23 de marzo de 2026
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Una paciente de Alicante denuncia expulsó en el baño de su casa un guante de látex con gasas en su interior

Una mujer de 49 años ha denunciado una posible negligencia médica en el Hospital Universitario de San Juan de Alicante después de asegurar que, dos días después de una histerectomía, expulsó en el baño de su casa un guante de látex con gasas en su interior. El caso ha trascendido esta semana y ya ha motivado una reclamación ante la Conselleria de Sanidad.

Según el relato publicado por varios medios, la paciente había sido diagnosticada en 2025 de un adenocarcinoma endocervical “in situ” o una lesión precancerosa en el cuello del útero, y fue intervenida en febrero de 2026 mediante una histerectomía en el hospital alicantino. Tras la operación comenzó a notar un dolor intenso, presión en la zona baja del abdomen y sensaciones que ella identificaba como contracciones, aunque asegura que le dijeron que eran molestias normales del postoperatorio y gasas derivados de la laparoscopia.

La mujer sostiene que pidió más medicación porque el dolor iba en aumento, pero que no se modificó la pausa analgésica. Dos días después del alta, ya en su domicilio, expulsó el objeto extraño. Tras ello, afirma que el dolor empezó a remitir, aunque también sufrió sangrado.

El caso ha generado un fuerte impacto por la naturaleza del material expulsado y por la secuencia posterior. El paciente regresó al hospital esa misma mañana y, según su versión, allí le trasladaron que “son cosas que pasan”, una frase que ha repetido públicamente y que ha contribuido a disparar la indignación social en torno a lo ocurrido. Esa afirmación procede de su testimonio y no consta en las informaciones consultadas una respuesta pública del hospital confirmando esa conversación en esos términos.

Lo que sí está confirmado es que la mujer ha presentado una reclamación y que, según algunas publicaciones, Sanidad ha abierto una investigación interna sobre el caso.

Qué se sabe y qué no

A día de hoy, lo que está acreditado públicamente es lo siguiente: hubo una cirugía ginecológica en el Hospital Universitario de San Juan, la paciente afirma haber expulsado un guante con gasas poco después del alta, ha presentado una reclamación formal y el asunto ha llegado a los medios. Eso es distinto de afirmar, sin resolución, que ya existe una negligencia declarada. Esa conclusión dependerá de la investigación sanitaria y, en su caso, de la vía judicial.

También conviene subrayar otro matiz importante: el caso ha sido difundido a través del testimonio de la paciente y de documentación sobre su reclamación, pero no consta en los resultados consultados un informe oficial público del hospital o de la Conselleria que detalle de forma concluyente cómo pudo producirse el presunto olvido del material quirúrgico.

Por qué el caso es tan grave

La preocupación que transmite al paciente no se limita al dolor físico. En sus declaraciones insiste en la angustia de no haber sido escuchada cuando alertaba de que algo no iba bien. Ese componente psicológico también aparece en muchas reclamaciones sanitarias: no solo importa el daño, sino la percepción de desatención o falta de respuesta cuando el paciente comunica síntomas anómalos.

Además, la retención de material quirúrgico es uno de los fallos asistenciales más delicados porque afecta directamente a protocolos básicos de seguridad en quirófano, como el recuento de gasas, compresas e instrumental antes del cierre de la intervención. Precisamente por eso, si la investigación confirma el relato, el asunto podría tener consecuencias relevantes en el plano administrativo, profesional o judicial.

Qué puede pasar ahora

El siguiente paso será determinar si hubo realmente un error en quirófano, en qué momento se produjo y qué controles fallaron. A partir de ahí, la Conselleria o el propio hospital podrían abrir un expediente interno, y el paciente también podría acudir a la vía judicial si decide reclamar daños y perjuicios.

En paralelo, el caso vuelve a poner el foco sobre un asunto muy sensible: la necesidad de reforzar los protocolos de seguridad y la escucha clínica en el postoperatorio. Porque, más allá de la investigación que ahora deba hacerse, el impacto público de esta historia nace de una idea muy simple y muy dura: una paciente pidió ayuda, dijo que algo no era normal, y aun así acabó expulsando en su casa algo que jamás debió salir de un quirófano dentro de su cuerpo.

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