiene una amplia gama de remedios naturales basados en la aplicación botánica, por eso incluye miles de grabados con diferentes hierbas, plantas y un extenso índice de títulos latinos, griegos, arábigos, castellanos, catalanes, portugueses, franceses, italianos e incluso aquellos populares utilizados en las boticas.

Algunos de los remedios contenidos en el libro están vigentes, sobre todo en las zonas agrícolas valencianas, donde todavía se emplean emplastos y ungüentos utilizados desde hace siglos.

Algunos de los remedios contenidos en el libro están vigentes, sobre todo en las zonas agrícolas valencianas, donde todavía se emplean emplastos y ungüentos utilizados desde hace siglos. Una mezcla de limón y miel calma la tos y hace suave la garganta. Así consta en el ‘Dioscórides’.  

A. P. R. S. = Archivo Privado de Rafael Solaz

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  1. Un nuevo e interesante artículo de Rafael Solaz -circunscrito en ésta ocasión al ámbito de la Farmacopea- , hace referencia a una obra de la ciencia griega, eminentemente simple y extraorinariamente práctica. Se trata de sustancias animales, vegetales o minerales que tienen efectos terapeúticos por sí mismos -aunque también para preparar compuestos-, fechada en el Siglo I d.C.
    La obra “DIOSCÓRIDES” hace referencia a la forma de aplicación y, en algunos casos, de preparación y conservación, Cuenta con 957 secciones o capítulos : 579 plantas, 61 animales, 102 minerales, 72 preparados a base de alcohol y vinos y otros productos diversos, como la leche, grasa, etc.
    Un tratado alejado de la especulativa medicina griega. Reiteramos su finalidad práctica y, cuando existen dudas sobre su eficacia o se usan las plantas como talismanes con poderes mágicos, se da cuenta de ese uso pero marcando distancias con apostillas del tipo “cuentan que…”, “se dice…”, etc.
    Quizá sea conveniente valorar con detenimiento los principios de la Farmacopea y, recuperarlos en todo o en parte, para gozar de una vida más sana y también más feliz.

  2. De la obra de Dioscórides con sus hierbas y demás preparados valiéndose de vinos y grasas que nos descubre Rafael Solaz, me viene de inmediato el recuerdo de aquellos años cuarenta/cincuenta con los remedios de la abuela y sus cataplasmas; con sus oraciones del mal aire y friegas en el vientre. Los años del hongo sobre el aparador y los rezos al mal de ojo, de barros y emplastes, de bolsas antirreumáticas bajo el refajo con pequeñas patatas crudas que absorbían el dolor. Todo un recetario doméstico exprimido de viejas costumbres que a falta de otras opciones sanaba en ocasiones. Luego vino el medico de cabecera y la aspirina. Gárgaras y paños de agua fría en la frente. Bicarbonato siempre. Y dieta, mucha dieta. Gracias Rafael, una vez más endulzas nuestras mentes con tu sapiencia. ¿No es eso curar?

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