18 de mayo de 2025
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RTVE, Eurovisión y Palestina: cuando decir “muertes” sale caro y el humo no solo viene del escenario

Activistas protestan frente a RTVE por retransmitir Eurovisión con Israel en cartel; exigen cortar la emisión y denuncian censura a periodistas por mencionar los muertos en Gaza. Todo muy “neutral”.


Cada año, Eurovisión nos trae el mismo ritual: canciones imposibles, estilismos cuestionables, vecinismo balcánico, y una promesa repetida como un mantra: “la música nos une”. Pero hay años, como este, en los que la música no une nada. Ni siquiera dentro de RTVE, donde los redactores deben vigilar cada palabra por si la Unión Europea de Radiodifusión (UER) decide que hablar de muertos no es “de buen gusto televisivo”.

Y en ese contexto, claro, ha llegado la protesta.

Este sábado, mientras media España debatía si votar a Croacia o a la favorita de turno, un grupo de personas salió a la calle a recordarnos que la música también puede blanquear cosas, y no precisamente dientes. Frente a la sede de RTVE en Madrid, activistas de Acampada por Palestina encendieron botes de humo —sí, cuatro, ni más ni menos— y leyeron un comunicado que no dejaba lugar a la interpretación: “RTVE está usando dinero público para lavar la imagen de un estado genocida”.

“Blanquear con música”: nuevo género eurovisivo

La crítica no es nueva, pero sí se ha intensificado este año. Con más de 50.000 muertos en Gaza según cifras internacionales, la presencia de Israel en Eurovisión ha sido, cuanto menos, polémica. Y RTVE, al retransmitir el evento como si nada pasara, ha sido acusada de “normalizar lo inaceptable”.

El detonante: dos comentaristas de la cadena pública, Tony Aguilar y Julia Varela, se atrevieron a mencionar en la semifinal el número de víctimas mientras presentaban a la candidata israelí, Yuval Raphael. El resultado fue inmediato: la UER les lanzó una amenaza de sanción económica si repetían el “atrevimiento” en la final. Porque al parecer, contar muertos no es tan apolítico como hacer acrobacias vocales en un escenario con forma de platillo volante.

Así están las cosas. Y en este contexto, la protesta cobra todo el sentido.

Eurovisión, el festival que es “apolítico” hasta que deja de serlo

Conviene recordar que Eurovisión lleva años jugando a la equidistancia, pero solo cuando le conviene. Porque expulsar a Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022 no fue “político”, fue “una decisión basada en los valores del festival”. Pero mantener a Israel este año sí entra dentro del marco de la neutralidad. Claro que sí.

La música nos une, salvo que nos toque hablar de genocidios, entonces mejor un silencio sepulcral.

La protesta en RTVE no solo pedía cortar la retransmisión del festival, sino también detener cualquier colaboración futura con empresas israelíes que, según los activistas, utilizan el escaparate cultural para mejorar su imagen exterior. Citaron nombres: Moroccanoil, patrocinador de Eurovisión, pero también habitual en festivales españoles como el Viña Rock, Sónar o el Arenal Sound. Porque sí, al parecer el conflicto también tiene backstage.

¿Y qué pasa con la libertad de expresión?

Entre las pancartas y el humo simbólico, una de las frases más repetidas fue:

“Apoyamos a los locutores de TVE que pueden ser censurados por decir la verdad.”

Y es que aquí está el meollo: ¿cómo se le puede pedir a RTVE que sea plural y comprometida con la realidad, y al mismo tiempo castigar a sus periodistas por mencionar cifras públicas?

La libertad de expresión, ese concepto tan manoseado, parece tener fecha de caducidad en Eurovisión. Siempre que cantes bien y no menciones palabras como “ocupación”, “bombardeo” o “niños muertos”, puedes salir en pantalla. Pero si te sales del guion, prepárate para una buena bronca institucional y, con suerte, una sanción económica.

Valencia también canta (y protesta)

Aunque la movilización se desarrolló en Madrid, Valencia no es ajena al debate. En los últimos meses, se han organizado aquí múltiples actos en solidaridad con Palestina: concentraciones, encierros universitarios y boicots simbólicos. Es más, se ha hablado incluso de pedir que À Punt, la televisión pública valenciana, se posicione sobre este asunto, o al menos, no se sume al silencio oficialista.

Valencia, que cada verano se llena de festivales patrocinados por empresas que ahora están bajo la lupa, también debería revisar su propio papel en este complejo entramado. Porque no basta con mirar a Madrid o a la UER: la complicidad también puede estar a la vuelta de la esquina.

¿Y ahora qué?

La final de Eurovisión se celebra esta noche, y muchos estarán pendientes de si RTVE repite el comentario incómodo o si opta por un guion más tibio. Pero el daño ya está hecho: la idea de que la música es solo entretenimiento ha saltado por los aires.

Lo que queda claro es que la supuesta neutralidad de Eurovisión se ha vuelto una broma pesada. Y RTVE, en su intento por cumplir con todos y no incomodar a nadie, se ha metido en un berenjenal del que no saldrá indemne.


¿Tiene sentido seguir financiando con dinero público un espectáculo que castiga la conciencia y premia el silencio?

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