El Ayuntamiento pone en marcha un proyecto piloto en la calle Almassora que utiliza sensores, datos en tiempo real e Internet de las Cosas para reducir el consumo de agua y mejorar la conservación del arbolado urbano
Valencia ha comenzado a probar una nueva tecnología para conseguir que árboles y zonas verdes reciban únicamente el agua que necesitan. El Ayuntamiento ha puesto en marcha un proyecto piloto de riego urbano inteligente que permitirá analizar las necesidades hídricas y ajustar el funcionamiento del sistema de forma automática.
La prueba se desarrolla en la calle Almassora, sobre una superficie aproximada de 1.680 metros cuadrados, y forma parte del Sandbox Urbano de Valencia, un programa que utiliza diferentes espacios de la ciudad como laboratorio real para experimentar con nuevas tecnologías antes de decidir su posible implantación a mayor escala.
El objetivo es comprobar si esta tecnología permite reducir el consumo de agua, mejorar la salud del arbolado y hacer más eficiente el mantenimiento de los espacios verdes.
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Un sistema que decide cuánta agua necesita cada zona
La principal innovación del proyecto se encuentra en la utilización de la plataforma Fliwer One, basada en tecnologías de Internet de las Cosas (IoT).
El sistema permite gestionar de manera inteligente instalaciones de riego por goteo y aspersión mediante la recopilación y análisis de información en tiempo real.
A partir de esos datos, la plataforma puede ajustar las necesidades hídricas de las zonas verdes y modificar el riego para adaptarlo a las condiciones existentes.
La intención es evitar tanto un consumo innecesario de agua como situaciones en las que árboles y plantas reciban una cantidad insuficiente.
Valencia convierte una calle en un laboratorio urbano
La iniciativa forma parte del Sandbox Urbano de Valencia, mediante el que el Ayuntamiento permite probar soluciones innovadoras directamente en espacios reales de la ciudad.
En lugar de experimentar únicamente en laboratorios o instalaciones cerradas, las tecnologías pueden someterse a las condiciones que encontrarían si posteriormente fueran implantadas en toda Valencia.
De esta manera se pueden detectar problemas, comprobar su funcionamiento y obtener datos antes de realizar inversiones o extender un determinado sistema.
La concejala de Innovación, Paula Llobet, ha señalado que este modelo permite convertir la ciudad en un “laboratorio de innovación abierto” en el que empresas y administración colaboran para buscar soluciones a los principales retos urbanos.
Una respuesta ante episodios climáticos extremos
El proyecto nació a partir del convenio de colaboración entre València Innovation Capital (VIC) y The Mother Trees (VLC City Lab).
Una de las primeras cuestiones planteadas fue precisamente el reto denominado “València, ciudad resiliente ante fenómenos climáticos extremos”.
A partir de esta iniciativa se identificó la necesidad de buscar nuevas herramientas para conseguir una gestión más eficiente del agua y aumentar la capacidad del arbolado urbano para afrontar condiciones climáticas adversas.
El proyecto se desarrolla con la colaboración de Grupo Simetría y la empresa tecnológica Fliwer.
El experimento durará inicialmente tres meses
La fase principal del proyecto tendrá una duración inicial de tres meses.
Sin embargo, el Ayuntamiento contempla la posibilidad de prolongar la prueba durante un máximo de doce meses.
Una ampliación permitiría comprobar cómo funciona el sistema durante diferentes épocas del año y bajo distintas condiciones meteorológicas.
Precisamente esta información será fundamental para determinar si la tecnología puede utilizarse posteriormente en otras zonas verdes de Valencia.
¿Cuánta agua puede ahorrar?
Esta será una de las principales preguntas que deberá responder el proyecto.
El Ayuntamiento analizará diferentes indicadores durante el periodo de pruebas, entre ellos la reducción real del consumo de agua.
También se estudiará la fiabilidad técnica del sistema y su capacidad para integrarse con las infraestructuras municipales que ya existen.
Otro aspecto importante será determinar su posible contribución a aumentar la resiliencia urbana frente a condiciones climáticas extremas.
La información facilitada por el Ayuntamiento no establece todavía un porcentaje concreto de ahorro de agua, ya que precisamente uno de los objetivos del piloto será medirlo en condiciones reales.
Si funciona, podría extenderse a otras zonas verdes
Los resultados obtenidos en la calle Almassora servirán para decidir si esta tecnología puede aplicarse posteriormente en otros puntos de la ciudad.
Para ello se elaborarán informes técnicos con los datos obtenidos durante las pruebas y se desarrollarán actividades de divulgación y transferencia del conocimiento.
El Ayuntamiento pretende comprobar no solo que el sistema funciona, sino también que resulta escalable, es decir, que puede trasladarse de una prueba limitada de 1.680 metros cuadrados a espacios verdes de mayor tamaño.
La iniciativa se incorpora así a la estrategia municipal para utilizar Valencia como banco de pruebas de tecnologías destinadas a mejorar los servicios públicos.
En este caso, el experimento permitirá comprobar durante los próximos meses si sensores, datos en tiempo real y sistemas automatizados pueden conseguir que la ciudad utilice menos agua para mantener sus árboles y jardines en mejores condiciones.
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