Un día en la guardia de Violencia sobre la Mujer: víctimas con mascarilla por la Covid-19, sin expresión y solas

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   Víctimas de presuntos malos tratos con mascarilla, solas y sin posibilidad de ver y entender expresiones que antes decían más que sus palabras mientras que los detenidos suelen comparecer por videoconferencia. Así es como transcurren los días de guardia en los juzgados de Violencia sobre la Mujer de València vistos a través de los ojos de Susana Gisbert, fiscal especializada en violencia de género y coordinadora de la sección delitos de odio.

Es viernes y Gisbert está de guardia en violencia de género. Acude a la Ciudad de la Justicia, donde han cambiado las rutinas desde que se decretó el estado de alarma por el coronavirus. Lo primero es ir al juzgado de Incidencias a firmar y a recoger una mascarilla y unos guantes, además de untarse con gel desinfectante.

“Hay geles por todas las partes, además de parabanes en un edificio fantasmagórico y futurista que parece sacado de una película de ciencia ficción”, narra la fiscal, quien debe estar en el juzgado para despachar los casos que vayan llegando pero, ante la ausencia de los mismos, también puede regresar a casa con la obligación de estar pendiente de su teléfono móvil por si algo ocurriera.

Su jornada comienza sobre las 9 y se extiende hasta las 21 horas, aunque puede alargarse si entrase algún asunto en el último momento. Ese día se desplaza hasta la Ciudad de la Justicia y, tras las medidas sanitarias, repasa papeles y trámites junto a otros compañeros que también están de guardia.

Durante la jornada, afronta cinco asuntos: dos malos tratos, dos quebrantamientos y otro maltrato en el que la víctima no pedía orden de protección y lo traía la Policía. Estos son los tipos de delitos que más se despachan durante la guardia en tiempos de coronavirus, quedando atrás los insultos y amenazas a través de redes sociales tan comunes antes de la crisis.

Para tratar las incidencias, comparecen en una misma sala el funcionario del juzgado, el letrado de la administración de justicia que da fe de todos los que comparecen, el juez, el fiscal y los abogados de víctima y denunciado. Este último no suele acudir a las dependencias y declara por videoconferencia desde sede policial.

Cuando los letrados tienen que hablar con sus clientes, la sala se abandona para que tengan cierta intimidad. “Con ello se ralentiza mucho el trabajo, porque hay tiempos largos de espera, ya que solo hay una sala con videoconferencia y el tiempo se detiene. A esta circunstancia se une el hecho de que, en ocasiones, hay problemas técnicos”, describe la fiscal.

Regresan a la sala y escuchan a las partes. Gisbert ha afirmado que una de las cosas que más le chocan es ver a la víctima tan alejada, tapada con una mascarilla y sin posibilidad de ver sus expresiones. Y están solas, mientras que el Estatuto de la Víctima permite que permanezcan acompañadas, y en otras circunstancias suelen estarlo.

“Esto dificulta mucho las cosas”, ha afirmado la fiscal, quien ha aseverado que echa en falta la cercanía con la víctima. “Te pierdes muchos detalles que pueden llegar a ser clave”, ha lamentado. Por otro lado, el detenido. La mayoría, según ha comentado, se acoge a su derecho a no declarar.

A estas “peculiaridades” se une otra “importante”: los problemas logísticos. Según ha explicado la experta, cuando se adopta alguna medida de alejamiento sobre el detenido y no tiene otro domicilio al que acudir, tampoco existe posibilidad de proporcionarle nada, “pero en la calle no deben estar ahora mismo”, afirma. “Aquí se genera un limbo extraño”, añade.

Otras medidas que se pueden adoptar como las comparecencias periódicas en el juzgado tampoco se pueden acordar, mientras que se puede adoptar la colocación de pulseras electrónicas de control a los detenidos por maltrato pero este control no es el mismo que antes de la pandemia, ha alertado.

“DOMINADAS” DENTRO DE CASA

La raíz de la violencia de género, ha recordado Susana Gisbert, es una situación de poder o de dominación. “Ahora, mientras las víctimas están dominadas dentro de casa, no pasa nada. Pero cuando acabe el confinamiento y puedan salir y tomar decisiones, ya veremos lo que pasa y si hay un aumento de casos. Ójala y me equivoque, pero todo apunta a un incremento”, ha dicho.

“En estas situaciones de confinamiento siempre temes más por las mujeres víctimas que en otros casos”, ha apuntado Gisbert, quien ha explicado que el número de denuncias por malos tratos disminuyó en los primeros días del estado de alarma: “Pero yo creo que esto se debió solo a una situación límite, peligrosa. Una mujer encerrada con hijos aguanta lo que sea”, ha manifestado.

Gisbert concluye el día de guardia con una reflexión: “Tengo una sensación de irrealidad absoluta. Me falta el contacto con las personas, no solo con mis compañeros, sino también con la víctima, ver cómo se expresa. Y esto me paraliza. Tengo la sensación de que todo cuesta mucho, hay muchas barreras y nuevos obstáculos. Espero que vayamos dando pasos”.

 

 

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