20 de abril de 2025
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“Valencia se prepara para enfrentar la tormenta política del 29-O”

El 29 de octubre, a las 10:24 de la mañana, Maite compartía un video en un grupo de amigas, grabado por sus padres desde su balcón con vista al barranco de Chiva, inicio de la rambla del Poyo. Acompañado de un mensaje significativo advirtiendo: «Mirad, esto es detrás de casa de mis padres, desde el balcón, ya no hay huertas». Era un mensaje crucial para alertar sobre la situación descontrolada del cauce, donde el barranco se dirigía hacia los campos del Armajal, donde Chiva dispone de un puente de cinco ojos para un cauce de solamente dos metros. El edificio desde el cual se realizó la grabación está próximo al camino del Azagador, cerca de las vías de tren de la línea Valencia-Utiel, justo en el punto donde el torrente incrementó su fuerza y se transformó en un destructivo caudal.

El Institut Cartogràfic Valencià tiene disponible un mapa que detalla el nivel del agua respecto a la calle y la huella de la inundación desde el kilómetro cero de la DANA, partiendo río arriba del barranco de Chiva hasta llegar a la Albufera.

Uno de los puntos más afectados por la crecida fue el paso del barranco por el casco urbano de Chiva, desde la calle Ramón y Cajal hasta la salida por el barrio de Bechinos, recorriendo menos de un kilómetro, y devastando el paseo de San Isidro junto a la calle Buñol. En esta área, el agua alcanzó alturas de hasta cuatro metros, mientras que el cauce natural tiene una profundidad aproximada de cinco metros. Francisco Vallés, investigador del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la UPV, documentó la situación en un extenso informe de 166 kilómetros cuadrados sobre los efectos de la riada desde Riba-roja hasta la desembocadura del Poyo.

El 29 de octubre, Chiva experimentó una situación devastadora nunca antes vista debido a la crecida del torrente. El agua proveniente de la sierra, el polígono industrial de la Pahílla y Buñol, se expandió por antiguos campos de cultivo. La acumulación de agua y la necesidad de paso por un estrecho acceso forzó al torrente a aumentar su velocidad, pasando de un flujo tranquilo a una potente descarga destructiva, según explicó Vallés, también responsable del Laboratorio de Hidráulica de la UPV.

Vallés destaca el peligro imprevisible generado por una lluvia torrencial y una cuenca de respuesta rápida como la del Poyo, situación que define como una “mezcla explosiva”. Añade que las cuencas de los ríos Poyo y Carraixet son particularmente vigiladas por su potencial destructivo en Valencia.

En el casco urbano de Chiva, el agua entró por anchos tramos para encontrarse con cuellos de botella inadecuados como el puente viejo con solo 13 metros de ancho, provocando inundaciones significativas en lugares como el paseo de San Isidro y la plaza de la Constitución. Esta corriente continuó afectando incluso áreas como las calles Enrique Ponce y Pintor Mora Yuste, transformando el barrio de Bechinos en un profundo lago.

Las calles del Sol y Almacereta en Picanya también registraron niveles críticos de agua, alcanzando en algunos sectores hasta 4,5 metros. Un desastre de magnitudes comparables a los sucesos en Chiva. Para formular estos cálculos, los expertos utilizan principios como el de Bernoulli y las ecuaciones de Saint Venant, más acordes a los fenómenos vividos el 29 de octubre.

Vallés propone una intervención global para la cuenca del Poyo, cubriendo desde su origen hasta su desembocadura, sugiriendo desde restauraciones hidrológicas en el área forestal hasta obras de ingeniería civil, especialmente en las zonas urbanas más densas.

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