20 de julio de 2025
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“Revitalizan las fincas rústicas de Valencia como destino estival innovador”

Nuevos usos de las fincas rústicas en Valencia

Lunes, 7 de julio de 2025

El sueño de adquirir un apartamento en la costa o un chalet ha quedado en segundo plano para muchos valencianos y personas enamoradas de la Comunitat Valenciana. El asfixiante mercado inmobiliario ha impulsado a buscar alternativas, destacando la compra de fincas rústicas como segunda residencia, dejando de lado la producción agrícola. Esto ha transformado estos espacios en lugares de recreo para las familias, mientras el relevo generacional en el campo sigue siendo un problema.

Valencia se posiciona como la provincia española con más transacciones de este tipo de fincas. Particularmente, el Valle de Ayora, el Camp de Morvedre y la Ribera Baixa experimentan una creciente demanda. En Sueca, Germán Rodríguez ha adquirido una propiedad para que su familia pueda disfrutar de los fines de semana en contacto con la naturaleza de la Albufera.

Germán, residente de Alaquàs y padre de dos hijos mellizos de ocho años, comenta que destinó 25.000 euros para adquirir dos parcelas contiguas. La propiedad cuenta con una pequeña construcción, una barbacoa portátil y una balsa que funciona como piscina gracias a una depuradora instalada. Además, Germán ha puesto paneles solares para cubrir las necesidades energéticas básicas.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el primer trimestre de 2025 se registraron 2.926 operaciones de compraventa de fincas rústicas en Valencia, marcando el año más activo desde 2008. El Covid-19 jugó un papel fundamental en esta tendencia al alza, ya que, tras la pandemia, muchas personas optaron por adquirir terrenos como un resguardo frente a futuras crisis.

Germán ve su finca también como un plan B: si la economía se deteriora, tener campo asegura alimentos básicos. Su propiedad, de unos 9.000 metros cuadrados en el Parque Natural de la Albufera, es una “isla” rodeada de arrozales, donde el mantenimiento se centra en la limpieza y cuidado de su balsa.

Por otro lado, la creciente comercialización de microfincas, provenientes de herencias, señala una tendencia en alza. Regino Coca, fundador de Cocampo, observa que el aumento de precios urbanos ha llevado a muchos compradores a ver una oportunidad en el suelo rústico.

Juan Prados, de Fincalista, destaca el cambio en las motivaciones de los compradores, impulsado por el auge del teletrabajo y el deseo de una vida más conectada con la naturaleza. Justo Pascual, presidente de la sección inmobiliaria del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia, advierte sobre la necesidad de conocer la clasificación urbanística antes de invertir en una finca rústica.

Finalmente, la comunidad, conocida como la “Toscana Valenciana,” ha visto cómo algunas fincas históricas han sido valoradas por su belleza paisajística y potencial turístico, atrayendo especialmente a compradores europeos. A pesar de estas transformaciones, la falta de relevo generacional y la crisis de rentabilidad en el sector agrario continúan siendo un desafío en Valencia.

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