Todos podemos caer en la red de las ‘fake news’ la batalla electoral se desplaza a los grupos privados

5081680 (1)RTVE Estamos inmersos en campaña para las elecciones generales, y eso significa una batalla comunicativa sin cuartel. Cada día, ideas y temas pugnan por nuestra atención para provocarnos una reacción, movilizarnos o persuadirnos. Ideas que se presentan ante nuestros ojos, inoculadas en un mensaje que vibra en nuestra pantalla, que nos apelan y que compartimos como por instinto. Hablamos de Whatsapp y de las fake news, ese neologismo de dudoso gusto, contradictorio en sí mismo, porque si algo es falso no debería ser noticia y, por definición, una noticia no recoge hechos que no sean verdaderos.

Pero las “noticias falsas” se han convertido en un tópico recurrente desde las elecciones en Estados Unidos que llevaron a la victoria de Donald Trump, y también con las experiencias de manipulación en Brasil e India -donde los bulos, literalmente, matan-. En España, ya hemos visto bulos alrededor del referéndum independentista del 1-O y de las elecciones catalanas de 2017, también de la huelga feminista del 8 de marzo, y la larga y doble campaña electoral que nos invadirá hasta mayo pondrá a prueba la agudeza de nuestros sentidos, sobre todo el sentido común.

Si has llegado hasta aquí, empieza por creerte esto: lo de tragarse noticias falsas no es algo que les pase a los demás. Y sigue leyendo.

Créetelo: a ti también te engañan los bulos

No eres más listo que los demás. Como esto trata de luchar contra la información falsa, un dato: el 60% de los españoles cree que sabe distinguir un bulo, aunque en la práctica el 86% tiene dificultades para distinguir si una información es falsa, según un estudio de la empresa de investigación Simple Lógica y la Universidad Complutense de Madrid. No somos precisamente usuarios avezados, ya que los españoles somos los europeos que más se creen los bulos, como señaló una encuesta de Ipsos Global Advisor llevada a cabo en 27 países.

No se cumple el dicho de que las mentiras tienen las patas muy cortas. Al contrario, un bulo alcanza a miles de usuarios más que un contenido real, llega más lejos y lo hace más rápido. Un estudio de la revista Science de tuits publicados entre 2016 y 2017 halló que las informaciones falsas son compartidas un 70% más que las verdaderas. Una dinámica que se constata sobre todo en los contenidos políticos, pero que también sucede con otras informaciones sobre ciencia, salud, desastres naturales, sucesos, etcétera.

No solo nos creemos estas mentiras con facilidad, sino que en ocasiones nos las cuelan dos veces, porque la capacidad de contagio de los infundios es tal que algunos reaparecen años después de haber sido desmentidos y siguen calando, como los que tienen que ver con estafas o, en materia política, los que azuzan sobre los supuestos privilegios de los inmigrantes en los servicios sociales, por citar ejemplos conocidos.

¿Por qué Whatsapp nos engaña más?

A primera vista, deberíamos sospechar de algo que no viene de una fuente conocida. Creer una noticia así es como si creyéramos lo que viene en una hoja de papel que nos meten en el buzón o que nos reparten en la calle. Pero ocurre que en Whatsapp recibimos esos mensajes de manos de nuestro círculo cercano: amigos, familiares, compañeros de trabajo.

“Hasta hace dos días Whatsapp era un sistema de mensajería privado, que te contacta con tu gente de máxima confianza, pero ahora es un medio de comunicación de masas, cifrado y clandestino“, explica a RTVE.es la periodista Marta Peirano, experta en privacidad y seguridad en internet. “De grupo en grupo de 256 personas, con un bot en cada uno, puedes generar una pirámide de distribución de contenidos y mandar el mismo mensaje a tres o cinco millones de personas sin que parezca que lo has mandado tú”.

A esto se suma la desconfianza en los medios, creciente en la sociedad y que han alentado los populistas, añade Fernando Nieto, consultor en comunicación y profesor en el Máster de Consultoría Política de la Universidad Camilo José Cela (UCJC). “Se crea un entorno en el que el quién nos transmite es bastante más importante que el qué nos está transmitiendo. Paradójicamente, muchas personas no aplican cierto filtrado que sí realizarían si la comunicación les llegara por vías más convencionales y menos cercanas”.

Hay que puntualizar nuestra responsabilidad individual en este proceso. Muchas de estas noticias nos las creemos porque no nos detenemos a pensar, por simple y pura pereza mental. Lo dicen dos investigadores del MIT, que en una investigación realizada a más de 3.000 personas concluyeron que la tendencia a creer en titulares falsos no depende tanto de los prejuicios como de la tendencia a sacar conclusiones precipitadas

¿Quién tiene más riesgo de caer más en la red de mentiras?

En esta guerra sucia de la desinformación, hay víctimas más propicias que otras: los mayores y los jóvenes. Las personas mayores, menciona Peirano, porque son menos duchas en los nuevos ecosistemas informativos y no atienden a quién cuenta lo que leen. Dicho llanamente, “piensan que todo lo que leen en Facebook es de El País“.

Otros estudios hablan de un sesgo de confirmación, que no es otra cosa que lo que hacemos al seleccionar y recordar más los contenidos acordes con lo que ya pensamos y, en consecuencia, al zambullirnos en una ‘burbuja’ de personas y medios que piensan como nosotros. Redes sociales como Facebook y Twitter son el entorno ideal para reforzar esta perspectiva parcial del mundo.

 

Los jóvenes son más susceptibles al sentido de pertenencia y al grupo de iguales”, desarrolla Peirano sobre esta idea. “Estamos hiperconectados pero vivimos soledad crónica, y [las noticias falsas] explotan este sentimiento de haber sido desvinculado de tu contexto inmediato. Se ve con los chicos jóvenes, con grupos patrióticos y su sentimiento de enfado alrededor del tema del feminismo, con ideas compartidas de que ‘ahora somos todos violadores’, ‘todos somos la Manada’, ‘ya no se puede decir nada porque te llaman machista’…”, que llegan, apelan a sus miedos y preocupaciones, y les mueven a creerlo primero y compartirlo después.

“El miedo es uno de los sentimientos más potentes a la hora de movilizar o desmovilizar a las personas”, añade el consultor Fernando Nieto. La apelación al voto del miedo es habitual en las campañas políticas polarizadas, y tiene su reflejo en la estrategia comunicativa en las redes sociales.

Así pues, advierte Peirano, hombres jóvenes, mujeres que no están cómodas con el discurso feminista o la población rural, “identificados como segmento clave en las elecciones andaluzas”, son público objetivo de los bulos que más están circulando en esta campaña.

Si todo esto te ha convencido, quizá ahora quieras saber cómo evitar que te engañen vía Whatsapp o redes sociales en esta campaña. Entonces, sigue leyendo.

 

 

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