9 de septiembre de 2026
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Seis años después del incendio que arrasó las cocheras de la EMT: ¿Qué se supo de sus causas?

El fuego declarado en diciembre de 2020 en San Isidro destruyó una parte importante de la flota, afectó a 26 autobuses y abrió una investigación de la Policía Científica; días después, la EMT apuntó al cortocircuito como posible origen, aunque no consta públicamente una conclusión definitiva de las pesquisas

Han pasado casi seis años desde una de las imágenes más espectaculares que ha dejado la historia reciente de la Empresa Municipal de Transportes de Valencia. La tarde del 5 de diciembre de 2020, una enorme columna de humo negro se levantó sobre las cocheras de la EMT de San Isidro mientras decenas de bomberos intentaban impedir que las llamas continuaran saltando de un autobús a otro.

El balance terminó siendo considerable: 26 autobuses quedaron fuera de servicio. En el primer balance de la EMT se informó de 16 vehículos completamente calcinados y otros diez susceptibles de reparación, además de daños en una de las instalaciones utilizadas para cargar los autobuses de gas.

Pero después de las llamas quedó una pregunta:

¿qué provocó realmente aquel incendio?

El fuego comenzó en un autobús

Las primeras informaciones situaron el origen del incendio en uno de los vehículos estacionados en las instalaciones.

La EMT informó entonces de que se trataba de un autobús de unos 20 años de antigüedad, que había pasado la ITV apenas unas semanas antes, el 19 de noviembre, y cuya retirada estaba prevista dentro del proceso de renovación de la flota.

También aparecieron inicialmente informaciones contradictorias sobre el combustible utilizado por el vehículo donde comenzó el fuego. Mientras buena parte de los autobuses afectados pertenecían a la flota de gas, otras fuentes señalaron desde el principio que el vehículo donde se había originado era diésel.

Días después, la entonces gerente de la EMT, Marta Serrano, aclaró públicamente que el autobús donde se había iniciado el incendio era efectivamente diésel.

La Policía Científica había comenzado inmediatamente una investigación y volvió a las instalaciones al día siguiente para inspeccionar la zona afectada.

La principal sospecha: un cortocircuito

Diez días después del incendio apareció una primera explicación.

Serrano explicó en una entrevista que tanto la Policía Científica como una empresa especializada estaban investigando las causas y reconoció que se manejaba una hipótesis concreta:

un posible cortocircuito.

La responsable de la EMT fue prudente y dejó claro que se trataba únicamente de una sospecha mientras los especialistas terminaban sus investigaciones.

La hipótesis tenía sentido dentro de la secuencia conocida: el fuego comenzó en un vehículo y posteriormente se propagó con enorme rapidez hacia los autobuses estacionados a su alrededor.

El entonces alcalde, Joan Ribó, ya había explicado el mismo día del incendio que se había producido inicialmente una explosión y que las llamas se propagaron rápidamente debido, entre otros factores, a la presencia de autobuses de gas próximos al foco.

Un incendio que se propagó entre los autobuses

Uno de los grandes interrogantes fue precisamente cómo pudo extenderse el incendio hasta afectar a tantos vehículos.

Los autobuses estaban estacionados unos junto a otros en las cocheras.

El fuego comenzó pasadas las cinco de la tarde y encontró combustible suficiente para desplazarse rápidamente entre las unidades estacionadas.

La rapidez de propagación obligó a actuar no solamente a los bomberos.

Trabajadores de la propia EMT comenzaron a retirar autobuses de la zona de peligro.

Desde el comité de empresa se llegó a asegurar que algunos empleados «se jugaron la piel» para poner en marcha vehículos y alejarlos de las llamas.

La maniobra no era inmediata: los autobuses necesitaban entre tres y cuatro minutos para cargar el sistema de aire antes de poder moverse.

Su actuación permitió salvar vehículos, especialmente algunas de las unidades más nuevas, antes de que fueran alcanzados por el incendio.

También se cuestionó el sistema contra incendios

La oposición municipal reclamó explicaciones sobre otro asunto: las medidas de seguridad de las cocheras.

PP y Ciudadanos solicitaron información sobre las causas, los daños, las pólizas de seguros y las distancias existentes entre los autobuses para impedir que un incendio pudiera propagarse de una unidad a otra.

Posteriormente se celebró un consejo de administración extraordinario de la EMT.

Un informe elaborado por técnicos elevó entonces el balance a 17 autobuses completamente calcinados y nueve parcialmente dañados y sostuvo que las instalaciones habían superado favorablemente las inspecciones reglamentarias realizadas. La oposición consideró insuficiente la documentación facilitada y continuó reclamando información sobre el mantenimiento de los sistemas de protección contra incendios.

También generó controversia el funcionamiento de los hidrantes.

La explicación ofrecida posteriormente por la dirección de la EMT fue que los bomberos pudieron utilizar la red existente en las instalaciones, aunque inicialmente fue necesario activar el sistema.

Los daños fueron millonarios

La destrucción de los autobuses abrió inmediatamente otra discusión: cuánto dinero había perdido realmente la empresa municipal.

La oposición llegó inicialmente a manejar estimaciones cercanas a los cinco millones de euros, mientras que el gobierno municipal rechazó esa valoración argumentando que no podía contabilizarse un autobús antiguo como si se tratara de uno nuevo.

Los vehículos estaban asegurados y la compañía correspondiente envió peritos a las instalaciones inmediatamente después del incendio.

Informaciones posteriores han situado los daños en aproximadamente 2,1 millones de euros, que fueron objeto de indemnización por la aseguradora, aunque esta cifra no equivale necesariamente al coste que habría supuesto sustituir todos los vehículos por unidades nuevas.

¿Se confirmó finalmente el cortocircuito?

Aquí aparece la parte más llamativa del caso.

Las búsquedas realizadas en hemerotecas, documentación accesible y publicaciones posteriores permiten reconstruir perfectamente las primeras semanas del incendio, pero no permiten localizar una conclusión pública definitiva de la Policía Científica que establezca de manera inequívoca el origen del fuego.

Por eso no resulta correcto afirmar actualmente que «un cortocircuito provocó el incendio».

Lo que sí puede afirmarse es que el cortocircuito fue una de las principales hipótesis manejadas por la dirección de la EMT mientras se desarrollaban las investigaciones.

La diferencia es importante.

Tampoco aparecen informaciones posteriores que atribuyan públicamente el incendio a una acción intencionada.

Un expediente que dejó preguntas sin una respuesta pública clara

Casi seis años después, conocemos con bastante precisión qué ocurrió aquella tarde.

El fuego comenzó en un autobús estacionado en San Isidro.

Las llamas saltaron hacia otros vehículos.

Los trabajadores consiguieron retirar algunas unidades.

Los bomberos evitaron que la propagación fuera todavía mayor.

La Policía Científica investigó el incendio.

Una empresa especializada también participó en las pesquisas.

Y la EMT apuntó inicialmente hacia un posible cortocircuito.

Pero no resulta fácil encontrar públicamente el documento que debería cerrar la historia: el informe definitivo sobre la causa exacta del incendio.

Aquella enorme columna de humo desapareció del cielo de Valencia en pocas horas.

La pregunta sobre qué provocó exactamente el fuego, sin embargo, ha resultado mucho más difícil de apagar.

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