
Rafael Solaz
Bibliófilo e historiador
La Valencia supersticiosa muy pronto se decantó por los sortilegios amparados en las oraciones que de boca en boca circulaban, empleando amuletos de todo tipo y la realización de rituales basados en una creencia popular cada vez más arraigada.
A los niños al nacer se les colgaba unas campanillas que servían para entretener y también como protección.

El amuleto más utilizado como escudo protector era aquel con poderes contra el mal de ojo, superstición heredada del pueblo musulmán. A los niños al nacer se les colgaba unas campanillas, una especie de sonajero que cumplía una doble función, la de entretener con su sonido pero también servía de protección.
Entre los amuletos que servían para alejar los malos espíritus o los sucesos nefastos se encontraban los indispensables ajos, la inestimable ruda, sal, herraduras, cordones rojos, cintas verdes o determinadas piedras, incluidas las estampas de San Antonio, Santa Marta, San Cristóbal y los arcángeles San Gabriel, San Miguel y San Rafael, San Nicolás y sus lunes, o cualquiera de los santos que consideraban tenían fuertes poderes milagrosos, produciéndose una mezcla de creencia religiosa y superstición. También eran muy apreciadas las higas o figuras que representaban una mano cerrada.
También estaban las nóminas, que eran oraciones escritas en papel o pergamino introducidas en una bolsita de tela o cuero.
“Tocados de gracia”, santeras o santeros poseían una maraña de utensilios para la confección de amuletos, incluidas piezas dentales procedentes de los ajusticiados.
También confeccionaban las nóminas, que eran oraciones escritas en papel o pergamino introducidas en una bolsita de tela o cuero. Las gentes las llevaban colgadas al cuello junto a las medallas de algún santo de su devoción.
Un documento de 1440 sobre un proceso por hechicería contra Pere March, describe lo que sería el laboratorio tipo del nigromante.

De un documento de 1440, relativo a un proceso por cuestión de hechicería contra Pere March, magister domorum, vemos lo que sería el laboratorio tipo del nigromante. Planchas de estaño que contenían rollos o círculos con letras y caracteres. Trozos de papel con preguntas y respuestas. Hojas de pergamino en blanco. Un cuaderno que trataba de las ligaduras y desligaduras. Hojas de hierba seca metidas en papeles. Azafrán envuelto en papel. Conjuros escritos en pergamino. Un anillo de latón con una piedra de cristal de color rojo. Cuernos de buey. Oraciones de los siete planetas. Pedazos de azufre, cera, lignum aloes, piedras blancas con caracteres y círculos, cristales planos o esféricos y un número de obras que trataban sobre nigromancia, algunas manuscritas que se pasaban de generación en generación.

La superstición valenciana continua en algunas formas de proceder. Se anuncian “profesores” de Magia Negra y se ven lazos y otros amuletos protectores contra el mal de ojo.


